Ciclismo | Vuelta a España

Il buco no es una ópera de Verdi

Yves Lampaert levanta el puño en la meta de Narbona, con su compañero Matteo Trentin celebrando la victoria tras él. El belga es el nuevo líder de la Vuelta. /AFP
Yves Lampaert levanta el puño en la meta de Narbona, con su compañero Matteo Trentin celebrando la victoria tras él. El belga es el nuevo líder de la Vuelta. / AFP

Lampaert gana la etapa y es nuevo líder gracias a una maniobra con el viento del Quick Step

IÑAKI IZQUIERDO

Monumento al clasicismo ayer en Narbona, magnífica ciudad donde el pirata Barbarroja descansaba entre incursión e incursión por el Mediterráneo. Ganó el belga Yves Lampaert poniendo la guinda a una maniobra de manual del Quick Step, que tuvo todo el sabor del viejo ciclismo. Contó con todos los elementos clásicos: el viento, la estrategia, la velocidad y la labor de equipo para que no ganara el más fuerte pero sí el mejor.

El equipo belga primero rompió la carrera en un giro a la izquierda a dos kilómetros de meta. Julian Alaphilippe aceleró y aprovechó el cambio del viento para conseguir la ventaja. De manual. A continuación, Lampaert se puso a tirar para preparar la llegada al hombre más rápido del grupo, su compañero Matteo Trentin. Pero a falta de un kilómetro, el belga traza con el cuchillo entre los dientes una curva a derechas y abre un pequeño hueco, dos o tres metros. El italiano, fruto de una cultura ciclista tradicional como la transalpina, ve la jugada al instante: ante sus ojos se abre il buco.

Il buco no es una ópera de Verdi. Los italianos utilizan esa expresión para definir el hueco que se produce en la preparación del sprint cuando uno de los corredores que tira se queda solo en cabeza por la razón que sea y sus compañeros, en vez de intentar recuperar su rueda, paran y dejan hacer al destacado. Lo habitual es que otro equipo reaccione y cierre el hueco (traducción literal de buco), pero por falta de atención, de organización o de lo que sea il buco se consolida y convierte al lanzador en ganador.

Justamente eso es lo que pasó ayer. Trentin se dejó ir al salir de la curva, provocó la duda y Lampaert se lanzó hacia la meta. Fue cuestión de un instante, pero a un kilómetro de meta era lo que el belga necesitaba. Daniel Oss (BMC) intentó defender el liderato para su equipo pero no pudo conectar y el maillot rojo es para el Quick Step.

Fue excelente la maniobra, porque a la dificultad propia de sorprender a un pelotón lanzado a dos kilómetros de meta se añade que no existía el factor sorpresa. Por una parte, la carrera venía jugando con el aire desde hacía bastantes kilómetros y, por otra, Quick Step ha realizado maniobras de este estilo más de una vez.

Sin ir más lejos, lo hizo en el Giro de este mismo año. Aquella vez fue más brillante. Si lo de ayer fue esencia en frasco pequeño, lo de Italia fue un monumental movimiento de Bob Jungels desde lejos que reventó el pelotón en una larga recta camino de Cagliari. Fue un abanico más puro. Como ayer, aquel día el movimiento le dio la victoria al equipo belga: en la capital de Cerdeña ganó Fernando Gaviria.

El vencedor de ayer, Yves Lampaert, es un buen corredor. Esta temporada se había impuesto en la clásica A Través de Flandes y en el campeonato de Bélgica contrarreloj. Tiene 26 años. Esta es la segunda carrera de tres semanas en la que compite. La anterior fue la Vuelta a España del año pasado, y acabó el 113º.

Nibali, el más atento

El abanico fue muy bueno pero no causó estragos al producirse tan cerca de meta. De todas formas, una vez más la clasificación confirmó cierta pautas que se repiten casi siempre. Vincenzo Nibali (Bahrain) fue el más atento y el único de los grandes que entró en el primer grupo de diez corredores. Sacó cinco segundos a Esteban Chaves (Orica) y ocho a un grupo donde entraron Chris Foome (Sky), Fabio Aru (Astana), Rafal Majka (Bora), Adam Yates (Orica) y Wilko Kelderman (Sunweb). Nibali recuperó así a Froome ocho de los 22 segundos que le metió en la crono por equipos.

Más atrás quedaron Romain Bardet (Ag2r) y Alberto Contador (Trek), que por unos motivos o por otros, siempre suelen ser los más perjudicados cuando se dan este tipo de situaciones. Se dejaron 13 segundos con el ganador. Solo cinco con Froome, poco, pero van sumando. El madrileño se va a los 31 segundos perdidos con el británico y el francés, a los 43. Con ellos dos llegaron Marc Soler (Movistar), Supermán López (Astana) y Simon Yates (Orica).

Hoy, montaña

Las diferencias son mínimas y ninguno de los favoritos ha sufrido percances, por lo que hoy llegan al primer contacto de la montaña en perfectas condiciones. La Vuelta deja Francia para poner rumbo a Andorra. Se pasarán tres puertos: el Col de la Perche (19,5 kilómetros de subida al 4,8% de media), el Coll de la Rabassa (13,3 al 6,8%) y el alto de la Comella (4,3 al 8,6%), los dos primeros de primera categoría y el tercero, de segunda, a siete kilómetros de la meta situada en Andorra la Vella.

Supone un cambio agresivo en el perfil, que puede aclarar la general, aunque solo es un aperitivo de la montaña que espera al pelotón de la Vuelta y que no empezará de verdad hasta las etapas andaluzas, dentro de dos fines de semana. La Rabassa es un puerto serio que no va a decidir, previsiblemente, el ganador de la Vuelta pero puede cobrarse alguna factura si algún favorito está peor de lo que cree.

Podría darse el caso de que Froome alcanzase el liderato y lo que hoy es tácito, su superioridad, se convirtiese en explícito. Dependerá de otro concepto clásico, de cómo asimile el personal el cambio de desarrollos.

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