Tour de Francia

El cielo es de los contrarrelojistas

Froome, Bardet y Urán llegaron juntos a la meta del Izoard. Son los tres favoritos para el podio de París. / AFP

El Izoard no decide nada y Froome ganará el Tour gracias a las dos etapas cronometradas

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Desde la cima de Izoard el cielo se ve muy cerca. Y el cielo es de los contrarrelojistas. Chris Froome (Sky) cerrará este viernes el triunfo en su cuarto Tour de Francia. Lo hará en Marsella, en la segunda contrarreloj de la carrera, un paseo urbano de 22 kilómetros sin más dificultad que la subida ala catedral de Notre-Dame de la Garde, patrona de la gente del mar.

El británico habrá ganado la carrera en dos etapas minúsculas en comparación con la grandeza de la jornada de este jueves, sin ir más lejos. O de la del miércoles, con el gigante Galibier. En los pírricos 14 kilómetros de Düsseldorf y los 22 de mañana asentará una nueva victoria en la carrera más grande del mundo.

Dos meses después de que Tom Dumoulin ganase el Giro que subió dos veces al Stelvio en la contrarreloj de Milán, el Tour de Francia también se va a decidir en esa modalidad. Lo ganará Froome, a no ser que otro buen contrarrelojista como Rigoberto Urán (Cannondale) haga la carrera de su vida. El colombiano está a 29 segundos del británico. Demasiados en una carrera tan cerrada. Para el tercer escalón del podio quedará Romain Bardet (AG2R), a 23 del líder pero un desastre contra el crono. Cuarto es Landa, a 1:13 del francés. Demasiado para remontar. Equivaldría a recortar casi cuatro segundos por kilómetro. Fabio Aru (Astana) queda ya a casi dos minutos tras volver a flaquear este jueves. Se le ha hecho largo el Tour al italiano.

En Düsseldorf, Froome sacó 39 segundos a Bardet y 49 a Urán. Landa perdió 56 sobre su jefe. Haciendo una proyección sobre los 22 kilómetros de este viernes, Froome sacaría 59 a Bardet, 1:15 a Urán y 1:25 a Landa, más o menos. La referencia no es muy válida, porque el colombiano aquel día ni soñaba con disputar la victoria en el Tour y corrió solo para no caerse en las calles mojadas de la ciudad alemana. El viernes competirá con el cuchillo entre los dientes para ser el tercer colombiano en subir al podio de París, tras Fabio Parra (1988) y Nairo Quintana (2013, 2015 y 2016). Lo tiene en su mano.

Ciclismo defensivo

A Chris Froome no se le puede negar el mérito. Tras su estilo feo y su querencia a mirar al suelo hay un ciclista de verdad. Ganó tres Tours al ataque, destrozando a sus rivales con un golpe certero, y va a ganar el cuerto corriendo a la defensiva. Si en lugar del Tour gana el Giro, el mismísimo Giovanni Trapattoni, padre del catenaccio, se habría acercado a Milán a darle un abrazo.

Este jueves ha dominado la subida al Izoard con suficiencia. No ha querido saber nada de la leyenda que obliga a los campeones a pasar solos por la Casse Déserte. Eso son viejos cuentos. Este jueves, en una televisión Miguel Indurain ha reconocido que se enteraba en ese mismo momento de que en el Izoard hay un monumento a Louison Bobert y a Fausto Coppi. Los campeones se dedican a ganar. La historia la escriben los periodistas (el ciclismo es un deporte popular y tiene que ser contado por un oficio modesto). La leyenda la levanta la memoria de los aficionados. Quién sabe en qué lugar dejará el tiempo a Froome. Eso no le importa ahora, lo que le importa es llegar de amarillo al París el domingo.

El británico ha pasado un mal momento en Peyragudes, pero su recuperación ha sido sensacional. Sin ningún margen, con los rivales encima, ha sabido gestionar el tiempo y ha conseguido llevar la carrera a su terreno, la contrarreloj. Lo mismo se puede decir de Urán, autor de una carrera a la defensiva sin concesiones. No ha arrancado ni una vez. No ha intentado abrir hueco, sabedor de que Marsella le espera. Llega a medio minuto del líder y puede conseguir el mejor resultado de su carrera, el que ratificará su condición de ‘padre’ de la actual generación de ciclistas colombianos. Con Quintana en horas bajas, Chaves desaparecido, Henao en acto de servicio, Supermán López lesionado y Egan Bernal haciéndose, el patriarca ha asumido la responsabilidad y acabará en el podio.

Bardet se queda corto

Romain Bardet ha sido la pequeña decepción de la etapa, porque se ha quedado corto. Ha puesto a su equipo a trabajar y el AG2R ha respondido. Como camino de Peyra Tallade, el domingo. El conjunto francés ha hecho la criba, los relevos de sus hombres han sido académicos y cuando se ha apartado el último gregario... Bardet ha mirado a derecha e izquierda y se ha dejado caer. Era su momento de gloria, el de todo o nada, el de Vive la France! y que sea lo que dios quiera.

Sky ha tomado la cabeza y ha vuelto a imponer el pragmatismo. Un murmullo de decepción se ha escuchado entre los aficionados. El equipo inglés ha conducido la carrera rápido hacia arriba, pero sin exageraciones. Hasta Fabio Aru ha vuelto a entrar. Esa carrera valía a todo el mundo menos a Romain Bardet, que bastante tendrá con salvar el podio a no ser que mejore mucho contra el reloj entre este viernes y sábado. Ha sido el turno del francés, en una montaña mítica como el Izoard, y ha vuelto a quedarse corto.

Tras quitarse Kwiatkoski, Mikel Landa ha asumido la dirección del grupo. Como va sin cadena, a la salida de una curva se ha quedado solo en cabeza y ha tirado para adelante. Froome ha contemporalizado detrás. Ni Bardet ni Urán se han movido. Justo antes de llegar al descanso previo a la Casse Déserte, ha sido Froome el que ha hecho una de sus arrancadas con el molinillo. Ha atrapado con facilidad a Landa y ha obligado a un esfuerzo extra a Urán y Bardet. Ha sido el colombiano el que ha cerrado el hueco en el momento crítico. De ahí hasta arriba, poca cosa. Landa ha pagado el esfuerzo y Uran ha arañado dos segundos de bonificación para ser segundo con esa distancia sobre Bardet.

Froome no ha levantado los brazos al cielo del Izoard por prudencia, pero la ocasión lo merecía. Esta naturaleza terrible no ha conseguido separar el grupo, no ha hecho distingos entre el ganador y los demás. Más arriba del Izoard no hay nada. Solo el cielo. No se pueden buscar montañas más altas ni más grandes. El Stelvio no decidió el Giro.

Este viernes la carrera descenderá hacia el sur. Desde los Alpes centroeuropeos a la costa mediterránea. La catedral de Milán decidió el ganador del Giro. La iglesia de Notre-Dame de la Garde, con su estilo orientalizante, bizantino, bendecirá al ganador del Tour. Después de dos semanas entre montañas, la patrona de los marineros consagrará a Chris Froome.

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