Rusia 2018 | Clasificación

Un cuento muy profesional

Iago Aspas y Álvaro Morata.
Iago Aspas y Álvaro Morata. / Efe

El versátil Lopetegui supo transmitir a los jugadores la importancia de salir concentrados ante un rival muy menor

IGNACIO TYLKOMadrid

El fútbol es único por su globalidad y cualquier país tiene derecho a soñar con grandeza, pero es un dislate que la FIFA y la UEFA sigan permitiendo este tipo de encuentros en las fases de clasificación para Mundiales y Eurocopas. El debate es recurrente, las fechas escasean y se debe respetar el espacio para las selecciones nacionales, pero a estas alturas del circo es un broma parar las grandes ligas, con miles de millones en juego, para organizar compromisos bucólicos en lugares de cuento, de Heidi, su abuelo, la desdichada Clara y la malvada señorita Rotenmeyer, pero no de fútbol.

Lo nunca visto. Defensa de tres y Sergio Ramos rompiendo una y otra vez desde la banda derecha y Piqué quedándose en el puesto de ariete para cazar algún gol que añadir a su palmarés. Sólo el abnegado Nacho Monreal, en el perfil izquierdo, mantenía más fijo su posición a medida que España iba llenando de goles el saco de Liechtenstein, paraíso fiscal enclavado entre Suiza y Austria y una maravilla paisajística en las faldas de los Alpes, pero con un nivel técnico en sus futbolistas comparable a la Tercera División en España. Y decimos técnico porque en cuanto a oficio y dureza, hay más en el equipo representativo del pueblo que quieran.

Por mucho que Julen Lopetegui estudie al detalle cada partido y muestre día a día su versatilidad táctica y las virtudes que deben adornar a los técnicos con el librillo actualizado, tal y como diría el presidente merengue Florentino Pérez, este tipo de partidos suelen derivar en bolos inservibles. Más allá de engrosar las estadísticas de victorias, goles e internacionalidades, resulta imposible extraer conclusiones de trámites despachados en un pispás y sin desgastes físico y mental.

Cuando todo se resuelve en apenas un cuarto de hora, con 0-3 ya en el marcador, para las figuras ya sólo es cuestión de dejar correr el tiempo entre un sinfín de pases y de tratar de no hacer demasiada sangre en el animoso adversario, aunque los goles vayan cayendo casi por inercia. Nadie se borra porque la competencia es máxima en el equipo de todos, pero surge como algo natural el miedo a poder lesionarse en algún mal gesto, ya que por no dar no reparten ni leña los amigos de este Principado sin liga de fútbol propia y con apenas 2.000 licencias entre hombres y mujeres.

«Este partido es igual de importante que el de Italia y nos lo tomamos absolutamente en serio. Francia empató contra pronóstico ante Luxemburgo y nosotros debemos estar concentrados y salir fuertes». Además de conseguir devolver la ilusión a los aficionados al apostar por un bloque que mezcla de forma sabia a jóvenes y veteranos, a Lopetegui hay que darle el mérito de saber exigir la profesionalidad máxima. Existe cierta tendencia en las federaciones a conceder la dirección de los combinados nacionales a entrenadores ya casi prejubilados que trabajan una semana cada mes o mes y medio, pero Ángel Villar acertó en el relevo a Del Bosque. El examen llegará el verano próximo en Rusia, pero este proyecto pinta muy bien.

Julen tiene más pinta de entrenador de club, de analizar con minuciosidad partidos, detalles, precedentes y cualquier parámetro físico, técnico o táctico. De ahí que, sin cambiar el estilo, utilice a tres defensas frente a rivales endebles como Liechtenstein o Albania o a un falso ‘9’ ante Italia para sacar de zona y de quicio a sus zagueros. No es amigo de las probaturas o de los premios, aunque ello no le impide modificar dibujos y regalar unos minutos de gloria a David Villa en el Bernabéu. De momento, su aventura con España le va de maravilla.

Hizo cuatro cambios de inicio respecto a la cita ante los ‘azzurri’ –Monreal, Thiago, Pedro y Morata en lugar de Carvajal, Jordi Alba, Koke y Asensio–, dio minutos luego a tipos con hambre como Iago Aspas o Gerard Delofeu, y nadie le defraudó. Supo convencer a sus hombres de que es mejor salir fuerte y resolver pronto que sestear y tener que acelerar después. La receta es fácil, pero no siempre sale bien por falta de ganas o de los ingredientes correctos. 16-0 en dos partidos de esta fase ante Liechtenstein y 39-0 en el balance histórico de ocho enfrentamientos. Sobran más comentarios.

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