Bonificaciones intermedias, equipos de ocho corredores, cumbres inéditas...

El Tour de 2018 sigue un esquema clásico, pero tiene suficientes novedades como para que puedan producirse situaciones inesperadas

I. I. SENPERE.

El Tour de Francia de 2018 tendrá un esquema clásico, con pasos tremendos por los Alpes y los Pirineos que pueden definir la carrera. La dureza sube de forma exponencial y los escaladores tendrán la oportunidad de desafiar a Froome, el mejor en todos los terrenos los últimos años.

En 2018 volverá a la salida al frente del equipo más fuerte, el Sky, pero en esta ocasión contará con siete lugartenientes. Se reduce el número de corredores por equipo y por primera vez en treinta años serán de ocho en lugar de nueve. Eso obligará a los directores a afinar con el diseño de las formaciones, acostumbrados a un equilibrio entre rodadores y escaladores muy consolidado en el tiempo. Ahora, la manta no llegará para tapar a la vez la cabeza y los pies. Habrá que elegir.

Para un Sky muy acostumbrado a llevar el peso de la carrera y un Froome muy partidario de apoyarse en sus compañeros y aprovechar su enorme calidad también tendrá que adaptarse. Esta reducción de corredores por equipo se aplicará en todas las carreras, no solo el Tour. Ya ha provocado la queja del sindicato de ciclistas, que lo ven como una amenaza de desaparición de puestos de trabajo.

Otra novedad del próximo Tour serán las bonificaciones intermedias. Serán de tres, dos y un segundo en puntos claves de las etapas de la primera semana. Se busca ganar competitividad. Se mantienen los diez, seis y cuatro en meta.

Pero, sin duda, la novedad que más peso puede tener es la inclusión de nuevas cimas. En los Alpes, se subirán Glières, con dos kilómetros sin asfaltar, y a La Rosière, inédita en el Tour pero que se ha ensayado en dos ocasiones en el Tour del Porvenir. En los Pirineos, la subida al Portet, en la etapa de Saint-Lary, ya infunde respeto, si no miedo. Sus 16 kilómetros al 8,7 % de media y su altitud superior al Tourmalet culminarán la etapa más atípica de todas, con una distancia de solo 65 kilómetros.

Si a eso se añade el pavés, que solo hay una crono individual y una primera semana con clásicas más que etapas, el menú del Tour 2018 tiene de todo.

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