Ciclismo | Vuelta a España

Las vacas pasiegas tenían razón

Vincenzo Nibali cedió 21 segundos ante Froome y se aleja en la general.
Vincenzo Nibali cedió 21 segundos ante Froome y se aleja en la general. / EFE

Froome recupera a Nibali en medio kilómetro la mitad de lo que perdió en el infierno de Los Machucos

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

De acuerdo, Chris Froome (Sky) no escribirá la ‘Odisea’. No creará el gran poema heroico del siglo XXI. Ni se atará al mástil de ningún barco para no oír el canto de las sirenas. Pero si se apunta a un máster de gestión de empresas le da un repaso al profesor.

El británico propinó ayer otro zarpazo a la Vuelta con su tremendo pragmatismo habitual. La víspera, entre la niebla, los caminos hacia el fin del mundo y las rampas imposibles, se dejó 42 segundos con su máximo rival, Vincenzo Nibali (Bahrain). Allí jugaban en casa los poetas, con Contador (Trek) el primero de la fila. Froome intentaba en vano descifrar aquello e, incapaz de conseguirlo, se apoyó en Mikel Nieve para llegar hasta arriba.

La crítica y el público se frotaban las manos. El líder flojea y queda el Angliru. Hay Vuelta.

Junto a la meta de Los Machucos está el monumento a la vaca pasiega, y por el camino había unos cuantos ejemplares. Tantos entendidos viendo la carrera y resulta que las vacas pasiegas tenían razón con su mirada de escepticismo. Como si fueran las únicas que han visto correr a Froome y las únicas que sabían lo que iba a pasar.

Froome echó por tierra toda la épica de la gran subida que iba a colocar a Cantabria en el centro del mundo, según Revilla. En medio kilómetro, en poco más de un minuto de carrera, le metió 21 segundos al Tiburón de Mesina. Y las vacas, pastando ahí al lado: ‘Eso lo sabía cualquiera’.

El líder tiene ahora a 1:37 al segundo clasificado y solo el Angliru se interpone entre él y su primera victoria en la Vuelta. Froome, cruel en la acumulación de ventajas en pequeñas dosis, sacó distancia a los tres ciclistas que le siguen en la clasificación: 21 a Nibali y cuatro a Kelderman y Zakarin. Pocos, pero que suman, como siempre. El británico se está mostrando como un consumado maestro en la gestión de las distancias cortas, un paso más en la evolución de su ciclismo. Corrió todo el Tour con menos de un minuto de ventaja y ganó. Fue su cuarto triunfo en Francia y fue distinto a los demás. Los dos primeros los ganó con un golpe definitivo en montaña, el tercero bajando y el cuarto, con el segundero. Muestra de una versatilidad admirable. A los 32 años, esa capacidad de evolución merece reconocimiento y lo va a tener con su victoria en la Vuelta. «Hoy ha salido todo perfectamente. Creo que varios corredores han pagado por sus esfuerzos de la víspera y sus ataques anteriores. Es bueno recuperarse así», zanjó con pragmatismo.

El siciliano restó 42 segundos al líder el miércoles y ayer perdió 21 en Santo Toribio

Contador, a lo suyo, entró con Froome y piensa que puede mantener el quinto puesto, porque Supermán López empieza a volar bajo. No pudo con el madrileño en Los Machucos y ayer cedió 33 segundos. Al colombiano se le puede estar haciendo larga la Vuelta.

Debate sobre la dureza

La etapa volvió a sacar a colación el debate sobra las rampas de grandes desniveles que caracterizan a la Vuelta. Si sirven para algo, si son duras o si en realidad son fuegos artificiales. La jornada fue preciosa, con tres puertos de tercera y uno de segunda. Hubo batalla, ritmo y emoción. Y diferencias.

Es obvio que la Vuelta a España ha optado por estos repechos y puertos con porcentajes de locura como seña de identidad. La apuesta ha sido un éxito. La carrera se ha dotado de una identidad, cuenta una historia y se ha ganado un puesto de prestigio en el calendario internacional. No hay más que ver la participación y la actitud de las figuras, que vienen a ganar.

Eso, la identidad, el sello que las hace únicas, es lo que define a las grandes carreras y la Vuelta lo ha conseguido en los últimos años a base de subidas extravagantes. La afición responde en la carretera y delante de la televisión. Otra cosa es si desde el punto de vista del ciclismo esas subidas son tanto como parecen.

«Si soy sincero, me gustaría no volver a ver nunca más Los Machucos, pero es lo que hay», afirma Froome

La realidad dice que esas jornadas no son tan decisivas, que los porcentajes por encima del 15 o el 20% eliminan un elemento clave en el ciclismo (y en casi todos los deportes): la velocidad. Los corredores van muy despacio y las diferencias no se abren con facilidad.

Hay ejemplos. Fabio Aru (Astana) -protagonista ayer de un ataque a la vieja usanza, precioso- ganó la Vuelta de 2015 en los puertos tendidos y clásicos de la Sierra de Madrid. El año pasado, a Froome se le fue en los Pirineos. En ambas ocasiones había una ensalada de subidas imposibles, pero fueron los puertos de toda la vida los que definieron la carrera.

Ayer, una subida sin más a Santo Toribio de Liébana -donde se guarda el Lignum Crucis, el que dicen que es el trozo más grande conocido de la cruz de Cristo- bastó a los corredores para abrir huecos no mucho menores que los de la víspera, en un puerto de más de siete kilómetros al 9% de media y con rampas del 28%.

Pese a su soberbia gestión de los tiempos, Froome no es masoquista. «Si soy sincero, me gustaría no volver a ver nunca jamás Los Machucos. Todos somos conscientes de que hay subidas así. Sin ir más lejos, el Angliru (mañana). Es lo que hay y lo afrontamos sin ningún problema».

Ganó Armée

Diez minutos por delante de los líderes, ganó la etapa Sander Armée (Lotto). El belga de 31 años se estrenó en el World Tour y en general, ya que solo tenía un triunfo en un criterium en Bélgica. En el último kilómetro soltó a Alexey Lutsenko (Astana), que pareció un ciclista de tercera. Toda una sorpresa la victoria del de Lovaina.

Fueron los mejores de una fuga de veinte hombres, que afrontaron un recorrido quebrado que los últimos 65 kilómetros tenía cuatro puertos, la Collada de Carmona, la Collada de Ozalba -donde se movió el Katusha de Zakarin y atacó Aru-, la Collada de la Hoz -donde Contador hundió a Purito Rodríguez en 2012- y Fuente Dé.

A la Vuelta le quedan tres etapas, que en realidad son una. Hoy camino de Gijón no debería de haber sobresaltos, lo mismo que el domingo en Madrid. La jornada de mañana en el Angliru es la única que puede cambiar algo. Las vacas de allí no serán pasiegas pero seguro que también miran la carrera con el desdén de quien ya sabía lo que iba a pasar.

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