Tour de Francia

Froome, a un paso de la leyenda

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El corredor británico ha ganado su cuarto Tour y queda a un triunfo de Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Chris Froome (Sky) ya está a rueda de Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. El británico ha conquistado este domingo su cuarto Tour de Francia y delante de él ya solo está la leyenda. A los 32 años, volverá a Francia para buscar una nueva victoria que le sitúe al lado de las cuatro máximas fuguras de la historia de la carrera.

El líder del Sky ha ganado su Tour más sutil, en el que menos ha exhibido la superioridad que tradicionalmente adorna a los ganadores en parís. Ha sido una victoria de cirujano, milimétrica. Ha jugado en en límite de los segundos desde el primer día, la contrarreloj de Düsseldorf, hasta el penúltimo, la crono de Marsella. En ningún momento de este Tour ha llegado a tener más de un minuto de ventaja sobre su más inmediato perseguidor. Es la primera vez en sus cuatro victorias en que ha perdido el maillot amarillo -se lo quitó Fabio Aru (Astana) dos días-. También es la primera vez que gana el Tour sin ganar ninguna etapa (de hecho, en 2017 solo tiene una victoria: la general del Tour). Pero una vez más ha mostrado su cara más implacable: todos los Tours que ha terminado desde su primera victoria en 2013 los ha ganado.

Si el año que viene vuelve a ganar, la historia tendrá que buscarle un sitio en los libros. Es un campeón difícil de clasificar. Cuando llegó Miguel Indurain, enseguida se le catalogó como un ciclista de la estirpe de Jacques Anquetil: elegante, gran contrarrelojista y generoso con los rivales. Hinault fue un digno sucesor de Merckx. Si uno era el ‘Caníbal’ el otro era el ‘Caimán’. Ganaban en todas partes.

Pero Froome es un electrón libre. En primer lugar, no es heredero de ninguna de las escuelas tradicionales del ciclismo, al revés que los cuatro grandes que le preceden. De hecho, ni siquiera pertenece a la factoría inglesa, formada en los velódromos. Él nació en Kenia y se formó en el centro de alto rendimiento de la UCI en Suiza. Es un outsider absoluto.

En cuanto a su forma de correr, es camaleónico. Reventó dos Tours subiendo, uno bajando y este último lo ha ganado a la defensiva. No hay un estilo Froome. Los libros de ciclismo fijarán dentro de unos años cuál es su posición exacta dentro del grupo de los grandes campeones del Tour. Porque Froome es el Tour. Su palmarés es como un mecanismo de relojería, que marca las horas previas a la carrera francesa. Se repiten las victorias en Romandía y Dauphiné, y poco más. Y después del Tour, lo que puede recoger en la Vuelta a España. Esa es una diferencia con los cuatro grandes que le preceden en París. Los cuatro ganaron el Giro y todos menos Indurain se adjudicaron también la Vuelta. Eran otros tiempos.

El quinto del Sky

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El cuarto Tour de Froome es también el quinto del equipo Sky, que ha cambiado la fisonomía del ciclismo en los últimos años. El equipo inglés ha instaurado las grandes estructuras, los métodos científicos y las nuevas tácticas en un deporte tan tradicional como este.

Filias y fobias a un lado, no cabe duda de que los equipos anglosajones han dado una vuelta a la forma de hacer las cosas, y el Sky es su punta de lanza. También es verdad que con sus presupuestos millonarios han llevado al ciclismo a unas dimensiones casi imposibles para sus feudos tradicionales. Solo Francia empuja con fuerza. Bélgica y Holanda resisten, Movistar es una isla y en Italia no hay ningún equipo World Tour. Alemania es pujante y el dinero empieza a fluir también desde el Golfo Pérsico. Los ingleses se han movido bien en esa ampliación de horizontes, por su falta de complejos y la ausencia de reparos para cambiar.

El Sky, con presupuesto desconocido, ya tiene cinco Tours, pero el primero sigue siendo el má simportante: el de Bradley Wiggins. Sin aquella victoria no habría venido lo demás, porque Wiggins es Inglaterra y eso es lo que vende este equipo. También allí tienen que situar todavía a Froome. Si es uno de los suyos o solo en parte.

La hora de Landa

Este Tour también ha servido para que Mikel Landa (Sky) haya decidido que ha llegado su hora. Quiere ser único líder y elegirá equipo en función de esa exigencia. Correrá donde tenga todos los galones. Y se presentará en la salida para desafiar a Froome. En breve se conocerá el nombre de su nuevo equipo y en ese momento se sabrá por dónde puede ir el año 2018.

El alavés, cuarto en el Tour a un solo segundo del podio, cree que está preparado para dar ese salto, el más difícil en cualquier deporte. Siempre es mucho más sencillo pasar del décimo puesto al segundo que del segundo al primero, pero talento y carácter no le faltan, así que lo va a intentar.

Sin embargo, la gran amenaza para el quinto Tour de Froome no parece Mikel Landa sino Tom Dumoulin (Sunweb). Ganador del Giro y formidable contrarrelojista -derrota con asiduidad al británico en esa suerte- el año que viene estará en Francia.

Landa, sin embargo, tiene algo intangible que le convierte en candidato a todo: magia. Está tocado por ese don y si un corredor así atraviesa un momento de inspiración es capaz de cualquier cosas. El de Murgia habrá perdido el podio porun segundo, pero si un día gana el Tour no lo hará por un segundo, lo hará a la tremenda, reventando la carrera en alguna parte y dejando restos de sus rivales esparcidos por la cuneta. Es un mago, de la estirpe de Pantani o Contador.

Chris Froome tiene 32 años y aunque ya no parece tener la superioridad sobre sus adversarios de otras temporadas, su inteligencia en carrera ha quedado más que demostrada. Ha manejado el Tour con precisión milimétrica. Ha sido el mejor, sin discusión.

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