Le habría gustado contar esta carrera

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Desde la cima del Colle delle Finestre se ve la guerra entre Francia y el Piamonte, antes de que existiera Italia. Allí siguen los fuertes. Y el camino por donde los burros subían la intendencia a los destacamentos olvidados en aquellas alturas. Por ese mismo camino sube hoy el Giro de Italia. Está como entonces. Tierra, piedras y unos barrancos a los lados que es mejor no mirar.

Sin asfaltar

Los trabajos para acondicionar el paso de la carrera terminarán hoy mismo por la mañana. Una máquina alisará el 'sterrato' del tramo final. En total son nueve kilómetros sin asfaltar. El paso del Giro ha dado trabajo al Ayuntamiento de Turín, encargado del camino. Aún hay nieve y existe riesgo de desprendimientos. Por eso se prohíbe el acceso a todos los vehículos salvo a los de la carrera. Hay zonas en las que no podrán colocarse los aficionados que suban a pie o en bici, por peligro de aludes. Vigilarán los alpini del tercer regimiento de la Brigada Alpina Taurinense, con base en Pinerolo, donde Fausto Coppi culminó su gesta en el Giro de 1948.

De mármol

El Colle delle Finestre, el peor lugar para presentarse con dudas. Un error en esas laderas puede tener consecuencias terribles. Hasta Contador estuvo a medio milímetro de perder el Giro de 2015, aunque se presentó con más de cinco minutos de ventaja. Entre Fabio Aru y Mikel Landa desarbolaron al madrileño y si no le arrebataron el rosa fue por una mezcla de las dudas del equipo Astana y de la clase de Contador. Simon Yates perdió pie ayer y hoy, cuando mire arriba, verá esta locura. Una subida disparatada, un zig zag vertical con miles de aficionados colgados de los precipicios. Muchos habrán subido en bicicleta. Un camino de cabras en la región más rica de Italia, donde si quisieran podrían asfaltar toda la carretera con mármol.

Cinco meses congelado

Las previsiones anuncian mal tiempo. No tanto como en la etapa de las Tres Cimas de Lavaredo de la edición de hace 50 años, que consagró a Eddy Merckx. Ganó su primera gran ronda. Luego llegarían cuatro Giros más, cinco Tours y una Vuelta. Y todo lo demás. De aquel día (1 de junio, concretamente), también se acuerda Mario Mancini, exciclista del Kelvinator. Ayer se lo contaba a 'La Reppublica': «Me metieron en el coche, me llevaron a un hotel y me sumergieron en una bañera de agua caliente. Cinco meses después, en noviembre, aún me temblaban los dedos de las manos. Me pasé cinco meses congelado». Hoy no se corre en los Dolomitas, sino en los Alpes, pero el escenario es igual de salvaje. Con una oferta deportiva tan amplia, tan accesible, con el mundo entero disponible a la distancia que separa el mando a distancia del televisor, la narrativa es fundamental. Tener una historia que contar. Un relato. Algo único que no pueda ofrecer nadie más. Y eso es lo que tiene el Giro, la carrera más bella. La que contaron Italo Calvino y Dino Buzzatti. La que seguro le habría gustado contar a Philip Roth. Pero no tuvo esa suerte. Era americano y se tuvo que conformar con exhibir su genialidad hablando de baloncesto y de béisbol.

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