Vuelta a España

¿Por qué pelea cada segundo?

Chris Froome firma autógrafos ayer en la salida de la etapa en Escaldes-Engordany, en Andorra. / EFE
Chris Froome firma autógrafos ayer en la salida de la etapa en Escaldes-Engordany, en Andorra. / EFE

Froome buscó en la etapa de Andorra todas las bonificaciones, a pesar de su superioridad

IÑAKI IZQUIERDO

En la etapa de Andorra, llamó la atención ver a Chris Froome (Sky) luchar por unos pocos segundos de bonificación en la meta volante y después en la llegada. Siendo el más fuerte de la carrera, pudo sorprender ver al británico metido en esa pelea, ya que aparentemente no lo necesita. Entonces, ¿por qué lo hace? Él mismo dio la respuesta en Andorra la Vella: «Perdí una Vuelta por 13 segundos, así que voy a luchar por cada uno de ellos».

Que Froome quiere ganar esta carrera salta a la vista. Lejos de correr relajado tras su cuatro triunfo en el Tour, ha llegado bien preparado y con los deberes hechos. Desde la crono por equipos, en dos etapas al sprint y una de montaña en que llegaron todos juntos, el británico se las ha arreglado para meter tiempo a todos sus rivales, menos a Vincenzo Nibali (Bahrain), que le ha restado doce segundos. Respecto al día de la crono, el líder del Sky y de la Vuelta tiene once segundos más sobre Romain Bardet (Ag2r), seis más con Fabio Aru (Astana) y tres más respecto a Esteban Chaves (Orica). La 'hormiga' Froome va recolectando.

La Vuelta de 2011

Desde el día de la crono ha aumentado la diferencia con todos sus rivales salvo Nibali

Su historia en esta carrera explica esa actitud. En 2011, en su segunda temporada en el Sky y su primera gran vuelta, Froome entró en el nueve de su equipo en el último momento. Era un perfecto desconocido a las órdenes de Bradley Wiggins. Pero se puso de líder tras la décima etapa, una contrarreloj individual. En la decimoquinta, en el Angliru, atacó Juanjo Cobo y Froome se quedó esperando a su jefe. A dos kilómetros de meta, ante la evidencia de que Wiggins iba muerto, tiró para adelante. Llegó a 48 segundos de Cobo. Ganó la etapa dos días más tarde, pero se le escapó el triunfo en la Vuelta por 13 segundos.

Ahí arranca su obsesión por la importancia de cada segundo, que encaja bien con la filosofía de trabajo metódico de Dave Brailsford y el Sky, obsesionados con cada detalle que pueda dar una mínima ventaja (como las polémicas bolitas de su buzo de contrarreloj de esta temporada).

En la Vuelta 2014, Froome se jugó el triunfo con Contador también por la mínima. A mitad de carrera, el británico cedía 23 segundos respecto al madrileño, después de la etapa de Valdelinares y en la víspera de una crono individual de 36,7 kilómetros. Los números daban la razón al del Sky, que debía de enjugar esa distancia en la crono al ser mucho mejor especialista que Contador. Sin embargo, el de Pinto dio la sorpresa y aventajó en más de 50 segundos a Froome. Con 1:20 de retraso, el británico asó a ataques al madrileño en la última semana pero no logró soltarle. Volvió a aprender lo difícil que resulta recuperar cada segundo perdido, así que reafirmó su decisión de no regalar nada ni confiar en poder recuperar después.

Control milimétrico

La Vuelta del pasado año transcurría por los mismos derroteros. Froome tenía controlado al milímetro a Nairo Quintana, al que no permitió nunca una ventaja superior al minuto. A la etapa 15, con meta en Formigal, llegó con 54 segundos de desventaja y una crono de 37 kilómetros pendiente. Lo necesario para dar la vuelta a la situación y ganar por la mínima en Madrid.

Entonces no hubo error de cálculo, como un año antes, sino error táctico. Froome fue cazado en una emboscada organizada por Contador y cedió dos minutos y medio en Formigal. Recuperó 2:16 en la crono y quedó a 1:21 del colombiano en la general. Machacó a ataques al líder del Movistar en la subida a Aitana, pero, de nuevo, la dificultad de recuperar tiempo. La Vuelta fue para Quintana.

En el último Tour, Froome aplicó esa receta y esas enseñanzas a sus rivales, ganó ventaja de forma casi imperceptible y aunque disputó toda la carrera con menos de un minuto de renta, nadie pudo remontarle.

Por eso en esta Vuelta no ha esperado a las grandes etapas para tomar ventaja. No le ha importado coger el liderato el tercer día y obligarse a defenderlo durante 18 etapas en vez de mantenerse en un segundo plano hasta asestar el golpe definitivo, para lo que parece tener capacidad visto su estado de forma.

Es una manera de correr estresante, sin momentos de relax, pero es su modo de competir. Froome no será el ciclista más espectacular de la historia ni el más elegante (eso seguro) pero es metódico hasta la desesperación. Quizá le falte algo de instinto natural ya que su formación es heterodoxa. Creció en el ciclismo sudafricano y de ahí pasó al centro de formación de la UCI en Aigle (Suiza). Llamó la atención de Brailsford en los Juegos de la Commonwealth de 2006, por lo que debutó en profesionales viniendo desde ninguna parte. Eso, junto a su feo estilo, generó cierta desconfianza en su visión de carrera, pero lo cierto es que tampoco se le recuerdan grandes errores tácticos salvo el de la pasada Vuelta.

Es posible que eso se deba a su atención al detalle, a no dar nada por supuesto. Así ha ganado cuatro Tours, cada uno con una estrategia distinta, y busca su primera Vuelta.

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