GIRO ITALIA

Una semana a 44 por hora puede pasar factura

La enorme velocidad de las últimas cuatro etapas, en teoría de transición, será un factor a tener en cuenta en el encuentro con la montaña

I. I.

La etapa de transición de ayer se corrió a una media de 45,7 kilómetros por hora. Un sprint de 180 kilómetros. Una jornada muy rápida, asequible para los ciclistas profesionales. Pero lo de ayer no fue un caso aislado. Esta semana, que se componía de martes a viernes de etapas sin mayor misterio, se ha disputado a una media total de 43,9 kilómetros por hora. Y eso puede pasar factura a partir de hoy en el contacto con la alta montaña.

Un día a 40,1, otro a 45,4, un tercero a 44,3 y el postre, ayer, a 45,7. Los organismos han llegado tocados al momento en el que más frescura se necesita. De las cuatro etapas, además, dos se han ido por encima de los doscientos kilómetros, con lo que el desgaste es importante. Ayer, con buen tiempo, todo se minimizó. Pero el destrozo de la víspera en Imola, bajo la lluvia, demostró que a nadie le sobra gran cosa.

El Giro no se corría así antiguamente. La tradición italiana obligaba a un largo paseo admirando las maravillas a ambos lados de la carretera y disfrutando del placer de una buena conversación. Y cuando aparecía la moto de la RAI, guerra sin cuartel. Ahora se corre «como cualquier carrera World Tour, a un ritmo muy alto», según explica Markel Irizar, de nuevo fugado ayer y que no corría el Giro desde 2008.

Una cerveza para Viviani

Elia Viviani (Quick-Step) entró pidiendo calma en la meta de Nervesa della Battaglia. Le habían dolido las críticas de la víspera, cuando entró descolgado en Imola. Ayer respondió con un precioso sprint y reclamó el liderato entre los hombres rápidos de la carrera.

«Era el día para demostrar. Tuvimos problemas en Imola, lo celebramos con una cerveza por la noche y volvimos a competición más fuertes. El problema es ser juzgado demasiado superficialmente».

Con la de ayer, Viviani suma las tres victorias de etapa a las que aspiraba al inicio del Giro. La primera en Italia tras las dos de Israel. Le quedan dos oportunidades más, el martes en Rovereto y en la última etapa en Roma. Su idea es llegar hasta el final y ganar la maglia ciclamino de la regularidad.

«Ganar nunca es fácil, en el deporte y en la vida. Puedes perder, ganar, tener un buen momento o malo, pero siempre persigues un sueño. Cuando lo logras, buscas otro. Nos queda una semana, tenemos el maillot por puntos y trataremos de defenderlo y de volver a ganar», explicó.

En Nervesa della Battaglia, teatro de una batalla durísima al final de la I Guerra Mundial, el líder de la clasificación por puntos puso en su sitio a Sam Bennett, vencedor de las dos llegadas masivas que había tenido este Giro en suelo italiano.

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