Ciclismo | Vuelta a España

Rohan el bárbaro

Dennis, de líder, ayer antes de la salida en Nimes. /AFP
Dennis, de líder, ayer antes de la salida en Nimes. / AFP

Dennis, que ayer perdió el liderato, ha tenido que someterse a tratamiento psicológico para templar su agresividad

J. G. PEÑA GRUISSAN.

'Rohan' es un nombre muy poco habitual. De hecho, es más conocido por ser un reino de 'El Señor de los Anillos', el mundo de la Tierra Media imaginado por Tolkien. Algo raro vieron en él sus padres para llamar así a Rohan Dennis, el líder de la Vuelta destronado ayer por Lampaert.

Dennis es un personaje volcánico. Su mal carácter le acompaña. Tiende a acumular estrés, a explotar en situaciones que le ponen al límite. En la novela de Tolkien los caballeros de Rohan son altos, rubios y de mirada clara. A esa descripción se ajusta este corredor australiano de 27 años, doble campeón del mundo de persecución por equipos en pista y medallista de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Dennis es así de bueno. Y es también un chico difícil: en el Tour de 2016, el BMC alineó a su lado a Porte, Van Garderen y Van Avermaet. Dennis no cuadró bien con tanto líder y en la segunda jornada de descanso lo mandaron a casa. Rohan, como su nombre, no es un ciclista habitual. Desde chaval ha tenido un psicólogo a su lado.

Acumula tanta tensión que se le agarrota el cuello. Jaquecas. La cabeza le estalla. Siempre ha sido igual. Necesita válvulas de escape. De crío no dejaba de pelearse con su hermano mayor. «Al menos dos veces al día», confesó en una entrevista en 'Ciclismo a fondo'. La agresividad le llevó a la piscina. Sus padres buscaron en un ejercicio tan fatigoso como la natación un calmante para Rohan. Desde los 4 a los 15 años se pegó con el agua. Así, además, evitaban que se ahogara en el lago al que solían ir. El caso es que el chaval nadaba bien. Con 7 años ya se entrenaba durante seis horas algunos días y frente a rivales tres años mayores. «Mis padres me enseñaron a no rendirme», agradece. El agua le endureció.

De la piscina salió al asfalto. Con su gran motor también brillaba sobre la bicicleta. Portento. Ingresó en la selección juvenil australiana. Tenía plaza para el Mundial de 2008, pero le impusieron una condición: antes tenía que someterse a terapia psicológica. Rohan era insoportable. No sabía convivir con la tensión de las carreras. Su mal genio era como un cráter al rojo vivo. «Martirizaba a los que tenía alrededor», reconoce. Cumplió ese requisito y, tras pasar por el diván, triunfó con el equipo australiano en los mundiales de pista.

El Garmin le dio un dorsal profesional. Duró poco. Se enfrentó con el mánager, Jonathan Vaugthers. Fichó por el BMC y encontró su mejor ayuda: el exciclista Alan Peiper, hoy mánager de la escuadra estadounidense. Otro australiano con pasado. De los que vinieron a buscarse la vida en los velódromos de Europa. Él y Rohan son amigos, aunque no dejan de discutir. «A veces se me va la olla», asume el irritable corredor.

Le salva su potencial. En 2015 fue líder del Tour y batió el récord de la hora. Lo fijó en 52,491 kilómetros. Un año después se impuso como meta la prueba de persecución de los Juegos de Londres. Australia fue plata. Ahí concluyó una etapa. Se ha dado un plazo de cuatro años para ver hasta dónde es capaz de llegar en las grandes vueltas. A eso, a tasar sus límites, fue al pasado Giro. Y se cayó en una de las primeras etapas. Golpe en la cabeza, el origen de todos sus males. Tuvo que retirarse y se quedó sin saber su talla en una ronda de tres semanas. «Mi referencia es Dumoulin», dice. A esta Vuelta, Dennis ha venido «a por etapas». Hoy llega a Andorra, donde vive. En el BMC el líder no es él, sino Van Garderen, con el que apenas se habla. Fiel a sí mismo.

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