Ciclismo | Giro de Italia

Por la senda de los campeones

Simon Yates sufre en la crono de ayer por las carreteras del Trentino./AFP
Simon Yates sufre en la crono de ayer por las carreteras del Trentino. / AFP

En las carreteras donde volaron Hinault y Moser, Simon Yates hace una defensa sólida del rosa | El líder cede 1:15 con Dumoulin y mantiene al holandés a 56 segundos con toda la montaña alpina por delante

IÑAKI IZQUIERDO

En la ribera derecha del río Agidio da el sol. Asunto no menor en estos parajes, donde el invierno es largo. Los ciclistas de Trento la recorren arriba y abajo en sus entrenamientos, evitando la larga sombra de los Dolomitas y el frío que baja de las nieves al otro lado de un río que a estas alturas ya ha dejado atrás los pueblos de habla alemana. En esa carretera se disputó ayer la contrarreloj principal del Giro de Italia y su líder, Simon Yates (Mitchelton), defendió con categoría la maglia rosa. Solo le concedió 1:15 al campeón del mundo de la especialidad, Tom Dumoulin (Sunweb). Poco más de dos segundos por kilómetro, cuando se barajaba la posibilidad de que se dejara cuatro. El inglés, de esta forma, se presentará en la montaña definitiva, a partir de mañana, con 56 segundos de renta y con una autoridad indiscutible.

Fuera de su terreno, Yates corrió inspirado por el aroma de la historia que emana de estas carreteras. En el mismo recorrido de la crono de ayer, en 1984 se disputó el Trofeo Baracchi, una mítica contrarreloj por parejas tristemente desaparecida. Aquel día reinaron Francesco Moser y Bernard Hinault, el trentino con una por entonces revolucionaria cabra con dos ruedas lenticulares y el bretón, con su bici tradicional. Eran otros tiempos, aquella crono tuvo 95 kilómetros.

La etapa de Yates le confirma como el gran favorito para la victoria final en Roma y deja descolocado a Dumoulin, que cifraba todas sus esperanzas de repetir triunfo en esta contrarreloj. Ayer tenía que ser su día. Necesitaba destrozar el cronómetro, atrapar a Yates y meter el miedo en el cuerpo de sus rivales. No consiguió ni una cosa ni otra. Su etapa fue correcta, superado por Rohan Dennis (BMC) y Tony Martin (Katusha). En cuanto a intimidar, menos de lo justo.

Ahora el Giro queda en manos del pequeño corredor inglés, que si no comete errores tiene ganada la carrera. Sin la amenaza de la contrarreloj, puede cambiar de estrategia. Hasta ahora ha corrido para conseguir ventaja y distanciarse lo más posible de Dumoulin. Ahora puede actuar a la defensiva. Cuenta con un equipo robusto para el terreno que falta, con dos de los mejores gregarios del pelotón, Mikel Nieve y Jack Haig.

Las tres jornadas alpinas que restan -Pratonevoso (mañana), Bardonecchia (viernes) y Cervinia (sábado)- le favorecen, con llegadas en alto en las que se ha mostrado intratable. Salvo en el Etna, donde cedió la victoria a su compañero Esteban Chaves, solo Froome le ha superado en una escalada, y únicamente le sacó seis segundos en el Zoncolan.

Correr a la defensiva en la tercera semana de una carrera es una gran ventaja. Con los cuerpos muy castigados, es el esfuerzo agonístico el que se impone y ahí quien va por delante juega con las mejores cartas. Sin embargo, es lógico que Yates no se fíe. La carrera es grande, peligrosa. Y el mismo peso de la historia que ayer le empujó río Adigio abajo lo sentirá en las montañas. El sterrato del Colle delle Finestre, por ejemplo. O en Pratonevoso, donde quien vence gana el Giro (Tonkov en 1996 y Garzelli en 2000). O en Cervinia, la última subida del Giro, a donde los corredores llegarán con 3.427 kilómetros en las piernas. Una carga brutal que puede pasar factura y quebrar cualquier resistencia.

El Giro es muy grande y no lo gana cualquiera, pero Simon Yates circula por la senda de los campeones, que conduce a la vía de los Foros Imperiales de Roma.

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