Futbolistas caprichosos y Xabi Prieto

Antxon Blanco
ANTXON BLANCOSan Sebastián

Ha sido un verano de análisis sociológico en el mundo del fútbol. Y lo ha sido en el cierre del mercado de fichajes, cuando los directivos de los clubes controlan sus tres móviles porque desconfían hasta el último minuto de ese movimiento endiablado que puede significar que alguien les levante su jugador-tesoro.

Los aficionados están percibiendo que muchos jugadores, esas estrellitas hiper-mega-pagadas, son los amos del negocio. Las vacas sagradas llevan un tiempo manejando a ciertos directivos que parecen más marionetas que gestores de empresas futbolísticas... felizmente existen excepciones pero cuecen habas en mucha oficinas. El núcleo duro de la plantilla está asaltando el mercado, imponiendo fichajes o chantajeando para que tal jugador “no moleste” a sus amiguetes y no venga.

Parece ciencia ficción pero estas últimas semanas todos esos ejemplos han sido reales. Desde la pataleta de Ronaldo por no querer pagar lo que le reclamaba Hacienda y amenazar con abandonar su club; desde ese feo movimiento de Vitolo que dejó a su ya exclub con la cara de tonto; desde el “me voy” de Griezmann pero ahora me quedo; desde las tristes maniobras de Neymar por dar el pelotazo pretendiendo parecer que no traicionaba a nadie; desde el indisimulado deseo de Iñigo Martínez de fichar por otros clubes y el ‘no’ de alguien desde el Camp Nou; desde el morrito torcido de Morata; desde la niñotada de Diego Costa... etc etc etc

La apoteosis del ‘13 rue de Percebe’ se ha visto en el vestuario y aledaños del Barcelona. Una directiva débil parece estar bajo la suela de esas vacas sagradas. Se les ha ido de la mano todo el control. El coletazo Neymar-PSG ha dejado tocado al club, y los empleados de la empresa, es decir, los Piqué, Messi, Suárez... no tienen mejor ocurrencia que invitarle a otra fiesta y reirle las gracias de su excompañero, quien ha debilitado a su propia empresa (el Barça) y ha torpedeado a sus jefes (los directivos del Barça). Y por supuesto, en estos tiempos, las redes sociales intoxican aún más determinados gestos o escenarios. Las fotos no faltaron y los comentarios, tampoco. Un vodevil en toda regla.

Futbolistas caprichosos que parecen querer lanzar el mensaje de que las decisiones las toman ellos durante sus fiestas. Peligrosa postura para el aficionado, para el seguidor de toda la vida de los colores de su equipo. Se sienten los amos del negocio y esta sensación debilita a los directivos y cabrea al socio, al aficionado.

En la selva del balón también se visualiza un oasis de jugadores que no quieren romper jerarquías ni mangonear los círculos que no les pertenece. Los que acarician el escudo de su club en lugar de acordarse con egocentrismo de su nombre. Los que aun cuidando su ficha -estaría bueno que no lo hicieran- no traicionan sentimientos. El ejemplo del donostiarra Xabi Prieto nos lleva de nuevo a confiar en el planeta fútbol. Esos 500 partidos con el equipo de toda su vida reconfortan. Entiendo que en el fútbol profesional en ocasiones se toman decisiones estrictamente mercantilistas y aun así puede ser un futbolista apasionado de sus colores. Por eso el elogio a Xabi Prieto se agranda. Permanecer fiel a un club que por su dimensión no puede aspirar a levantar copas, con una ficha extraordinaria pero alejada de los mareantes números de otros... vale su peso en oro.

Futbolistas caprichosos, futbolistas comprometidos. Cada uno elige su camino.

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