Muerte al traidor Eigendorf

La sombra de la Stasi planea sobre trágica desaparición del ‘Beckenbauer del este’ tras abandonar la RDA en una huida de película

Muerte al traidor Eigendorf
OSKAR ORTIZ DE GUINEA

El alemán Lutz Eigendorf tendría en la actualidad 61 años, pero su vida se detuvo a los 26. El 7 de marzo de 1983, hace ahora 35 años, el futbolista considerado el ‘Beckenbauer del este’ fue asesinado por la Stasi, algo que siempre se sospechó pero que no fue probado hasta la desclasificación en 2003 de los archivos del que fuera servicio de inteligencia de la República Democrática Alemana. Los que habían sido sus compatriotas en Berlín Oriental nunca le perdonaron su huida al otro lado del muro en 1979. Cuatro años después, urdieron el accidente de tráfico que acabó trágicamente con sus sueños occidentales.

Eigendorf nació el 16 de julio de 1956 en Brandenburg an der Havel, a una hora en coche al suroeste de Berlín. Hijo único, a los siete años se inició en la férrea disciplina de la Federación Alemana de Gimnasia y Deportes, que regulaba el deporte en la RDA. El fútbol lo descubrió enrolado en el Motor Süd Brandenburg, donde pronto sobresalió.

Con 14 años, fue detectado por el potente Dynamo de Berlín, el equipo más laureado de la Alemania del este. Ganó diez campeonatos de liga consecutivos entre 1979 y 1988. Tras la caída del muro, se fue desmoronando hasta la quinta división del fútbol alemán. Al ganar el título en 2014, ascendió a la cuarta. Ni siquiera es el mejor equipo de la capital alemana, a años luz del Hertha Berlín, en la zona media de la Bundesliga.

En la Alemania dividida, el Dinamo berlinés era el equipo de la Policía hasta que en 1953 pasó a ser controlado por la Stasi, el Ministerio para la seguridad del estado.

Su primera medida fue ‘obligar’ a las estrellas del Dinamo de Dresde, el mejor equipo de la época, a incorporarse a Berlín. Aunque en 1958 ascendió a la Primera división y en 1959 ganó la Copa, sufrió altibajos, descenso incluido. Hasta 1979 no ganó la Liga, ya con Eigendorf en sus filas, aunque el jugador no llegó a celebrar el título. Huyó meses antes.

Durante su etapa inicial en el club de Berlín, Eigendorf estudió electrónica. Tras realizar el servicio militar se incorporó como civil a la Policía, trabajando en las oficinas. Para entonces ya era una estrella con un balón en los pies. En 1978, a los 22 años, cuatro después de dar el salto al primer equipo del Dynamo, debutó como internacional con la RDA. Le dio tiempo de disputar solo seis partidos antes de su ‘traición’.

En aquella época, la lucha por mostrarse más potentes y desarrollados que sus vecinos fue una constante a ambos lados del sonrojante muro. Pese a la capacidad técnica y de liderazgo en el campo de Eigendorf, el apodo del ‘Beckenbauer del este’ también responde en parte a aquella lucha de poderes, porque el deporte no fue ajeno a esa carrera fratricida. El fútbol, además, fue uno de los escasos hilos en la gélida comunicación entre las dos Alemanias.

También era un excelente vehículo propagandístico para el régimen comunista, como bien sabía el jefe de la Stasi, Erich Mielke, presidente del Dynamo de Berlín (que antes trabajó también para el NKVD, el servicio de inteligencia y seguridad comunista en la etapa de Stalin y luego participó en la Guerra Civil española como uno de los agentes secretos soviéticos que actuaron en la zona republicana).

Mielke pudo comprobar el poder del fútbol en la primera fase del Mundial de 1974, disputado en la Alemania Occidental, cuando la RDA vivió unos días de gloria tras ganar en Hamburgo a la anfitriona RFA, a la postre campeona frente a la Holanda de los dos Johan, Cruyff y Neskens. Dos años después, el combinado oriental se desquitó al ganar el oro en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.

En los últimos años de aquellos años 70, la Stasi se ocupó de potenciar el Dynamo de Berlín. Para ello, además de fichar, llevaron al equipo de gira para enfrentarse a escuadras potentes, lo que aprovechaban también para transmitir la ideología comunista. Eigendorf debía ser una piedra angular de aquel proyecto. Sin embargo, harto de la presión y la vigilancia a la que le sometía la Stasi, el defensa trazó otros planes. Los ejecutó el 20 de marzo de 1979, aprovechando que el conjunto berlinés había cruzado el muro para disputar dos partidos amistosos en la Alemania Federal.

Ese día, el Dynamo visitó al FC Kaiserslautern, que ganó aquel partido amistoso. En el viaje de vuelta, el autobús del equipo de Berlín hizo escala en Gießen, a orillas del lago Lahn, al norte de Fráncfort. En un momento de descuido por parte de los agentes de la Stasi, Eigendorf se las arregló para salir de la concentración, coger un taxi y regresar a Kaiserslautern. Fruto posiblemente de la inconsciencia de sus 22 años y sus ansias por tener un futuro mejor, dejó en Berlín a su mujer Gabriele y su hija de dos años, Sandy, con la esperanza de algún día encontrar el modo de reunir en occidente a su familia, que desconocía sus planes.

Su intención era hacer valer su calidad para enrolarse en el Kaiserslautern, actualmente en la segunda categoría del fútbol alemán pese a que cuenta con cuatro títulos en la Bundesliga. Aunque la RFA le concedió el asilo político, su alegría no fue completa. La UEFA le sancionó con un año sin jugar por su deserción, lo que retrasó su deseo de debutar en el club de Renania-Palatinado hasta 1980. Su fichaje le abrió a Eigendorf las puertas a la vida placentera y lujosa que había imaginado mientras vivía en Berlín, lejos de la Stasi y los alrededor de 180.000 civiles que formaban su red de informantes. En su antigua ciudad, el aparato comunista trató de restar trascendencia a su huida, que sin embargo suponía toda una ofensa que ni Mielke ni su Stasi iban a pasar por alto.

Para ello, sometieron a la esposa de Eigendorf, Gabriele, a una estrecha vigilancia al suponer que el desertor trataría de ponerse en contacto con ella. Al no dar el resultado esperado, el Gobierno comunista dio una vuelta de tuerca a su estrategia. Encargó a un apuesto agente que sedujera a mujer ‘abandonada’. Tuvo éxito, pues Gabriele accedió al divorcio y terminó casándose con el ángel seductor, que también daría su apellido a la pequeña Sandy. Eigendorf ya había sido borrado del mapa de la RDA.

El futbolista, mientras, elevó sus críticas contra las condiciones de vida en la Alemania Oriental, contra la Stasi y contra el propio Dynamo. El sumun fue una entrevista que concedió ante el muro de la vergüenza, lo que al otro lado fue considerado como una provocación.

El estrés de su situación personal –era consciente de la existencia de espías comunistas infiltrados en la RFA– mermó su condición física, que por otra parte nunca había recuperado el nivel previo al año de sanción. En 1982 recaló en el Eintracht Braunschweig (Brunswick en alemán). Se volvió a casar y con su segunda mujer tuvo un segundo bebé.

En esta ciudad de Baja Sajonia, la noche del 5 de marzo de 1983 Eigendorf se despidió de un amigo con el que había estado en un bar. De vuelta a su casa, el Alfa Romeo que conducía se estampó contra un árbol. Víctima de las graves lesiones, falleció dos días después.

El análisis de sangre habría revelado un 0,22% de alcohol en sangre. El dato fue muy cuestionado en su entorno, dado que Eigendorf no era propenso a la bebida. Testigos de su última noche en aquel bar, aseguraron que apenas bebió. La Policía de la RFA consideró la hipótesis de un atentado y no descartó que el alcohol hubiera sido suministrado al jugador a la fuerza. Tras examinar el automóvil de Eigendorf, no encontró ningún indicio de manipulación ni en el motor ni en el sistema de frenos. Tampoco rastro de veneno alguno, sistema muy utilizado por la Stasi y también por la KGBB, su ‘hermana’ soviética.

Las sospechas federales fueron reafirmadas en un documental realizado en 2000 por el periodista Heribert Schwan, autor entre otras obras de la biografía del excanciller Helmut Kohl. Bajo el título ‘Tod dem Verräter. Der lange Arm der Stasi und der Fall Lutz Eigendorf’ (Muerte al traidor. El largo brazo de la Stasi y la caída de Lutz Eigendorf), Schwan reveló datos que había encontrado en los archivos de la Stasi años después de la unificación alemana. Según su investigación, hasta medio centenar de agentes habían participado en el seguimiento al malogrado futbolista. En opinión del investigador, dos agentes de la Stasi habrían secuestrado a Eigendorf obligándole a ingerir una alta cantidad de alcohol antes de dejarle volver a coger el coche para provocar su accidente.

Igualmente clarificador fue el documento en el que se podía leer «Verblitzen, Eigendorf». En la nomenclatura de la Stasi, ‘verblitzen’ hacía referencia a un modo de asesinato que difícilmente dejaba rastro. Consistía en deslumbrar a un conductor hasta provocar que perdiera el control del vehículo.

En 2003, la desclasificación de los archivos de la Stasi confirmó que el servicio de inteligencia de la RDA había ordenado la muerte del ‘Beckenbauer del este’, provocada mediante su deslumbramiento por parte del comando encargado de su asesinato. En 2010, un exagente de la Stasi reconoció públicamente haber recibido instrucciones para matar a Eigendorf, pero no pudo llevar a cabo la orden.

Hace unas semanas, Plaza & Janés publicó el libro ‘Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo’, en el que Eduardo Verdú narra la corta vida y los sueños truncados de Lutz Eigendorf.

Aunque no exista la prueba definitiva de que la Stasi asesinó al ‘Beckenbauer del este’-nadie lo ha reivindicado nunca y de los archivos de la Stasi desaparecieron documentos sobre el caso-, su deseo fue colmado una noche de marzo hace 35 años.

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Rfa, Fútbol

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