EL RELOJ MARCA 21 MINUTOS

LUCA CORSI

No ha habido muertos por falta de tiempo. Cien kilómetros y tres puertos de primera. Se nota en la salida que va a ser difícil llegar a meta. Cuchillo entre los dientes. No hay tiempo para poner pie a tierra y zanjar las diferencias a puñetazos. El fuera de control pende sobre nuestras cabezas.

La discusión intimida. Los jefes del grupetto no se ponen de acuerdo. Vamos descolgados en el primer puerto, a 75 kilómetros de meta. Nada más salir. Subimos a tope, tope. Hay que enlazar en el descenso como sea. La bajada es frenética, entre coches y motos. Ese rato no discuten. Empieza el segundo puerto. Los gritos se oyen desde Andorra. Que calculaste mal en Chambéry. Qué dices, si llegamos dentro del control. Sí, pero de milagro. Se van calentando. La polémica viene porque el día que Démare fue a la calle, el 'autobús' llegó a 37:26, dos minutos y 32 segundos antes del límite. De puro milagro, joder.

Subimos a toda velocidad. Los de cabeza ya nos llevan seis minutos. Echan números y calculan que el cierre estará hoy en unos 22. Así, no llegamos. Que sí. Que no. Me voy. Se lanza para adelante. ¿A dónde vas?, no seas imbécil, no rompas el grupo. Me da igual. Cuantos más seamos más fácil será llegar y, si no llegamos, más fácil que nos repesquen a todos, si entramos de uno en uno vamos todos a la calle... No escucha, ya va veinte metros por delante. En meta lo mato, oigo.

Seguimos a tope. En la cima de Agnes no hay tiempo ni para coger el chubasquero, empapados de sudor y en manga corta, para abajo. A tumba abierta. Madre del amor hermoso, qué manera de bajar. El miedo es esto. Aún queda el último puerto. Voy reventado, pero no me puedo quedar, no cede nadie. Llego arriba mareado del esfuerzo y queda la bajada, 30 kilómetros.

Lo anterior ha sido un paseo. No entiendo cómo puedo ir tan rápido. Para este infierno, casi me convenía más ir en el grupo de cabeza. Llegamos a Foix limando las aceras. El reloj marca 21 minutos. Estamos dentro.

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