Ciclismo | Vuelta a España

Otro ciclismo es posible

Otro ciclismo es posible

García Cortina roza la victoria, pero la Vuelta puede acabar sin triunfos locales por primera vez en 21 años

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Con los periódicos en llamas desde hacía días, Vincenzo Nibali (Bahrain) ganó la decimosexta etapa del Giro y logró la primera victoria italiana -a la postre sería la única- en la corsa rosa. La sequía iba tomando categoría de asunto de estado. No fue como cuando el presidente De Gasperi telefoneó a Gino Bartali para que hiciese el favor de ganar el Tour de Francia de 1948 para evitar la guerra civil, pero casi. Bartali ganó y Nibali ganó, y se hizo la paz.

En la Vuelta a España la cosa está más tranquila porque Alberto Contador (Trek) está distrayendo la atención con su show, magnífico, que ayer tampoco falto a su cita diaria. El madrileño atacó en el Alto de San Martín, un segunda con bonitas rampas, y llegó a sacar un minuto al pelotón. Luego, el Sky le cogió como si nada y ahí quedó la cosa. Contador, no te retires nunca, rezaba una pancarta. Ese es el espíritu que preside la Vuelta.

Pero lo cierto es que los ciclistas locales siguen sin ganar ninguna etapa, y ya solo quedan dos. Si no lo resuelven entre hoy y mañana, sería la primera vez que sucede en 21 años. Desde 1996 no ha terminado ninguna Vuelta sin al menos un triunfo de un ciclista con ficha española. De hecho, esa edición, que acabó ganando Alex Zulle, es la única de la historia en la que todos los ganadores de etapa fueron extranjeros. Esta puede ser la segunda.

Ayer no estuvo lejos de evitarlo Iván García Cortina (Bahrain). Su victoria habría sido relevante para la estadística. La carrera que hizo fue importante para repensar el futuro del ciclismo al sur de los Pirineos, porque al mismo tiempo que Contador sigue con su gira de despedida el chaval asturiano de 21 años reivindicó que otro ciclismo es posible.

Con el adiós de Contador, toca a su fin toda una generación del ciclismo español, la que algunos han denominado generación dorada, cuyos máximos exponentes fueron el de Pinto, Alejandro Valverde (Movistar), Purito Rodríguez y Samuel Sánchez. Un grupo de corredores que, a grandes rasgos, prolongó la tradición de entender el ciclismo en función de las vueltas por etapas y las clasificaciones generales. Esa era vara de medir.

Con su enorme y brillante palmarés, las lágrimas de Alejandro Valverde cuando consiguió subir al podio del Tour (tercero en 2015) resumen esta forma de ver el deporte. Alguien como el murciano, que ha ganado varias veces la Lieja-Bastogne-Lieja, la Flecha Valona o la Clásica de San Sebastián, entre otras muchas, que supera las cien victorias y que llegó a ganar la Vuelta a España (2009), emocionado por ser tercero en el Tour.

La vida de Contador está unida a las grandes vueltas (siete lucen en su palmarés, después de que le retirasen un Giro y un Tour por dopaje) y Samuel Sánchez también buscó labrarse su prestigio en esas carreras, aunque sus cualidades le dieron más triunfos en otras, la más llamativa el oro olímpico de Pekín. El menos clasificable de toda esa generación, el de palmarés más plural y el que más se diversificó, fue Purito, que entendió con una visión más amplia la grandeza del ciclismo. Sin embargo, siempre supo que necesitaba brillar en las grandes y subió siete veces al podio. También es el único de los cuatro que no tuvo problemas con el dopaje.

Esa generación está en retirada. Purito lo dejó el año pasado y ahora forma parte de staff del Bahrain. Samuel Sánchez fue cazado con GHPR-2, un liberador de hormona del crecimiento, antes de la Vuelta y enterró su carrera a los 39 años. Contador se retira mañana y solo queda Valverde, que se recupera de la grave lesión que sufrió en el Tour y tiene 37.

Un asturiano veloz

García Cortina se sale de ese esquema, pero su ciclismo es contracultural en España. Fuerte y rápido, su destino son las clásicas, un mundo desconocido al sur del Ebro. Quizá, la retirada de esta generación de notables y la evidente ausencia de relevo por detrás pueda beneficiarle. Tendrá que ser muy bueno para conseguirlo.

Hace no tanto, corría un fenómeno llamado Óscar Freire. Ganó tres mundiales pero no dejó de ser un outsider, porque nunca iba a ganar el Tour, ni la Vuelta. ¡Freire!

De momento, García Cortina es un chaval asturiano veloz, fuerte y prometedor. Ayer hizo un etapón, pero no pudo rematar ante dos ciclistas rapidillos -no más- como Thomas de Gendt (Lotto) y Jarlinson Pantano (Trek). La lección le valdrá, pero su reto no es solo ganar carreras, porque las va a ganar, sino cambiar la mentalidad de los aficionados, siempre más dispuestos a aplaudir una cabalgada por la montaña que una demostración de técnica, táctica y fuerza en una clásica.

Hoy, Contador buscará una nueva exhibición. Y una victoria para un ciclista de casa que no llega desde que David de la Cruz ganó en el Naranco en la undécima jornada de 2016. Han pasado 30 etapas y la sombra de 1996 es alargada.

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