Ciclismo

Un arco iris que brilla dos décadas después

El pelotón rodando por Miraconcha antes de entrar en el Antiguo. / SANTIAGO LYON

El Mundial de 1997 recorrió las carreteras guipuzcoanas y coronó en Donostia a los franceses Brochard y Jalabert. Jaime Ugarte y José Luis Arrieta, miembros de Organizaciones Deportivas EL DIARIO VASCO, rememoran las vivencias de una prueba histórica para Gipuzkoa

IMANOL TROYANOSAN SEBASTIÁN.

Lo que hoy en día se antoja como una quimera, sucedió hace veinte años en San Sebastián. La capital guipuzcoana acogió hace dos décadas un Campeonato del Mundo. Sobra decir que la organización de cualquier competición de estas características, sea del deporte que sea, supone una dificultad mayúscula para toda ciudad que decide afrontar tamaña aventura. En la actualidad da la sensación de que ese privilegio solo lo pueden ostentar urbes con presupuestos desorbitados, alejadas de nuestras fronteras, pero lo cierto es que hace no tanto, entre el 7 y 12 de octubre de 1997, Donostia acogió el Mundial.

No se trataba de la primera vez que una localidad guipuzcoana albergaba esta competición. En 1965, Lasarte fue la sede del Campeonato del Mundo de ruta, mientras el Velódromo de Donostia se estrenaba para alojar la prueba en pista. Aquel Mundial de 1965, que supuso el primer acercamiento de la cita mundialista en el territorio, se lo llevó Tom Simpson, dos años antes de que falleciera en el Mont Ventoux, tras digerir un coctel mortal de anfetaminas y coñac. En aquella edición ya se encontraba entre los miembros de la organización Jaime Ugarte, que junto con José Luis Arrieta, hoy presidente de la Federación Vasca, dirigieron el equipo de Organizaciones Deportivas EL DIARIO VASCO, responsables del devenir del Mundial de 1997.

El reto era importante, pero Ugarte y Arrieta partían con la mitad, o más, del trabajo hecho. Cinco años antes, en 1992, fueron los encargados de traer a Donostia la salida del Tour de Francia. Además, había que sumar que ambos eran los responsables de llevar adelante la Itzulia y la Clásica. Con estos antecedentes, Ugarte solicitó en el Congreso de la Unión Ciclista Internacional celebrado en Palermo en 1994, que el Mundial de 1997 tuviera lugar en San Sebastián. La UCI dio el visto bueno a la candidatura donostiarra y le encargó la organización del campeonato de ruta. «Siempre nos han considerado muy profesionales por nuestra dedicación y conocimiento», admite Arrieta.

«Para nosotros fue un golpe durísimo que no viniesen Miguel Indurain ni Abraham Olano»«La UCI no pensó en ningún momento en paralizar o posponer la prueba por el coche-bomba»

A vueltas con el circuito

En aquel momento se puso en marcha la maquinaria para montar una competición de gran magnitud. Tanto Ugarte como Arrieta reconocen que las instituciones (Ayuntamiento, Diputación y Gobierno Vasco) se volcaron en la organización. Con la papeleta económica resuelta, solo hacía falta diseñar el Mundial ideal. Para ello, viajaron en 1995 a la cita que se celebraba en Duitama (Colombia) para tomar nota. En aquella edición Abraham Olano conquistó el maillot arco iris en la prueba en línea y Miguel Indurain hizo lo propio en la contrarreloj. Ugarte y Arrieta lo vieron claro. Estos dos corredores iban a ser la imagen promocional de la cita de dos años después en Donostia. Nadie mejor que dos ciclistas locales y, además, campeones. Aunque finalmente el plan no fue el deseado.

Los responsables del evento le dieron muchas vueltas al circuito. «Tuvimos que pensar en rutas alternativas para descongestionar la circulación», confiesa Arrieta. «Nos dio más problemas la gente de aquí que la UCI. Porque había que cerrar muchas carreteras varios días y afectaba a los que tenían que trabajar o ir a la universidad. Pero lo resolvimos», destaca Ugarte. La meta de la prueba se ubicó en la avenida Zumalakarregi, a diferencia de la Clásica que la localiza en el Boulevard. «El Boule estaba en obras, no en muy buenas condiciones y se necesitaba más espacio para las tribunas y vehículos. Además, había que instalar los boxes de todos los países participantes y por eso decidimos trasladarlo», indica Arrieta. El recorrido no fue excesivamente exigente y el ahora presidente de la Federación Vasca de Ciclismo confiesa que le hubiera gustado unir el alto de Oriamendi con un repecho de Hernani llamado 'La muerte'. «Hubiera sido un circuito mucho más duro y selectivo», dice.

Arrieta recuerda con especial cariño la verificación del circuito de la crono. «Se realizó una noche de madrugada, en la N-1 de Donostia a Irura por dirección contraria y con el acompañamiento de la Ertzain-tza, municipales y representantes de todos los ayuntamientos por los que transcurría la prueba, además de los coches de la UCI. Fuimos en un grupo haciendo la ruta, aquello fue espectacular». También de noche, pocos días antes del inicio del Mundial, «eliminamos el material de los pasos de cebra de las esquinas de la calle Urbieta con San Bartolomé y San Martín. Las dos curvas más peligrosas en caso de lluvia. Por si acaso, también colocamos protectores en los fondos de los virajes para proteger a los corredores».

El 7 de octubre comenzó la cita mundialista en San Sebastián. Los primeros días estuvieron reservados para la categoría junior. Laurent Jalabert se coronó en la contrarreloj y otro francés, Laurent Brochard, fue el más rápido en la prueba en línea. Mientras tanto, un joven Óscar Freire conseguía la plata en la categoría sub 23 y empezaba a dar muestras de su enorme potencial. La italiana Alessandra Cappellotto fue la mujer más rápida en la prueba en línea, mientras que la francesa Jeannie Longo ganó la batalla contra el reloj. Aunque los nombres que más sonaron durante el campeonato, por momentos incluso más que los de los vencedores, fueron los de los dos hombres que no tomaron parte en él. Miguel Indurain y Abraham Olano. «Para nosotros fue un golpe durísimo que no viniesen», admite sin paliativos Ugarte. El navarro colgó la bici un año antes y el de Anoeta se perdió la competición por lesión. «Eso influyó en que no hubiese una afluencia masiva de aficionados como queríamos».

Pero como suele ser habitual en acontecimientos de este tipo, la atención no se centró solo en lo deportivo. ETA hizo explotar un coche-bomba en Benta Berri, a menos de 500 metros de la línea de meta, dirigido contra tres Guardias Civiles. Los tres salvaron sus vidas y solo sufrieron heridas leves. Según recuerda Arrieta, «la UCI en ningún momento habló de paralizar o posponer el campeonato. No sé si ellos tenían algún tipo de temor a un posible ataque, me imagino que sí, pero a nosotros no nos hicieron ver que estaban preocupados».

Un parto con final feliz

Arrieta evoca también otro momento más agradable durante el Mundial, a pesar de que pusiera patas arriba a la organización. La ciudad se encontraba absolutamente cortada al tráfico durante la prueba, pero entonces sucedió algo que lo trastocó todo. «Una mujer que vivía en Igeldo se puso de parto, y le era imposible llegar a un hospital porque no podía cruzar por la avenida de Tolosa ni Zumalakarregi. Por eso, habilitamos un espacio por la zona de las universidades, de ahí entró en la autopista en dirección Aritzeta y realizó un cambió de sentido para volver por la avenida de Tolosa y poder salir a Amara. Me llamaron a la oficina por varios problemas, pero ese fue uno de los más llamativos. Esa criatura tendrá ahora 20 años».

Tanto Ugarte como Arrieta coinciden en señalar ahora, dos décadas después de aquel Mundial, que no ven viable un nuevo campeonato en Donostia. «Si ahora mismo me dan a elegir para traer algo me quedaría con una salida del Tour, por encima de todo», apunta Ugarte. Además, desvela que ya intentó traer de vuelta la prueba francesa a la capital guipuzcoana. «Cuando nos escogieron como Capital Europea de la Cultura le planteamos la posibilidad al alcalde -entonces Juan Karlos Izagirre-, llegamos a realizar las gestiones y lo tuvimos todo hecho, pero por el tema económico no se dio». Arrieta opina que «ya nos pareció caro el Tour de 1992, pero ahora se oyen cifras que asustan».

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