El Barça se agarra a Messi

Leo Messi, la gran estrella del Barcelona.
Leo Messi, la gran estrella del Barcelona. / Efe

La marcha de Neymar ha sido la puntilla a un club deprimido, en conflicto institucional y con la plantilla devaluada

P. RÍOSBarcelona

El FC Barcelona se enfrenta a otro de esos peligrosos momentos en los que todo se tambalea, en el vestuario y en los despachos, amenazando con la llegada de un período oscuro tan típico en la centenaria historia del club, pero que le suena a ciencia ficción a una generación de niños y adolescentes culés que sólo han vivido éxitos y alegrías. Las dudas y los problemas coinciden con un Real Madrid ganando la última Liga y las dos últimas Ligas de Campeones. La depresión sería absoluta de no ser por la presencia de Leo Messi, el único factor capaz de frenar un cambio de ciclo que, esta vez sí, tras muchos anuncios fallidos y precipitados, ya ha comenzado.

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Una moción de censura liderada por Agustí Benedito, una oposición que tampoco seduce a la mayoría, deja al presidente, Josep Maria Bartomeu, en la cuerda floja, mientras Sandro Rosell, el anterior, habita en la cárcel por otros asuntos y Joan Laporta no se decide a sacar la cabeza para volver a mandar y sólo amaga con mensajes populistas en las redes sociales. Angustiosa sensación de desgobierno.

La marcha repentina de Neymar ha creado un clima de tristeza a todos los niveles. Que un club como el PSG llegue con un cheque de 222 millones de euros y se lleve al único jugador del mundo con edad y calidad para mandar en el fútbol cuando no estén Messi y Cristiano Ronaldo ha sido la confirmación de que el poder está en otros lares, concretamente en Catar, en manos de jeques que controlan clubes. El barcelonista se ha sentido como hincha de un club pequeño. Y la traición personal de un jugador al que se mimó y ayudó a crecer ha dolido en el corazón. El brasileño no tiene sustituto por muchos fichajes que lleguen.

Un golpe de realidad para Valverde

La situación que vive el club azulgrana ha sido un golpe de realidad para Ernesto Valverde, un técnico capacitado, con un perfil que encaja en el Barça, pero que va a tener que trabajar bajo una tormenta constante, con el entorno protestando por todo, aunque se contradiga cada día. Le han quitado a Neymar. Sin el delantero brasileño, el técnico extremeño deberá decidir si mantiene el sistema 4-3-3 o cambia para fortalecer el centro del campo con cuatro jugadores que aporten mayor solidez.

Mientras salen y entran directores deportivos y ejecutivos supuestamente entendidos en el mercado futbolístico, la plantilla se ha ido debilitando de forma considerable al mismo tiempo que la del eterno rival, el Real Madrid, se ha fortalecido. El talento joven emigra al Santiago Bernabéu y ya no elige el Camp Nou, donde además se ha perdido el control de la cantera. Los niños de La Masia crecen viendo que las puertas del primer equipo vuelven a estar cerradas tras años de tráfico constante y, aconsejados por representantes no siempre bienintencionados y padres a veces ávidos de dinero y supuesto éxito rápido, aceptan ofertas de clubes europeos antes de esperar la llamada del fútbol profesional azulgrana.

     Si no se cierran los carísimos fichajes de Coutinho (Liverpool) y Dembélé (Borussia Dortmund), Messi estará solo para desequilibrar. Ha llegado Paulinho, internacional brasileño, pero que jugaba en China y no se parece en nada a Verratti, el preferido al inicio del verano. Y antes frmó Nélson Semedo, lateral derecho del Benfica. Entre los dos, 70 millones. También ha regresado Deulofeu, pagando una recompra de 12 millones y con la idea de venderlo por 20 al Milan antes del 31 de agosto, pero el adiós de Neymar le da una oportunidad.

     No es la primera vez en este siglo que el club se enfrenta cara a cara con sus miedos y sus complejos. Y en esas ocasiones supo sobrevivir, incluso renacer, para enfocar el futuro con una mentalidad ganadora desconocida para los más veteranos. Se levantó tras la temprana decadencia de Ronaldinho y Rijkaard, los pioneros de esta era dorada que se inicio en 2003, con la llegada de Pep Guardiola y la apuesta definitiva por Messi y el modelo del fútbol de toque de los canteranos Xavi e Iniesta. Cuando Guardiola se agotó, el mundo se acababa, pero Tito Vilanova le dio un nuevo impulso. Su grave enfermedad y posterior fallecimiento fue el peor de los golpes. El Barça del Tata Martino hizo equilibrios aquel año psicológicamente tan complicado, a la espera de Luis Enrique, por quien nadie apostaba, pero que le dio un giro de tuerca con un efecto que ha durado tres años. Ahora parece todo más complicado todavía. Sin Xavi y con Iniesta entre algodones, los dos abanderados del juego maravilloso de este siglo, pero sigue Messi, que se reinventa cada año para jugar mejor y distinto sin dejar de golear. Con él, todo es posible.

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