Giro Italia

La búsqueda de la belleza

Simon Yates gana en Osimo, con Dumoulin tras él./AFP
Simon Yates gana en Osimo, con Dumoulin tras él. / AFP

Vibrante mano a mano entre Dumoulin y Yates, que vuelve a ganar de rosa

IÑAKI IZQUIERDO

La ciudad antigua de Osimo, levantada capa sobre capa desde hace más de dos mil años, vivió ayer un vibrante mano a mano entre el líder del Giro, Simon Yates (Mitchelton), y el gran favorito, Tom Dumoulin (Sunweb). La búsqueda de la belleza es un fin en sí mismo y ayer los dos mejores de la carrera rindieron homenaje a esta máxima, que a lo largo de los siglos ha sido fuente de cultura, ha dado forma a ciudades y ha hecho avanzar a la civilización.

Yates buscó la belleza máxima, que consiste en ganar vestido con la maglia rosa. Y, como tres días antes en el Gran Sasso, lo consiguió. Para ello, tuvo que mantener un pulso imponente con Dumoulin, que asomó con brillo por primera vez desde que ganó la contrarreloj inicial. Ha tardado diez etapas.

El inglés atacó a 1.400 metros de la meta, antes de pasar bajo el arco romano que da acceso al núcleo histórico de Osimo. Aún hay que pasar por ahí para superar las murallas del siglo II antes de Cristo. Miró el pequeño británico para atrás para comprobar el destrozo y no vio lo que esperaba. En vez de un hueco insalvable, allí estaba a Dumoulin. Yates, en un gesto teatral, decidió seguir. Fue un kilómetro y medio soberbio.

Los dos corren para ganar el Giro y ayer ni se ganaba ni se perdía. De ahí la hermosura del duelo, por el puro placer de ser el mejor, de levantar los brazos, de ganarse el aplauso del público. Yates se dejó el alma y sacó dos segundos a Dumoulin. La gloria antes que el sentido práctico.

La actuación de Dumoulin acrecentó la sospecha de hay una carrera que se disputa a la vista de todo el mundo y otra, la real, que se dirime detrás del escenario, lejos de los focos, en unas claves ocultas. Es como si todo fuera provisional, como si este paseo por Italia de sur a norte no fuera sino una gigantesca mascarada antes de la hora de la verdad, que debería de empezar el sábado en la subida al Zoncolan.

Froome, 'scomposto'

Todo parece un carnaval, menos el sufrimiento de Chris Froome (Sky). Cedió antes de entrar en el pueblo, en los 300 metros de la vía del Borgo que a él le pareció la vía Dolorosa. En la subida final, un kilómetro largo y enrevesado, le cayeron otros 40 segundos. Ya está a 3:20 en la general.

Y, lo peor de todo en un país donde hacer 'bella figura' se considera una cuestión de vida o muerte, a Froome se le ve 'scomposto'. O sea, que pedalea mal, que no avanza, que se retuerce sobre la bici. Nunca ha sido el británico un modelo de elegancia, pero iba rápido. Ahora desespera en el intento. Ha limado 75 gramos de peso a su bicicleta Pinarello quitándole incluso las pegatinas (solo ha dejado las de la marca, el resto del cuadro queda todo negro). Definitivamente, este Giro no es su mundo.

Simon Yates ganaba en Osimo, a pocos kilómetros de Filotrano, la casa de Michele Scarponi, al que homenajeó la carrera. Su compañero en el Astana Luis León Sánchez pasó el primero por el pueblo. En Filotrano, el 11 de marzo ganó una etapa de la Tirreno-Adriático Adam Yates. La región de las Marcas se les da bien a estos hermanos hinchas del Manchester United.

Quizá ya haya empezado el Giro, quizá no. Da igual. Lo de ayer fue una belleza, y eso es lo que importa.

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