Fútbol

Larrea: «Coger las riendas de la Federación es un toro bravo que lidiaré con orgullo»

Juan Luis Larrea, en una de sus intervenciones ayer. / EFE

El banquero de Loiola, con alma de alcalde, asume el reto con «orgullo». Sus «gloriosas» intervenciones en una junta de la Real en 1987 le llevaron a la Guipuzcoana y a ser la mano derecha de Villar. Hasta hoy

ÁLVARO VICENTESAN SEBASTIÁN.

En un momento en el que vestir de traje y corbata está en desuso, raro es el día en el que Juan Luis Larrea (San Sebastián, 1953) deja en casa el uniforme de banquero. Su larga carrera profesional en el Banco Guipuzcoano -logró que buena parte de los jugadores de la época gloriosa de la Real fiaran sus ahorros en él- y después en el Sabadell ha hecho de Larrea uno de los rostros habituales de la milla de oro donostiarra, en el entorno de la avenida de la Libertad.

Colgado del teléfono móvil, lo mismo atiende a un futbolista de un equipo de Preferente que a un padre de un árbitro, Larrea ya no es el maratoniano que gastaba suelas con sus amigos Félix Apalategi y Ramón Arcos. Como a otros muchos aficionados al running, las articulaciones le dijeron 'basta', pero no quita para que siga saliendo a pasear a diario en torno a las dos horas, bien en asfalto o por la arena. No perdona su café mañanero en un conocido establecimiento donostiarra al borde de la playa, donde se junta con amigos no siempre futboleros como el cocinero José Juan Castillo y el presidente de honor de Gipuzkoa Basket, Miguel Santos.

En el transcurso de uno de esos paseos matutinos por La Concha, ahora que ha puesto fin a su carrera en la banca, supo que su amigo Ángel María Villar, por quien «pondría la mano en el fuego», había sido detenido por la Guardia Civil la pasada semana. Ese día ni siquiera imaginaba que podía ser él quien asumiera el cargo de presidente de la Española. «Ya veremos cómo se suceden los acontecimientos», apuntaba entonces.

Quienes mejor le conocen creen que Larrea está «más que preparado» para llevar las riendas de la Española

Su previsión era celebrar el centenario de la Guipuzcoana en 2018 y acabar una etapa. ¿Ahora?

Entregará los trofeos al ganador de la Supercopa y al Real Madrid por ser el actual campeón de Liga

Al ser el directivo que más años lleva en la junta, ha terminado cogiendo las riendas del fútbol español tras la suspensión de Villar. «Es un toro bravo que lidiaré con gran responsabilidad y orgullo, más en estos momentos difíciles», confesaba ayer a este periódico al acabar la asamblea.

Quienes mejor le conocen dicen que Larrea no se va a amedrentar porque está «más que preparado» para llevar las riendas de una federación que conoce al dedillo. Tiene la ventaja de dominar como nadie los entresijos del complejo mundo del fútbol y sabe qué tecla debe pulsar y los hilos que tiene que mover.

Donostiarra de pura cepa, nacido en el barrio de Loiola, donde cada 20 de enero no falla a su cita con los tamborreros de Club Deportivo Loiolatarra, Larrea tiene su ciudad en la cabeza. «Si ve una baldosa o una papelera en mal estado coge el teléfono y llama al concejal de turno. El fútbol es su pasión, pero podría haber sido alcalde de San Sebastián si se lo hubiera propuesto», apuntan sus allegados.

Padre de dos hijos -Gorka y Álex, ambos futbolistas-, fue en una asamblea de accionistas de la Real, allá por 1987, cuando salió del anonimato. Sus «gloriosas y acertadas» intervenciones en el turno de ruegos y preguntas llamaron la atención del entonces presidente de la Guipuzcoana, Pela Arzak. Le quería en su equipo, en su junta directiva. «No fue difícil convencerle», explican quienes en ese momento llevaban las riendas de la Guipuzcoana.

Arzak puso fin a su mandato y fue Larrea el que asumió la presidencia de una federación que por aquel entonces no era ni la mitad de lo que es hoy. «Juan Luis la ha puesto en valor, ha aprovechado sus conocimientos económicos para sanearla, ha levantado una nueva sede, y hoy se puede decir que la gran mayoría de los pueblos de Gipuzkoa cuentan con instalaciones de fútbol en las que ha participado económicamente la Federación», defiende una de sus personas de confianza. Su previsión, antes de la sucesión de acontecimientos de los últimos días, era cerrar su larga y prolífica etapa en la Guipuzcoana coincidiendo con su centenario el año que viene. Ahora es una incógnita.

Sin miedo a nadie

Defensor a ultranza del jugador de cantera, apasionado a la par que crítico con la Real, su entrada en el órgano directivo de la Española data también de esa época a finales de los ochenta. Arzak estaba en la junta directiva en Madrid y cuando dejó su cargo, el nombre de Larrea, como hombre de banca, apasionado de los números, surgió de inmediato.

Mano derecha de Villar desde entonces, «un hermano para él», Larrea ha vivido en primera persona los mejores años de la selección. Ha sido fácil verle en cualquier imagen de televisión apeándose del autobús de jugadores con Clemente, Camacho, Iñaki Sáez, Luis Aragonés, Del Bosque y ahora con Lopetegi.

«La mejor prueba de que nunca ha querido sacar provecho a su cargo en la Española -apuntan sus allegados- es que ha rechazado todos los ofrecimientos que ha tenido para colocarse en un puesto de peso en la UEFA, como sí han hecho otros».

Ha preferido seguir impulsando al fútbol guipuzcoano, del que se siente orgulloso a más no poder, y que defiende con pasión. Hace nada no dudó en enfrentarse al diputado de Deportes de Gipuzkoa por impulsar una norma que prohíbe que los menores de catorce años puedan inscribirse en clubes de fuera de su territorio.

Lo que desconoce por el momento es si va a poder compaginar los dos cargos. Una vez que declare hoy en la Audiencia Nacional en calidad de testigo por el caso 'Soule', tiene previsto reunir a su directiva de la Guipuzcoana el próximo viernes como estaba convocado. «Consultaremos a nivel jurídico si se pueden compaginar», apunta Larrea. «Como se está haciendo en la Española, entiendo que debería de haber una provisionalidad en la que un vicepresidente cogiera las riendas», añade.

Larrea descarta «por el momento» designar cargos en la Española como le han sugerido. «Vamos a esperar porque no sabemos cuánto tiempo voy a estar en la presidencia del fútbol español».

Sí sabe que, salvo sorpresa, él será el encargado de entregar los trofeos al ganador de la Supercopa de España y al Real Madrid como campeón de la última Liga en la primera jornada de la 2017/18. «Más planes no se pueden hacer por ahora», advierte.

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