Ciclismo | Giro de Italia

Yates se deja la puerta abierta

El leitzarra Mikel Nieve llegó para echar una mano a Simon Yates en la recta final de Pratonevoso. / AFP
El leitzarra Mikel Nieve llegó para echar una mano a Simon Yates en la recta final de Pratonevoso. / AFP

Primeros síntomas de debilidad de la maglia rosa, que cede medio minuto en un kilómetro | Una arrancada de Froome, que se llevó a Dumoulin y Pozzovivo, descuelga al inglés en la víspera de acometer la etapa más dura del Giro

IÑAKI IZQUIERDO

Un kilómetro en un puerto sin mucho misterio puso el contador del Giro de Italia de nuevo a cero. El líder, Simon Yates (Mitchelton), se dejó la puerta abierta en el último tramo de la ascensión a Pratonevoso y se le coló su gran rival, Tom Dumoulin (Sunweb). En poco más de mil metros, el holandés recortó la mitad de la desventaja que tenía con el inglés y ahora figura a unos amenazantes 28 segundos de la maglia rosa. Tuvo suerte Yates de que llegara una fuga por delante y no hubiera bonificaciones en meta.

El Giro empieza otra vez y hoy se sube a la Finestre, donde por no haber no hay ni carretera.

La maglia rosa había gobernado la carrera con autoridad hasta ahora. De las cinco llegadas en alto que había tenido el Giro, ha ganado tres (Gran Sasso, Osimo y Sappada), cedió la victoria a su compañero Chaves en el Etna y fue segundo en el Zoncolan a solo seis segundos de Froome. Se defendió con solvencia en la crono. Tenía la victoria en su mano.

Pero ayer, en el sexto final en alto, se quebró su autoridad. Los tres corredores que le siguen en la clasificación general le superaron, y de forma llamativa. Y ahora, la pregunta es obvia: ¿es el principio del fin o un mal trago sin más? Si Yates está justo, no lo va a pasar bien porque tiene por delante las dos grandes etapas alpinas de este Giro, 400 kilómetros sin tregua, con casi cien de subida y más de ocho mil metros de desnivel.

Normalmente, cuando un ciclista flaquea no es fácil que se recupere, pero se trata de los mejores corredores del mundo. Superdotados. En el Tour del año pasado, Chris Froome entró en crisis en la llegada a Peyragudes y por primera vez en su carrera cedió el maillot amarillo, a manos de Fabio Aru. Pero de ahí a París dio un recital de cómo correr con una ventaja exigua y no perdió ni un segundo más.

Es posible que Yates se rehaga y lo de ayer no fuera más que un bache. Pero lo que está claro es que el guión de la carrera cambia, porque su debilidad invita a sus rivales a jugar a la grande. Nada de meterse en peleas por las migajas, riesgo que siempre se corre en las grandes vueltas, donde en la tercera semana se defiende el quinto puesto, la clasificación por equipos, el top diez y cosas así. En este nuevo Giro que comienza hoy se pone en juego la maglia rosa.

Y todo gracias a un puerto normal y corriente, con una media del 6,6% y de apenas el 4% en la zona donde se desataron las hostilidades. La velocidad hizo la distancia. Froome sacó ayer 27 segundos a Yates. En el Zoncolan, seis.

Contundencia contra brillo

Tom Dumoulin, como campeón en ejercicio, está obligado a intentarlo. Lo habría hecho en cualquier caso, pero ahora con más motivo. Sin duda, el holandés confiará en que su potente motor valga más que la ligereza del líder. Que el desgaste terrible de tres semanas de carrera haga menos mella en su imponente chasis que en el cuerpo liviano del inglés. Que la contundencia se imponga al brillo, desgastado ya de tanto sufrir.

Más le vale a Simon Yates no ser supersticioso, porque si lo sucedido ayer no fuera bastante, hoy afronta su día número 13 con la maglia rosa. Y es viernes.

Tiene adversarios peligrosos, porque le persiguen el hombre que está llamado a dominar las vueltas de tres semanas en los próximos años y el mejor del último lustro. Porque Froome -cuyo caso del salbutamol está adquiriendo un aspecto cada vez más negativo para el ciclismo, y ahora parece que no se solucionará antes del Tour- se ha metido en carrera y luchará, al menos, por subir al podio, que tiene a 39 segundos.

Para el Giro, sin duda, la etapa de ayer fue muy positiva porque no hay nada que interese más a un organizador que haya incertidumbre hasta el final.

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