El velódromo de la Ciudad de México puede convertirse en un campo de fútbol

Francesco Moser, en el velódromo de Ciudad de México en enero de 1983. /
Francesco Moser, en el velódromo de Ciudad de México en enero de 1983.

El Cruz Azul, uno de los grandes de la liga azteca, quiere derribar el recinto donde Merckx y Moser batieron el récord de la hora para construir su nuevo campo

IÑAKI IZQUIERDO

El velódromo de la Ciudad de México, recinto legendario donde Eddy Merckx y Francesco Moser batieron el récord de la hora, corre peligro. De hecho, está a punto de ser arrasado hasta los cimientos. La amenaza es la decisión de uno de los gigantes del fútbol mexicano, el Cruz Azul, de construir su nuevo campo en el solar que ocupa el Velódromo Olímpico Agustín Melgar, al este de la Ciudad de México

El récord de la hora es hoy un anacronismo, una reliquia del pasado. Desde que la UCI cerró el paso a los avances tecnológicos después de los intentos de los años 90 a cargo de Obree, Indurain, Rominger y Boardman (que lo elevó hasta los 56,375 kilómetros), la marca perdió atractivo. Pero siempre había sido un clásico del ciclismo, casi una obligación para los mejores.

Coppi y Anquetil lo tuvieron. Y en 1972, Merckx eligió México para intentarlo. En 1968, el danés Ole ya estableció el récord de la hora Ritter (48,653 kilómetros) en la pista que pocas semanas antes había sido sede olímpica. Pero la intentona de Merckx fue la que puso de moda México. La clave, la altitud del velódromo azteca. A más de dos mil metros, mejora el transporte de oxígeno a los músculos y la resistencia del aire es mucho menor, dos ventajas determinantes en una prueba de estas características. Merckx llevó la marca hasta los 49,431 kilómetros.

Doce años después, Franceso Moser hizo una de las mayores demostraciones tecnológicas de la historia del ciclismo con su intento de récord de la hora, de nuevo en México. El italiano desembarcó con una legión de ingenieros y médicos y una bicicleta que asombró al mundo. Por la geometría del cuadro, inclinado hacia adelante, pero sobre todo por la colocación de dos ruedas lenticulares. Lo nunca visto hasta entonces. Vistió un buzo de contrarreloj también inédito y su equipo cubrió con una resina especial la parte inferior de la cuerda del velódromo para minimizar el rozamiento de los tubulares contra el suelo y ganar velocidad. El 19 de enero de 1984, víspera de San Sebastián, el ciclista de Trento situaba la marca en 50,808 kilómetros. Cuatro días después la elevaba a 51,151.

La marca desalentó a más ciclistas de intentar el asalto al récord hasta que renació el interés en los 90. El de Moser en 1984 fue el primer récord cancelado por la UCI cuando prohibió la tecnología.

Patrimonio en peligro

Ese patrimonio ciclista es el que corre grave peligro por la posible demolición del velódromo mexicano para levantar un campo de fútbol. El año que viene vence el contrato entre Cruz Azul y el Estadio Azteca, por lo que el club debe buscar un nuevo hogar. No buscamos otras opciones. Este es el lugar ideal. Esto se hará, porque aquí tenemos las mejores condiciones para nuestro estadio", aseguró el presidente del Cruz Azul.

Sin embargo, el Velódromo Olímpico se encuentra protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, que investiga, conserva y difunde el patrimonio arqueológico, antropológico, histórico y paleontológico de México. Pero el fútbol es mucho adversario para un deporte humilde como el ciclismo. La larga, brillante y romántica historia del récord de la hora está amenazada en la Ciudad de México.

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