Tour de Francia

Alemania regresa al ciclismo

Tony Martin, ayer en el centro de Düsseldorf. El alemán es favorito para vestirse hoy de amarillo en la contrarreloj. / REUTERS

Una victoria de Tony Martin en la crono inaugural del hoy sellaría la vuelta del país de Rudi Altig a la primera línea de este deporte

IÑAKI IZQUIERDO SAN SEBASTIÁN.

Alemania regresa al ciclismo. Después años de una relación tumultuosa, el país ha levantado el cordón sanitario que mantenía con este deporte por la sucesión de escándalos de dopaje de los últimos lustros y Düsseldorf, su ciudad más chic, más ligera, recibe entusiasta al Tour de Francia. Ayer, el centro de la capital de Renania del Norte-Westfalia y las carreteras de los alrededores se llenaron de aficionados ávidos de seguir en sus bicicletas a los héroes de la Grande Boucle en sus entrenamientos previos a la contrarreloj (14 kilómetros) que hoy lanza la 104 edición de la ronda francesa.

La fiesta será completa si, como está previsto, Tony Martin (Katusha) gana la crono. El campeón del mundo de la especialidad no es un alemán occidental, es de Cottbus, junto a Polonia, pero el público local no alberga dudas sobre su favotismo.

No hay nadie como los alemanes para afrontar el sentimiento de culpa. Revisan su pasado sin autoindulgencia. Son duros. Su moral calvinista funciona al revés que la laxitud tradicional de los europeos meridionales. El catolicismo se basa en el perdón de los pecados y quien actúa mal durante toda su vida pero se confiesa antes de morir, entrará en el cielo. Así hay más manga ancha. Al final, todo tiene arreglo. En cambio el calvinismo excluye la confesión y dicta que Dios ayuda a quien se ayuda a sí mismo, o sea, que hay que dar el callo cada día.

La moral calvinista del país no admite el olvido y Jan Ullrich no ha sido invitado a la salida

Por eso, aunque Alemania, el país de Rudi Altig, vuelve a abrazar la religión del ciclismo, no reparte indulgencias. La organización no ha invitado a la salida a Jan Ullrich, çunico ganador alemán del Tour (1997). Ni que se cumplan veinte años de su victoria ha ablandado el corazón de los responsables del ciclismo teutón.

Ha costado llegar hasta aquí. En 1987, con el Muro en pie, la salida se dio en Berlín. Diez años más tarde Ullrich ganó en París y diez después la televisión alemana dejó de retransmitir el Tour asqueada por los escándalos de dopaje. En un país en el que no se bromea sobre la moral, los patrocinadores huyeron. En 2001, Alemania organizaba veinte carreras profesionales. Hoy quedan cinco y solo dos en el WorldTour, Frankfurt y Hamburgo.

La salida del Tour de Düsseldorf parece marcar el regreso de uno de los países clásicos del ciclismo -aunque nunca puntero- al circuito internacional. La pujanza económica del país podría servir de cimiento para un deporte sin gran fortaleza estructural como el ciclismo. De hecho, dos equipos alemanes están en el World Tour, el Bora del campeón del mundo Peter Sagan y el conjunto de Tony Martin, cada vez más Alpecin y menos Katusha ruso. Italia, por ejemplo, no tiene ningún conjunto en el World Tour y Movistar está solo al sur de los Pirineos.

Todo está preparado, por tanto, para que un alemán vuelva a vestir de amarillo esta tarde. No hay muchos candidatos a aguar la fiesta a Tony Martin, pero Primoz Roglic (Lotto-Jumbo) puede ser uno de ellos. El exsaltador de esquí esloveno ha ganado tres de las últimas cuatro cronos que ha corrido (País Vasco, Romandía y ZDL). Solo perdió en el Algarve ante el campeón de Europa, Jonathan Castroviejo (Movistar), y Martin. Hoy se repite el duelo en Düsseldorf.

Froome, al frente

Chris Froome (Sky) saldrá el último en la contrarreloj de hoy y es el gran favorito para llegar el primero a París. Busca su cuarto Tour, una cifra que solo han alcanzado los cuatro ciclistas que suman cinco victorias en la ronda francesa: Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain.

El británico se presenta en la salida después de su peor temporada desde que lucha por ganar el Tour. No suma ninguna victoria y no ha brillado en ninguna carrera. «Confío en Froome por su trayectoria y su forma de correr, no por lo que ha hecho este año». Las palabras de Abraham Olano resumen el sentir general.

Por méritos en 2017, Richie Porte podría ser la principal alternativa. Lleva ganando todo el año, siempre ha estado bien y en el Dauphiné reventó la crono, que en el ciclismo moderno es donde se abren las distancias. De todas formas, este Tour tiene pocos kilómetros contrarreloj, menos de 40.

Con una montaña también rebajada, la organización busca un Tour de guerrillas, de escaramuzas, de ataques en los descensos, en el llano y hasta en el avituallamiento si hace falta. Francia sueña con un triunfo de Romain Bardet (AG2R) que venga a relevar en el palmarés a Bernard Hinault, último ciclista galo en ganar el Tour. Aquello sucedió en 1985, hace 32 años.

Queda la opción del talento. La opción Nairo Quintana (Movistar). Después de correr el Giro y llegar segundo a Milán, ahora afronta el Tour con su hermetismo habitual. Su rostro no refleja nada. Su territorio pueden ser los gigantes alpinos, una sucesión de puertos que suena a poema: Croix de Fer, Télégraphe, Galibier, Vars, Izoard.

Aquel será otro Tour. El que hoy arranca en Düsseldorf es el del frío, el trabajo bien hecho y la puntualidad. Dentro de tres semanas será el Tour de la épica y las hazañas, si es que aún quedan héroes.

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