Ciclismo

El todopoderoso equipo Sky atraviesa su peor momento

El positivo de Froome se une a la presión que ha sufrido en su país por el uso de autorizaciones terapéuticas por parte de Bradley Wiggins

I. I. SAN SEBASTIÁN.

El equipo Sky desembarcó en el ciclismo en 2010 con todos sus conocimientos, sus nuevos métodos, su pragmatismo, su dinero y una arrogancia que el viejo ciclismo nunca le ha terminado de perdonar, pese a sus indiscutibles aportaciones a la modernización de este deporte.

El positivo de Chris Froome llega en el peor momento para la formación inglesa, envuelta en problemas en su país a cuenta del uso de las autorizaciones terapéuticas fundamentalmente con Bradley Wiggins, el primer ciclista británico en ganar el Tour de Francia. Lo logró en 2012.

El mánager de la formación, Dave Brailsford, es un auténtico gurú. Desde el primer día, hizo de la transparencia su razón de ser. Por eso no fichó a David Millar, por entonces el mejor ciclista británico, suspendido por dopaje y autor de un libro donde lo confesaba todo. Su apuesta era Wiggins, una gran estrella de la pista a la que iba a hacer ganar el Tour, contra todos los pronósticos. Wiggins, un talento descomunal, transformó su cuerpo y mantuvo su clase, lo que le llevó a lo más alto del podio de París.

Hackers rusos

Icono del deporte británico, varias veces campeón olímpico, Wiggins estuvo en el centro de las sospechas tras su victoria en aquel Tour. Los hackers «Fancy Bears» desvelaron que recurrió en repetidas ocasiones en momentos clave de la temporada (Tours 2011 y 2012, Giro 2013), a la triamcinolona, un potente corticoide, para sanar su asma bajo prescripción médica.

El elemento clave del caso es un misterioso paquete recibido por Wiggins en junio de 2011, poco antes del Tour de Francia. Un simple dilatador bronquial según el Sky. La Agencia Antidopaje Británica (UKAD) se encargó de la investigación. Después de 14 meses, y a falta de pruebas, la UKAD enterró el caso.

Sin embargo, el caso ha dañado la reputación del equipo Sky y ha roto sus relaciones con la federación británica de ciclismo, de la que funcionaba como vanguardia. Compartían sede en el velódromo de Mánchester, uno de los mejores del mundo y que acoge un centro de alto rendimiento de primera categoría, pero British Cycling invitó al Sky a cambiar de casa.

Los hacker rusos también sacaron a relucir el nombre de Froome. En mayo de 2014, conquista el Tour de Romandía. Y lo hace consumiendo bajo prescripción médica unos corticoides que le ayudan a curar el asma. Hubo otra en abril de 2013, ambas con permiso de la UCI.

Froome reveló que padecía de asma desde su infancia, y que debe tomar ese tipo de medicamentos. Después de su victoria en el Tour 2015, el británico precisó sin embargo que renunció a su consumo durante la carrera para evitar las sospechas.

Froome tuvo que enfrentarse asimismo a acusaciones sobre dopaje tecnológico tras su exhibición en la subida a La Pierre-Saint-Martin en el Tour de Francia.

«Intenté ser en la medida de lo posible el portavoz de un ciclismo limpio», se defendió Froome. «Hice sugerencias a la UCI, me posicioné a favor de los controles nocturnos (...) ¿qué más tengo que hacer? Entiendo las preguntas, el pasado de este deporte, pero pido un respeto, trabajé duro para llegar hasta aquí», explicó.

El positivo de Froome extiende una nueva mancha sobre este deporte, cuyos grandes nombres van cayendo uno tras otro bajo la sombra del dopaje. De la gran generación de los Valverde, Contador, Samuel Sánchez, solo Purito salió indemne. Ahora Froome...

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