Ciclismo | Giro de Italia

No se puede dar más miedo con menos

Esteban Chaves celebra su victoria de etapa junto a Simon Yates ayer en el Etna./AFP
Esteban Chaves celebra su victoria de etapa junto a Simon Yates ayer en el Etna. / AFP

Froome gestiona con su estilo indescifrable la subida al Etna | Recital del Mitchelton, que gana la etapa con Chaves y viste de rosa a Simon Yates, el más fuerte de largo en la ascensión

IÑAKI IZQUIERDO

La gente ya está nerviosa. En las laderas arrasadas del volcán Etna, ayer apareció agazapado un depredador. Chris Froome (Sky), al que se daba por muerto, hizo una de sus subidas indescifrables y metió el miedo en el cuerpo de sus rivales. Ahora nadie sabe a qué atenerse. Primero se descolgaba, luego volvía, abría los codos, pedaleaba reñido con la estética, a cabezazos, arrancaba... Pero al final, ahí. ¿Qué pudo pensar Dumoulin después de una subida así?

El británico cambió el sistema de pesos y balanzas del Giro sin hacer nada. Ese es el poder de los mejores. Porque, en realidad, Froome no hizo nada. Una etapa vulgar, más bien mediocre, pero con unos efectos que pueden ser devastadores. Fue el último del grupo de cabeza y todos los que llegaron delante de él sintieron que pedaleaban con el ojo que todo lo ve en sus cogotes. No se puede dar más miedo con menos.

Ayer por la mañana, en la Piazza Garibaldi de Catalnissetta, el Etna era toda una amenaza para Froome. Algo saben los vecinos del pueblo de la fatalidad y miraban al británico con interés. Cuando cerraron las minas, esta zona empobrecida del interior de Sicilia cayó en la miseria, como denunciaron entre otros Pirandello y Sciascia. Hoy, los caminos de la riqueza tampoco pasan por esas calles.

De ahí partió Froome camino del Etna. Todos los augurios eran pesimistas y el volcán, una amenaza. Pero ahora, sin que mediara detalle de clase alguno, todas las montañas que quedan por delante se le aparecen al británico como el campo de batalla perfecto para devastar el Giro.

«Decidí animar un poco las cosas y ver si era el único que iba justo; no iba súper, pero he estado ahí» Tom Dumoulin, Sunweb

«Se ha visto dónde está cada uno; estoy contento de haber superado el reto sin ningún problema» Chris Froome, Sky

Dumoulin pareció conmocionado en la subida final. No lo pasó bien, como si se hubiera dado cuenta tarde de que no sabe cuál es la verdad, de que la carrera que no se ve es la auténtica.

No fue el cirujano implacable del pasado Giro, donde castigaba cualquier duda como hacen los pesos pesados del boxeo: directo a la mandíbula y rival al suelo. Ayer no encontraba su sitio, se le vio incómodo. Sufrió para sujetar a Thibaut Pinot (Groupama) y a Domenico Pozzovivo (Bahrain), que animaban el grupo principal. La primera subida larga del Giro no fue demasiado dura pero dejó a la mayoría peor de lo que estaba por la mañana.

Doblete

No a Froome y, menos aún, a Simon Yates (Mitchelton), nueva maglia rosa. Rohan Dennis (BMC), que se veía capaz de cualquier cosa, al final tuvo que conformarse con hacer lo que buenamente pudo y cedió el liderato al inglés. Yates llega de ganar una etapa en la París-Niza y otra en la Volta a Catalunya y es el corredor más en forma de la carrera. Fue el más fuerte de largo en la subida y descolgó con mucha facilidad al resto de favoritos.

El Mitchelton completó un recital ya que al liderato de Yates unió la victoria de etapa de Esteban Chaves. El colombiano fue el último superviviente de la fuga multitudinaria que marcó la etapa. El inglés le dio alcance ya en la recta de meta pero respetó el trabajo de su compañero y le permitió cruzar la línea en primera posición. Los dos levantaron los brazos. Hasta ahora, el tope de Simon Yates en una gran vuelta es el sexto puesto de la Vuelta a España 2016. Fue séptimo un año más tarde en el Tour. Hizo una buena crono en Jerusalén y el podio puede ser un objetivo realista para él.

La subida al Etna -mucho más bonita que por la vertiente habitual- generó un efecto opuesto al que suelen provocar los grandes puertos. En vez de abrir diferencias, paralizó a los mejores. Normal, ahí iba Froome dando cabezazos. Y a ver quién es el valiente que se atreve a decir si iba bien o iba mal.

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