Un noruego en la corte de Kim

Andersen (c), durante un partido entre Corea del Norte y Corea del Sur en Tokio. /Kiyoshi Ota (Efe)
Andersen (c), durante un partido entre Corea del Norte y Corea del Sur en Tokio. / Kiyoshi Ota (Efe)

Jorn Andersen entrena desde hace 18 meses a la selección norcoreana de fútbol, con más ilusión que buenos resultados

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Cuando recibió la noticia, Jorn Andersen sospechó. No sabía si era una broma o iba en serio. Tenía una oferta para irse al otro lado del mundo -vive en la localidad bávara de Bad Reichenhall- para entrenar a un equipo de fútbol. Después de estar en el banquillo del Salzburgo durante apenas un año -de enero a diciembre de 2015-, no tenía nada sobre la mesa. Pero Corea del Norte le necesitaba. El país más hermético del mundo necesitaba de los conocimientos de un técnico extranjero casi 25 años después de que el húngaro Pál Csernai estuviera en uno de los banquillos más extraños del planeta fútbol. Raros porque en la dictadura más hermética del mundo son pocos los extranjeros que pueden pasearse por las calles de Pyongyang. Salvo Dennis Rodman, amigo personal de Kim Jong-un.

Andersen aceptó la propuesta, cogió las maletas y se marchó a la capital norcoreana acompañado por su mujer. Y, por el momento, está encantado con la experiencia. «Es un país muy tranquilo, muy limpio, no hay criminalidad», explica el entrenador escandinavo y obviando, el control férreo que realizan los cuerpos de seguridad norcoreanos para evitar cualquier amago de críticas al régimen. «Vivo en un hotel de Pyongyang, en una gran suite junto a mi mujer. Allí vivo como lo hacía en Europa», añade el entrenador de la selección número 126 del mundo, entre Malaui y Tayikistán.

Sin embargo, los resultados deportivos no han acompañado a este peculiar entrenador que pasa de puntillas sobre las relaciones diplomáticas de Corea del Norte con el resto del mundo y las amenazas de apretar el botón nuclear por parte de Kim. «Creo que el deporte puede ayudar a construir puentes entre países», se limita a contestar. Andersen confiesa a AFP que lo sí le ha sorprendido es la actitud de sus jugadores. «Son simpáticos, trabajadores y siempre están motivados para entrenar. En Europa a veces me decían que estaban molidos, que no querían trabajar. Aquí no se cansan nunca. Siempre quieren trabajar y aprender cosas nuevas», explica.

Sin embargo, los resultados no están acompañando. Dos derrotas contra los archienemigos Japón y Corea del Sur y un empate contra China fueron el cierre del año. Además, tampoco se ha clasificado para el Mundial de Rusia e intentará el asalto para la cita catarí de 2022. Para lograrlo, seguirá con el mismo plan que hasta ahora. «Entrenamos todos los días, dos veces al día, como un club. Los fines de semana regresan a sus clubes para jugar los partidos. Creo que es el único país del mundo en que uno puede trabajar así con una selección», añade Andersen sobre su trabajo en una de las selecciones más peculiares del planeta.

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