Tour de Francia

Peter Sagan, expulsado del Tour tras cerrar contra las vallas a Cavendish de forma temeraria

Cavendish choca contra las vallas en el momento en que Sagan saca el codo y le cierra el paso, mientras Kristoff lanza el sprint y Démare, a su rueda, espera su momento para remontar y ganar. / EFE

«Sí, ha sido un poco por mi culpa. Quería coger la rueda de Kristoff. Mark ha venido desde atrás y me ha intentado superar por la derecha. No he tenido tiempo de hacerme a la izquierda para evitarle»

IÑAKI IZQUIERDO

Borrón en el historial de Peter Sagan (Bora), autor de una maniobra antideportiva y peligrosa en el sprint de Vittel que acabó con Mark Cavendish (Dimension Data) en el hospital y con el campeón del mundo expulsado del Tour. No le salvaron ni sus galones (el maillot de campeón del mundo), ni su inigualable tirón popular, ni el poder omnímodo del Tour, más grande que cualquier circunstancia. Ni que Cavendish se llevase un golpe de impresión, pero no quedase herido grave. Pese a todos esos asideros a los que podían agarrarse, los jueces decidieron no indultar a Sagan. Fueron duros, pero justos.

El presidente del jurado, Philippe Marien, explicó la decisión: «Fue una larga discusión. No era fácil. Estamos al principio del Tour y antes de comenzar avisamos a los sprinters de que vigilaríamos muy de cerca cada llegada. Es lo que hemos hecho. Es el momento de colocar los límites. El artículo 12.1.040 dice que el jurado puede enviar a un corredor a casa si comete una infracción grave. Aplicamos este artículo porque consideramos que lo es. No importa que se llame Sagan, la descalificación está justificada».

Los protagonistas

Minutos antes de conocer su expulsión, se le vio afectado al campeón del mundo, que corrió al autobús del Dimension Data para interesarse por su rival. A Sagan no se le recuerda ningún gesto antideportivo de este estilo ni de ninguna otra clase, más bien todo lo contrario. Es un deportista ejemplar. Sin embargo, ayer se le cruzó el cable.

Acababa de cometer un error importante al dejar pasar entre él y las vallas a Arnaud Démare y cuando intuyó la presencia de alguien más (no pudo ver que era Cavendish, como mucho sentir una sombra) hizo un gesto instintivo de sacar el codo. Involuntario. Sin intención de hacer daño, segurísimo. Pero temerario. Pudo causar una desgracia. En ese momento, en un sprint lanzado, los ciclistas pueden ir a sesenta o setenta kilómetros por hora. Una caída contra las vallas a esa velocidad puede ser fatal. Motivo suficiente para expulsar de la carrera a cualquiera. Demasiado sucio hasta para Peter Sagan. A la calle.

El eslovaco se explicó así: «Sí, ha sido un poco por mi culpa. Quería coger la rueda de Kristoff. Mark ha venido desde atrás y me ha intentado superar por la derecha. No he tenido tiempo de hacerme a la izquierda para evitarle. Así es el sprint, pero estoy desolado por lo que ha pasado. Le pido disculpas a Mark, porque no es bonito lo que ha sucedido».

Figura central del ciclismo

Posiblemente, Sagan tenga que aguantar hoy duras críticas, algunas fuera de lugar. Su expulsión no cambia su figura central en el ciclismo actual, donde puede reclamar con justicia la condición de número uno. Es el mejor ciclista del mundo y el más importante para este deporte, su cara brillante y atractiva, el que le quita el olor a cerrado. Se equivocó, pidió perdón y punto. Hasta ahí. Sagan era un fenómeno ayer antes de las cinco de la tarde y lo sigue siendo hoy.

Por suerte, Cavendish -que arrastró en su caída a Degenkolb (Trek) y a Ben Swift (UAE)- no sufrió lesiones demasiado graves. El choque recordó de alguna manera al de Laurent Jalabert en Armentieres en 1994. En aquella ocasión, el francés chocó contra un gendarme que estaba haciendo fotos, pero el golpe contra las vallas no fue muy diferente. Aquella caída fue mucho más grave y Jalabert, protegido solo por una chichonera de las que se usaban entonces, sufrió lesiones importantes y no pudo volver a la competición hasta la temporada siguiente.

Hace pocos días, el ciclista de Leaburu Jon Irisarri (Caja Rural), que ha ejercido de lanzador de su compañero Page en más de una carrera, explicaba con precisión en estas páginas cómo se vive un sprint desde dentro: «Claro que se ve el peligro. A veces pasas por un sitio y te preguntas cómo es posible que no nos hayamos caído todos. A 50 o 60 por hora el riesgo es evidente y las consecuencias de un accidente, imprevisibles, pero es nuestro trabajo. Te pega uno por detrás, te meten el manillar, vas limando con el de delante, con los bordillos... con todo. No me gusta esa tensión, pero a los sprinters les pasa lo contrario. A más peligro, más a gusto. Se van creciendo. Pero hay una cosa clara en esas situaciones: no se frena. A los sprinters no les importa. Si se caen, mala suerte». Es difícil explicar mejor y con más claridad.

Precedentes

No es frecuente expulsar a un corredor, aunque los sprints suelen ser un territorio sin ley. Se ven maniobras arriesgadas a diario y las caídas no son raras. Sin embargo, la alucinante habilidad y dominio de la bici de los velocistas suelen evitar males mayores. Las cerradas contra las vallas suelen acabar en una discusión subida de todo entre los implicados nada más cruzar la línea de meta y, ocasionalmente, con una sanción al infractor desplazándole al último puesto del grupo. Una expulsión fulminante es rara, pero también lo es un accidente como el de ayer.

De todas formas, Sagan no es el primer sprinter que va a la calle en una carrera. Es algo que puede pasar cuando se va tan al límite y se intenta pasar por donde sea. En el Tour los precedentes más cercanos fueron en 1997, cuando Tom Steels fue a la calle por lanzar un bidón a Frédéric Moncassin en pleno sprint, y en 2010, cuando Mark Renshaw, lanzador de Cavendish, apartó a cabezazos a Julian Dean.

Gana Démare

Este incidente empañó la victoria de Arnaud Démare (FDJ), la primera de su carrera en el Tour de Francia y vestido con el maillot de campeón de su país, además. El corredor Beauvais, de 25 años, habría ganado la etapa de todas formas.

Démare, en medio del caos, explicó la situación: «Es simple. Cuando sprintamos, se pierde la lucidez en gran medida y no está claro hacia dónde vamos. Te la juegas mucho en el posicionamiento. Si te colocas mejor, tocas el freno menos». Sobre el accidente en concreto, dijo que se veía venir: «A 600 metros de la llegada ya ha habido otra caída y ya veía que el sprint iba a ser muy sucio».

Fue un accidente, pero son gajes del oficio. Cavendish volverá y se la volverá a jugar por huecos imposibles. Sagan volverá a sprintar y pasará por donde sea. Y lo mismo Démare, Greipel, Kittel y los demás. Y, como dice Jon Irisarri, «si se caen, mala suerte». Los jueces acertaron. Pero no pasa nada. Próxima cita, mañana en Troyes. Otro sprint a cara de perro. Sin miedo. Sin contemplaciones. La suerte suprema del ciclismo.

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