Ciclismo | Giro de Italia

Un ciclismo de bandera

Tom Dumoulin, a su llegada al aeropuerto de Catania-Fontanarossa, ayer por la mañana. / RCS
Tom Dumoulin, a su llegada al aeropuerto de Catania-Fontanarossa, ayer por la mañana. / RCS

El Giro desembarca en Italia en una operación logística gigante impuesta por la mundialización que ha experimentado este deporte los últimos años

IÑAKI IZQUIERDO

Un avión de carga de madrugada con todo el material, 880 bicis y más de 2.700 ruedas entre otros miles de artefactos. Cuatro aviones de pasajeros por la mañana. Ese puente aéreo llevó al Giro desde el aeropuerto israelí de Eliat hasta el siciliano de Catania, donde hoy comenzará de verdad la corsa rosa.

En total, más de 800 personas se trasladaron en esos cuatro vuelos, entre las 7.30 y las 12.20 de la mañana. Al menos, la organización tuvo la deferencia de embarcar a los ciclistas en el último avión. Arañaron dos horas de sueño tras la agotadora etapa del desierto, la última de las tres disputadas en Israel. Por la tarde, todos salieron a rodar por las carreteras sicilianas

Esta gigante operación logística -un ensayo general para el auténtico sueño del Giro, llevar la salida algún día a Nueva York- ilustra la mundialización que ha experimentado el ciclismo en los últimos años. Deporte tradicional de la vieja Europa, hoy sus fronteras están muy lejos. Esta internacionalización, al tiempo que ha conseguido expandir el ciclismo a audiencias inimaginables, ha derivado asimismo en un gigantismo que solo deja hueco para estructuras enormes que puedan hacer frente a ese reto. Casi no hay sitio para los equipos pequeños.

Una de las expresiones más claras de las exigencias económicas que impone el nuevo ciclismo es la proliferación de los que podrían llamarse 'equipos de bandera', conjuntos que difunden la imagen de un país de forma directa o indirecta y que, por tanto, cuentan con un respaldo importante por detrás.

Un repaso a los 18 World Tour indica que al menos 12 de ellos entrarían en esa categoría. Hay casos obvios: Astana (Kazajistán), UAE (Emiratos Árabes Unidos), Bahrain o Katusha (Rusia). Otros representan a las loterías estatales, como FDJ (Francia), Lotto (Bélgica) o Lotto-Jumbo (Holanda). Casos más difusos, pero igualmente con marca de país por detrás, son los de grandes empresas como BMC (Suiza), Mitchelton (Australia), Dimension Data (Sudáfrica), Movistar (España) y, claramente, el Sky, que engloba a todo el ciclismo británico incluida la federación.

Sí son sostenidos por firmas comerciales otros conjuntos como Trek (bicicletas), Quick-Step (suelos laminados), Ag2r (seguros), Sunweb (viajes de vacaciones), Bora (cocinas) y Education First (formación).

Y todo esto se consigue con equipos internacionales, con corredores de los cinco continentes. El mejor ciclista del Israel Cyclin Academy está siendo el canadiense Guillaume Boivin. Ese es el ciclismo actual y el Giro no es ajeno a este fenómeno. En la línea de salida hay tres equipos italianos: Bardiani, Androni y Wilier. Todos Continentales Profesionales. Invitados. Italia no tiene ni una formación World Tour.

Que equipos como Caja Rural o Euskadi-Murias puedan competir con esos acorazados tiene mérito. Las dos victorias del fin de semana del equipo navarro (Yssad y Soto) y el segundo puesto del Murias (Prades) en Yorkshire merecen un respeto.

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