Ciclismo

La meticulosidad de Froome: Pesaba los cereales en una balanza

Froome, en la concentración del Sky en Mallorca. / EFE
Froome, en la concentración del Sky en Mallorca. / EFE

Froome contrata para su caso de dopaje al abogado que defendió a Contador. Meticuloso al extremo, el británico duplicó la tasa de salbutamol permitida y la resolución podría alargarse más allá del inicio de la temporada

IÑAKI IZQUIERDO

Después de cada etapa, antes del control antidopaje, Chris Froome (Sky) suele pesar en una balanza electrónica los granos de cereales que necesita ingerir tras el esfuerzo del día y calibra la cantidad de alimento diez gramos arriba o abajo. Que alguien así, meticuloso hasta el extremo, haya dado positivo por ventolín por una dosis el doble de lo permitido podría considerarse sorprendente. Alguien, además, que como líder de la carrera ya había pasado 16 controles iguales en esa misma Vuelta a España antes de dar un resultado adverso por salbutamol en la etapa de Santo Toribio de Liébana, un caso que tiene al ciclismo con la moral y la credibilidad por los suelos.

Aunque muchos cruzan los dedos y sueñan con que ojalá todo fuera una gran confusión, como dijo el director médico de la Agencia Vasca Antidopaje, la cosa «no tiene buena pinta». Froome ya ha comenzado a construir su defensa y ha contratado al abogado Mike Morgan, el mismo que defendió a Alberto Contador en su positivo con clembuterol. Ese bufete también ha asumido las defensas de otros deportistas importantes, como Johan Bruyneel, la tenista Maria Sharapova o el por entonces futbolista del Liverpool Mamadou Sakho, todos envueltos en casos de dopaje.

El caso está ahora en manos de los servicios jurídicos de la UCI, una vez que tanto la muestra A como la B ofrecieran idéntico resultado positivo. Si Froome tiene buenos abogados, la UCI tampoco juega en regional: el bufete Lévy Kaufmann-Kohler, con sede en Ginebra, defenderá sus intereses. La UCI ha nombrado dos expertos científicos que serán los encargados de analizar las pruebas que presente Froome y cuando tengan las conclusiones las remitirán al servicio antidopaje de la UCI, que decidirá si exculpar al corredor o proponer una sanción.

En este segundo caso, el ciclista podía recurrir al tribunal antidopaje de la UCI, creado en 2015, y aún más allá, al TAS. Todo esto prolongaría el procedimiento sine die, ya que no hay plazos establecidos en el reglamento.

¿Seguirá corriendo?

En estos momentos Froome no se encuentra sancionado. Que en diciembre no haya carreras mantiene la situación más o menos bajo control, pero cuando arranque el calendario se generará un problema: ¿correrá o no? Contador compitió mientras defendía su caso y tras ser sancionado le retiraron todos los resultados obtenidos.

De momento, el Giro de Italia ya ha aireado que no le haría gracia que Froome se presentase en la salida de su carrera, como tenía previsto. Pese al tremendo esfuerzo para asegurarse su presencia -la rumorología añade que eso incluye una generosa cantidad económica-, los organizadores italianos no quieren problemas. Su máximo responsable, Mauro Vegni, ha dicho que «el caso de Contador no se puede repetir. El ciclismo no puede permitirse una situación así. Si un ciclista puede correr, debe hacerlo en plenitud de sus derechos, ganar o perder con certeza. La UCI debe asumir sus responsabilidades».

El Movimiento por un ciclismo creíble, al que no está adscrito el Sky, ya ha pedido que Froome sea suspendido mientras se resuelva el caso, que el equipo inglés le retire voluntariamente a su corredor de la circulación. El Tour, que en julio tenía previsto intentar ganar por quinta vez para igualarse con Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain, mantiene el silencio, aunque a día de hoy cuesta imaginar una presencia de Froome en Francia sin que se genere una tormenta colosal. Con un historial impoluto, ya ha sufrido más de una vez el rechazo del público galo. Su mejor gregario, Geraint Thomas, dijo ayer: «Creo en Chris Froome, pero yo correré mi propio Tour de Francia».

Podría pensarse que el ciclismo ha tocado fondo, pero eso sería caer en el optimismo, porque a la vista está que todo puede empeorar.

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