Fútbol

El fútbol, vivero de perlas verbales

El fútbol, vivero de perlas verbales

Frases ingeniosas y situaciones insólitas son un divertido condimento que anima aún más el mundo del fútbol

ALBERTO ARTIGAS

«Los lunes pienso en cambiar a diez, los martes a siete u ocho, los jueves a cuatro, el viernes a dos y el sábado ya pienso que tienen que jugarlos mismos cabrones de siempre». La famosa frase del exentrenador de la Real John Benjamin Toshack es una de las muestras del ingenio verbal que fluye del mundo del fútbol. El galés acumula un rosario de frases que han hecho historia. «Benito Floro es un buen entrenador, pero no tiene ni zorra idea de fútbol», o aquella de «He sudado más en el banquillo que algunos en el campo».

En otras ocasiones, una dura infancia hiere tan hondo que no deja de supurar aunque la suerte te haya cambiado la vida. Es el caso de Maradona. «Yo crecí en un barrio privado. Privado de luz, agua, teléfono». O la de Samuel Eto’o. «Correré como un negro para vivir mañana como un blanco». La sorna es otro condimento típico en la dialéctica de algunos jugadores.

Di Stefano fue el rey de la ironía: «Meter goles es como hacer el amor, todo el mundo sabe como se hace, pero ninguno lo hace como yo». O aquellas no menos sarcásticas como «Jugamos como nunca y perdimos como siempre», «Las finales no se juegan, se ganan» o «Me retiré a los 40 años porque mis hijas un día me miraron y me dijeron: ‘Papá, calvo y con pantalones cortos, no quedas bien’».

Aquello de que ‘por la boca muere el pez’ es patente en futbolistas no muy formados. «El fútbol es como el ajedrez pero sin dados». La sesuda reflexión es del jugador polaco Lukas Podolski. Otras resultan difícil de entender «Recibí un golpe en mi tobillo izquierdo. Pero algo me dijo que era mi derecho». (Lee Hendrie), «Cuando un equipo anda bien, no anda mal y viceversa» (Mariano Puyol), «Me gustaría jugar en un equipo italiano, como el Barcelona» (Mark Draper) o «Perdimos porque no ganamos» (Ronaldo).

Anécdotas en el mundo del fútbol las hay a miles. Es histórica la protagonizada por el entrenador escocés John Lambie. Dirigía al Partick Thistle FC (Glasgow) y en cierta ocasión, hizo seguir jugando a un delantero que tenía perdido de conocimiento. El médico que atendía al futbolista le dijo: «¿No recuerda quién es?... Perfecto... dile que es Pelé y mándalo al campo».

No solo las frases ingeniosas son un divertido condimento que anima aún más el mundo del fútbol. También hay situaciones insólitas. Una de las más estrambótica fue la autoexpulsión de un árbitro. Ocurrió en marzo 1988. El escenario fue un campo del barrio londinense de Csharlton y el protagonista Melvin Sylvester. Una cadena de fallos había provocado la indignación de varios jugadores. En la reanudación tras el descanso, la situación empeoró y la persistente queja a gritos de un jugador acabó con la paciencia del colegiado y le atizó un puñetazo en el ojo. Consciente de su desmán, Sylvester sacó la tarjeta roja y se autoexpulsó. Entregó el silbato a un linier y se marchó del campo. Nunca más volvió a arbitrar.

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