Tour de Francia

El Vélodrome espera al campeón

El Vélodrome espera al campeón

Más de 60.000 espectadores llenarán el recinto, al que regresa la ronda gala después de 50 años

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

El Tour se decide este viernes en los 22,5 kilómetros de la contrarreloj de Marsella. Será un desenlace espectacular puesto que la rampa de salida y la línea de meta estarán situadas en el interior del estadio Vélodrome, donde juega el Olympique de Marsella. Más de 60.000 espectadores abarrotarán las gradas.

Debería de ser un baño de multitudes para Chris Froome (Sky), único candidato a la victoria final. La coronación definitiva será este domingo en París, peroeste sábado es el día en que se gana el Tour de Francia. Ni Romain Bardet (AG2R), segundo a 23 segundos, ni Rigoberto Urán (Cannondale), tercero a 29, deberían de inquietar al británico. Entre ellos se jugarán el segundo escalón del podio, con favoritismo para el colombiano.

Mikel Landa (Sky) partirá desde la cuarta plaza, a 1:36 del líder y a 1:07 del podio. A 1:13 del segundo puesto. Para subir al cajón en París debería recortar tres segundos por kilómetro a Urán o Bardet. Parece demasiado por mucho que el francés sea una calamidad contra el reloj. Cabe esperar que este viernes, en el día más importante de su mejor Tour, esté más atinado y pueda limitar la pérdida y asegurarse su segundo podio consecutivo. El año pasado fue segundo.

Es una contrarreloj sin más dificultades que la subida a Notre Dame de la Gare -1,2 km, al 9,5%-, justo en medio de una zona de curvas de regreso del puerto viejo, entre el kilómetro 10 y el 15. Lo demás, diez kilómetros iniciales junto al mar y otros tantos igual de llanos al final para entrar en el estadio.

Si Froome confirma este viernes su maillot amarillo, lo hará en un escenario con sabor a ciclismo. No será una excentricidad. Aunque este viernes es uno de los campos de fútbol más espectaculares de Europa, el Vèlodrome no es un escenario extraño para el ciclismo. El campo conserva su antiguo nombre, pero nada de su vieja fisonomía. Como su propio nombre indica, el Vélodrome fue un velódromo. Fue también un velódromo, porque desde su origen fue un estadio pensado para el fútbol que incluía una pista de cemento de 500 metros de cuerda. Al contrario de lo que les gustaría a los amantes del ciclismo y las bellas historias, el Vélodrome se inauguró en 1937 con un partido de fútbol, que ganó el Olympique de Marsella 2-1 al Torino. Pocos días después se organizó la primera prueba ciclista. La carrera inaugural la ganó el pistard local Antoine Pugliese, miembro de la nutrida comunidad italiana del barrio de Panier. En esa misma reunión, ante 30.000 espectadores, Louis Chaillot ganó la velocidad a Louis Gérardin, futuro amante de Edith Piaf.

El Tour llegó al Vélodrome por primera vez un mes después de su inauguración, el 13 de julio de 1937. Acogió el segundo sector de la undécima etapa (aquel año cinco etapa tuvieron dos sectores y hubo tres con tres), una contrarreloj por equipos desde Toulon. Ganó el equipo belga, formado por Gustave Danneels, Sylvère Maes y Félicien Vervaecke), pero el héroe de la jornada fue otro.

El primer ganador vasco

La primera vez que el Tour llegó al Vélodrome de Marsella el gran triunfador fue un corredor vasco, Roger Lapebie. Natural de Baiona, tuvo que hacer en solitario los últimos 30 kilómetros de la crono por los diferentes percances de sus compañeros del equipo de Francia. Pese a ello, solo cedió minuto y medio, una lucha clave para poder adjudicarse pocos días después la victoria final en el Tour de Francia, y ser el primer vasco en conseguirlo. Henri Desgrange, el patrón del Tour, decía que el de Baiona era «como un tractor».

El mismo día en que Lapebie ponía las bases para ganar su Tour, en la pista marsellesa se retiraba Gino Bartali. Un año más tarde, el toscano regresaba a este escenario para ganar la etapa por delante de Verbaecke y André Leducq y encaminarse a la victoria en su primer Tour.

La ronda gala llegó al Vélodrome por última vez hace 50 años, en 1967 (ganó Raymond Riotte) y la pista se desmanteló definitivamente en 1985, bajo el la presidencia de Bernard Tapie en el Olympique.

Queda, sin embargo, un recuerdo a su pasado ciclista, más allá del nombre. La enorme grada central enfrente de los banquillos, la más alta del estadio, se denomina tribuna Gana, en honor del corredor marsellés Gustave Ganay, subcampeón del mundo en 1926 que falleció tras una caída en el velódromo del Parque de los Príncipes ese mismo año. Ernest Hemingway, en ‘París era una fiesta’, describió así aquella caída: «Escuchamos quebrarse su cráneo, bajo su casco, como se rompe un huevo duro sobre una piedra en un picnic».

Los velódromos forman parte de la mejor historia del ciclismo. El Parque de los Príncipes, el Vigorelli de Milán, Atotxa y Anoeta han coronado a los más grandes. Ahora le toca a Froome en Marsella.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos