‘La Batalla de Belgrado’

Hace ahora 40 años España accedía al Mundial de Argentina tras ganar a Yugoslavia en uno de los ambientes más violentos que se recuerda

ALFONSO COBETA

Sangre, sudor, nervios… y hasta miedo. Un auténtico calvario hubo de sufrir la selección española para derrotar a Yugoslavia (0-1) y lograr el pasaporte al Mundial de Argentina 78 tras un partido infernal disputado en el ‘pequeño Maracaná’ de Belgrado aquel gélido 30 de noviembre de 1977, hace justo ahora cuarenta años. Apenas se recuerda un entorno más hostil. Encuadradas en el grupo 8 europeo, con Rumanía descartada, ambas selecciones se jugaban la clasificación para la Copa del Mundo del año siguiente. Cuatro años antes, los yugoslavos habían dejado a España fuera del Mundial de Alemania 74 tras ganar 1-0 en un encuentro de desempate disputado en Fráncfort con un gol de cabeza de Katalinski en el que nada pudo hacer el meta zarauztarra Iribar.

Llegaba la hora de la revancha, pero la misión era ciertamente complicada. Pocos apostaban por España. Esta vez los balcánicos lo tenían todo a favor. Se la jugaban en su tierra, aunque tenían que ganar por más de un gol, y para ello no dudaron en montar una encerrona. Varios días antes del decisivo partido, los enfervorecidos hinchas yugoslavos, incluso los propios jugadores, se dedicaron a calentar el ambiente amedrentando a los dirigidos por Ladislao Kubala, quien conocedor de posibles malas artes advirtió al médico de la selección, Delgado Meco, que vigilara todo lo que los jugadores comían o bebían por temor a intoxicaciones o envenenamientos. Y es que la selección viajó una semana antes a Belgrado para tratar de adaptarse lo más rápido posible al hostigamiento psicológico que auguraban. Como se suponía, en los días previos a la gran cita, cada vez que los jugadores salían del hotel eran intimidados en la calle por los viscerales seguidores ‘plavi’, llamados así por el color azulón de la camiseta. Es más, la víspera del encuentro no dejaron descansar al combinado español con sus alaridos, mientras los periodistas desplazados desde Madrid también fueron acosados y atacados.

Uno de los numerosos incidentes que deparó el bronco partido
Uno de los numerosos incidentes que deparó el bronco partido

Tan crucial era el partido para la sociedad yugoslava que el presidente del país, el comunista mariscal Tito, decretó el día festivo para inundar las gradas con militares, a quienes conminó a arengar a las masas a fin de convertir el campo del Estrella Roja en un hervidero de gritos patrióticos y amenazantes. Cabe recordar que el fútbol era entonces una de las pocas válvulas de escape para una población con los derechos y las libertades limitados.

Con estos antecedentes, llegó el momento de la verdad. El moderno ‘pequeño Maracaná’, abarrotado con 100.000 espectadores, una de sus mayores entradas, comenzó a rugir mucho antes del inicio del partido, previsto para la una y media de la tarde, un hora algo inhabitual, y televisado. En España también despertó gran expectación. Pese al largo tiempo transcurrido, el que escribe, gran aficionado al fútbol, recuerda ese día como si fuera ayer. Tenía entonces 13 años y cursaba 8º de EGB. Como en Belgrado, aquel 30 de noviembre llovía aquí en el País Vasco. Estábamos en el aula de Pretecnología y no sé cómo pero convencimos al profesor, el Hermano Urquijo, severo como la mayoría de los religiosos de la época y poco amigo del balompié, para que interrumpiera la clase y nos proporcionara un radio-casette a fin de seguir el partido. Lo colocó en medio y todos nos arremolinamos en torno a él. ¡Qué ambientazo montamos!

La atmósfera generada en aquel estadio era temible, una olla a presión, y pronto lo pudieron comprobar los jugadores españoles. Nada más salir a calentar al césped fueron recibidos en medio de una pitada atronadora y con lanzamiento de objetos desde la grada, incluidas piedras, por lo que tuvieron que volver al vestuario. Solo era el comienzo de la batalla.

Bajo un cielo plomizo, una tozuda lluvia y una temperatura gélida, de apenas un grado, empezó el duelo. España, por aquellos tiempos una selección lejana de los éxitos actuales, formó con Miguel Ángel en la portería –desbancó a última hora al mítico guardameta realista Arconada–; Marcelino, Pirri, Migueli y Camacho atrás; San José, Leal, Asensi y Cardeñosa en el mediocampo, y Juanito y Rubén Cano de atacantes. Por los balcánicos, un combinado talentoso, destacaban los hermanos Susic, Surjak, un zurdo con clase, y Popivoda. Lo que no esperaban los españoles era la actitud tan violenta de los jugadores yugoslavos desde el pitido inicial. Salieron como una jauría de lobos. Ya en el minuto uno, Juanito sufrió una entrada brutal de Buljan, al que ni siquiera apercibió de sanción el árbitro inglés Burns. Acto seguido, uno de los Susic dio una patada demencial a Pirri, que lo dejó maltrecho, y en el minuto quince el capitán y baluerte fue ‘rematado’ por detrás por Kustodic, y lesionado, con una rotura de los músculos peróneos del tobillo derecho, tuvo que ser sustituido por el barcelonista Olmo. La cosa pintaba mal.

Gol y botellazo a Juanito

Pese a que ambos equipos gozaron de alguna ocasión de gol, se llegó al descanso con 0-0. Todo estaba por decidir. Los españoles no se achicaron pese a las constantes bravuconadas de los rivales, que persistían en sus patadas, codazos, empujones, escupitajos e incluso tirones del pelo, todo con el beneplácito del sospechoso colegiado. Pero en el minuto 71 los de Kubala asestaron el golpe definitivo en forma de gol. Juanito dio un pase en profundidad por la izquierda a Cardeñosa, quien en posición forzada puso el balón bombeado con rosca al segundo palo y Rubén Cano remató cruzado en semifallo a la red para hacer el 0-1.

La alegría de los españoles irritó más si cabe a los impotentes balcánicos, y solo cinco minutos después del tanto Muzinic golpeó con dureza en la rodilla a Juanito, que por precaución fue reemplazado por el bilbaíno Dani. Cuando se aproximaba al banquillo, el temperamental mediopunta madridista hizo un feo gesto a la grada con el pulgar de su mano derecha hacia abajo y, súbitamente, una botella impactó en su cabeza. Quedó semiinconsciente y fue retirado en camilla en medio de un lanzamiento masivo de objetos.

Juanito, inconsciente, es atendido tras recibir el botellazo
Juanito, inconsciente, es atendido tras recibir el botellazo

Se encendieron las alarmas. Aquello era el infierno. El realista Arconada, protegido con una pelliza debido al intenso frío, saltó del banquillo indignado y corrió al campo a ordenar a sus compañeros que se retiraran. Arreciaron los rifirrafes, con algún conato de agresión por parte yugoslava, pero la cosa no fue a mayores y se reanudó el juego.

Quedaba un cuarto de hora para firmar la hazaña pero el martirio no había concluido. La siguiente víctima fue el central del Barça, el fornido Migueli, quien fue agredido por Halilhodzic. A continuación, una discusión entre jugadores acabó a patadas y puñetazos en el medio campo. El árbitro casero impuso la calma pero ni siquiera se atrevió a expulsar a nadie. No hubo tiempo para más. Los españoles, gracias a su reconocida furia y su talento, no solo salieron vivos sino vencedores de la denominada ‘Batalla de Belgrado’.

A su llegada a Madrid jubilosos, ya con Juanito plenamente recuperado del botellazo, los ‘Kubala boys’ fueron recibidos como héroes. Las penurias vividas bien merecían la pena. Además de la gloria deportiva los jugadores se hicieron acreedores de una prima de un millón y medio de pesetas (unos 9.000 euros de ahora) cada uno por la victoria. Todos coincidieron en resaltar que jamás habían jugado en un ambiente tan violento. España volvía a clasificarse para un Mundial, el de Argentina 78, tras perderse los anteriores de México 70 y Alemania 74. Pero la rivalidad entre españoles y yugoslavos continuaría.

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