Tour de Francia

Al final del camino se eleva el Izoard

Un abanico ha roto en tres el pelotón de cabeza en los últimos 15 kilómetros. :: /AFP
Un abanico ha roto en tres el pelotón de cabeza en los últimos 15 kilómetros. :: / AFP

El Tour se adentra este miércoles en los Alpes, con dos etapas que recorrentodos los puertos míticos

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

«Los campeones pasan solos por la Casse Déserte», decía Louison Bobet. Así lo hizo él mismo en 1953, camino de su primer maillot amarillo y de su primera victoria final en el Tour de Francia. La Casse Déserte, en palabras de Jacques Goddet un «paisaje torturado de planeta marciano», es el tramo final despojado de toda vegetación de la subida al Izoard, el último puerto de los Alpes en este Tour. Por primera vez en la historia, su cima acogerá la meta de una etapa.

Pero para llegar hasta allí arriba, a 2.360 metros, primero hay que pasar por Croix de Fer, Télégraphe, Galibier (este miércoles) y Vars (jueves). ¿Quién será ese campeón que recorra en solitario la Casse Déserte hacia la victoria en el Tour de Francia de 2017? ¿Froome? ¿Aru? ¿Bardet? ¿Nadie?

A Louison Bobet, en la Casse Déserte le esperaba Fausto Coppi. De paisano, junto a la Dama Blanca. El campionissimo -ganador del Tour anterior- fotografió el paso del corredor francés. Solo al comando, como él. En la Casse Déserte, 2.182 metros de altitud, hay un obelisco con dos mármoles en su base. Uno homenajea a Coppi. Otro, a Louison Bobet. En ese territorio mítico se va a decidir este año el Tour.

La carrera se adentra este miércoles en los Alpes y lo hace en pelotón. No será fácil que ninguno de los favoritos pueda cumplir con la exigencia de Bobet y atraviese solo ese paisaje torturado que, continúa escribiendo Goddet, «permite consagrar la grandeza de un ser humano, minúsculo ante el paisaje de la arenisca gigantesca y la aspereza monumental de sus monolitos de piedra».

En un Tour marcado por la igualdad, con los cuatro primeros en 29 segundos, nada anuncia una cabalgada triunfal de nadie por los gigantes alpinos, más bien una guerra de guerrillas en busca de un puñado de segundos antes de la crono del sábado en Marsella, donde Froome puede arrollar a sus rivales.

Sin embargo, el menú de puertos y su sonoridad inigualable -Croix de Fer, Télégraphe, Galibier, Vars e Izoard- pueden inspirar a cualquiera. Y un día de inspiración en un gigante de esos puede bastar para reventar la carrera.

Números que asustan

La etapa de este miércoles afrontará en primer lugar la Croix de Fer, 24 kilómetros de subida al 5,2%. De allí la carrera se dirigirá al Télégraphe, 12 kilómetros al 7,1%. Y sin apenas bajada, el coloso Galibier: 18 kilómetros al 6,9%. Los ocho últimos, terroríficos.

De la cima del Galibier, a 2.642 metros, por donde el Tour ha transitado en 58 ocasiones, la etapa descenderá a Serre Chevalier. Este Tour de ideas renovadas ha preferido buscar las metas en el valle antes que en las cimas, para que saber descender también sea un factor en la lucha por la victoria.

Este jueves, nueva ración clásica de los Alpes, con Vars e Izoard. Vars es un primera corto pero muy duro, nueve kilómetros al 7,5%. Y el remate final será la subida al gigante Izoard. Nunca ha terminado una etapa en su cima, aunque el Tour ha transitado 34 veces por allí. La meta estará situada en la cota 2.360, lo que significa que será la tercera llegada a más altitud de la historia del Tour después de la del Galibier (2.645 metros) en 2011 y la del Granon (2.413) en 1986.

Es el terreno que les queda, sobre todo a Romain Bardet y a Fabio Aru, los dos mejores escaladores del grupo de favoritos. A Froome le basta con que todo siga igual para sentenciar el sábado en la crono de Marsella. A Rigoberto Urán (Cannondale) también, en su caso para subir a un podio impensable hace solo dos semanas.

Es tanta la igualdad que cualquier desenlace es posible. Un ataque puede significar la gloria o el hundimiento, tan fina es la línea que separa el triunfo de la derrota en esta carrera infernal. Ganar es poco, ser grande lo es todo. Lo dijo Víctor Hugo. Lo oyen Aru y Bardet en su duermevela en el hotel.

Ni un día de tregua

La carrera llega igualada a los Alpes, como si no hubiera pasado nada hasta ahora. Sin embargo, los ciclistas están al límite de su resistencia. Ha sido un Tour de locos, muy rápido y con una tensión inusitada al carecer de un patrón que ordene la carrera. El Sky no ha podido amarrar el pelotón ni imponer su autoridad y eso ha convertido cada etapa en un campo de batalla.

Ni este martes ha habido tregua. La amenaza de los Alpes, tan real y cercana, no se ha traducido en una etapa de transición sino en una alocada carrera hasta la meta. Primero, porque Michael Matthews (Sunweb) quería evitar que Marcel Kittel (Quick Step) disputase el sprint. Eso ha derivado en más de cien kilómetros a tope para asegurarse que el maillot verde no recuperaría el terreno perdido en un puerto de tercera.

Cuando este asunto estaba zanjado, ha aparecid el viento y con él los abanicos, lo que unido a una caída de Jarlinson Pantano (Trek) y Axel Domont (AG2R) ha roto el pelotón de cabeza a unos 15 kilómetros de meta. De ahí hasta el final no ha sido correr, ha sido volar. Contador (Trek) se ha quedado en el tercer grupo y ha perdido 1:33; Daniel Martin, en el segundo y ha perdido 51 segundos y el quinto puesto de la general.

Después de 16 etapas, la general está más apretada de lo que estaba después de la primera etapa. Tras la contrarreloj de Düsseldorf, 14 kilómetros, Froome aventajaba en 39 segundos a Bardet, en 40 a Aru y en 49 a Urán. Este miércoles, después de 16 etapas y más de 2.500 kilómtros, saca 23 segundos al francés, 18 al italiano y 29 al colombiano. Los tres están más cerca que el primer día. Así es este Tour.

La segunda de Matthews

Después de la locura que se ha vivido durante la etapa, Matthews ha cum plido el pronóstico y ha sidoel más rápido. El sprint del australiano ha sido legal pero sucio. Sin llegar a cerrarle, ha ido metiendo a Degenkolb (Trek) contra las vallas. El alemán no ha visto claro el camino para intentar remontar y ha protestado. Tenía algo de razón, pero no toda, así que las cosas se han quedado como estaban.

Es la segunda victoria de etapa para el corredor del Sunweb, que reabre la lucha por el maillot verde con Kittel, que este martes no ha sumado ningún punto, descolgado desde el principio. Este miércoles el sprint intermedio está después del puerto de segunda y Matthews puede seguir recortando ventaja. A Kittel le quedan el sprint intermedio del jueves, al que no tendrá fácil llegar en cabeza, la etapa del viernes y París. Debería ser suficiente para el alemán, pero el australiano va a presentar batalla.

Ha llegado la hora de la verdad en este Tour. Froome es el líder y el máximo favorito. Los grandes clásicos de los Alpes dictarán sentencia.

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