«Me cayeron tres bengalas al lado». Miembros de la Brigada Móvil relatan la tensión en San Mamés

Inmovilizado. Dos ertzainas esposan a uno de los ultras al lado de San Mamés. / M.C.
Inmovilizado. Dos ertzainas esposan a uno de los ultras al lado de San Mamés. / M.C.

Este periódico habla con seis miembros de la Brigada Móvil que vivieron en primera persona los disturbios entre los violentos del Athletic y del Spartak

EDER GARCÍA BILBAO.

La muerte de Inocencio Alonso García, el ertzaina de 51 años fallecido este jueves en los altercados ocurridos entre aficionados del Athletic y el Spartak, ha dejado una profunda huella entre sus compañeros de la Brigada Móvil. Seis de ellos ofrecen, bajo condición de anonimato, su testimonio en primera persona de los graves sucesos ocurridos en las cercanías de San Mamés.

«Estaba a cien metros de 'Ino' cuando se desplomó. Di el pésame a su hermano a la una de la madrugada», recuerda uno de los veteranos de la unidad, a la que entró el mismo año que el compañero fallecido. Han pasado ya más de dos décadas. Andoni -un nombre ficticio como todos los que aparecen en estos testimonios- estuvo en uno de los puntos calientes de los disturbios, el cruce entre Sabino Arana y Luis Briñas. «No vimos ningún ultra ruso. De hecho, hubo muchos más en los disturbios con los seguidores del Olympique de Marsella hace dos años» asegura. «Fueron los radicales del Athletic los que se enzarzaron con ellos», continúa. «En un bar de las inmediaciones identificamos a unos 150 antes de ir hacia el estadio. Encontramos bolsas llenas de piedras que escondían en coches, puños americanos... Yo mismo retiré una barra de hierro», cuenta quien ha estado «en muchas guerras» a lo largo de estos años.

Miguel también tiene más de dos décadas a sus espaldas en la Brigada. Estuvo desplegado desde el mediodía en Bilbao-La Vieja. Allí fueron informados de que cerca del Puente de San Antón, un individuo metía bolsas con piedras en un 'Seat'. Cuando abrieron el maletero, encontraron este material junto a barras de hierro y una porra extensible «que tiró a la ría». «Estaban preparando el recibimiento a los rusos», afirma convencido.

«Nos pillaron. Nosotros esperábamos a los rusos y fueron los radicales de aquí»

Avanzada la tarde, acudieron en apoyo de sus compañeros ante otro de los focos de altercados más importante: el cruce de Sabino Arana con Luis Briñas. «Tuvimos que cargar para ayudar a mis compañeros. Eran muy pocos. Debía haber por los menos tres veces más», apunta. La intensidad del enfrentamiento le hace pensar que ambos bandos habían quedado para pegarse allí. «Los ultras del Athletic estaban esperando a los rusos y estos parecen actuar por escuadras, están alineados y en guardia», añade. Su conclusión, como la de todos sus compañeros, es clara: «No tenemos fuerza. Nos quedan grandes estos eventos».

Álex fue uno de esos ertzainas que tuvieron que recibir la ayuda del grupo de Miguel. «Salieron por la derecha y tiraron de todo». Atribuye parte de la responsabilidad de los altercados a los rusos -«un 30%»-, pero como sus compañeros, cree que los radicales locales llevaron el peso de los actos violentos. «No entiendo cómo se pudo consentir una concentración el miércoles y otra el mismo jueves». Estuvo en la primera y recibió los insultos de los ultras autóctonos. «A los rusos tenías que dar, no a nosotros·, le espetaron en su misma cara. Al día siguiente, su discurso cambió: «Me decían que estaban allí, que nos tenéis que defender».

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Koldo vivió la trifulca que tuvo lugar en la propia explanada de San Mamés. Los radicales del Athletic que pretendían reunirse en Zunzunegi se enfrentaron a los rusos situados en la plaza del estadio. «Bajaron a increparles», cuenta. «Entonces, cinco o seis rusos se saltaron el cordón y comenzó la trifulca. Se empezaron a pegar y los ultras del Athletic tiraron bengalas. Me cayeron tres al lado», añade. Con el partido empezado, más problemas. A varios seguidores del Spartak se les impidió el acceso al campo al estar borrachos. En ese momento, unos 150 radicales vascos que debían entrar al estadio aparecieron en la explanada conducidos por la Ertzaintza desde la parte trasera del edificio de la UPV. Por razones que desconocen, no entraron. Más carreras. Más golpes. «Hubo tres o cuatro detenciones», narra.

«Hay suerte. Como te hagan frente, nos van a matar», afirma Diego, que entró en el cuerpo con base en Iurreta hace seis años. Vivió en primera persona el primer estallido de violencia, el ocurrido en la confluencia entre Sabino Arana y Felipe Serrate. Y después, lo ocurrido ya comenzado el partido. Fue de los últimos en marchar, cansado por acarrerar durante horas con un equipo que pesa 25 kilos.

A Arkaitz le tocó custodiar a los 150 radicales rojiblancos ubicados en la UPV. «Tenían dos navajas, tres o cuatro puños americanos, cuatro bucales de boxeo, dos porras extensibles, un collar metálico de perro, pilas...», comenta. «Nos han pillado. Esperábamos a los rusos y fueron los de aquí», concluye.

Graves incidentes en San Mamés

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