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El rey de Ordizia recibe su homenaje

1995. Batió a Della Santa en el repecho final. A 27 segundos llegaron Ullrich, Vandenbroucke y Furlan.
1995. Batió a Della Santa en el repecho final. A 27 segundos llegaron Ullrich, Vandenbroucke y Furlan. / MICHELENA
  • La Clásica Marino Lejarreta rendirá tributo mañana a Neil Stephens, cuatro veces ganador de la Prueba Villafranca

Me he dado cuenta, mirando los años que he participado en ella, de que la corrí en cinco ocasiones y gané cuatro veces. En 1990 corrí por primera vez. Aguanté a rueda de Marino Lejarreta y Miguel Ángel Martínez hasta Bidania. Allí me dejaron y llegaron juntos a la meta de Ordizia», explica Neil Stephens (Canberra, Australia, 1963). El homenaje que le tributarán en Ordizia le ha hecho recordar aquellos triunfos en la Prueba Villafranca y las circunstancias en las que los logró.

La época en la que se celebra la prueba, el 25 de julio, «siempre me ha venido muy bien. Cuando gané la primera venía de correr en Portugal y no sabía, ni yo, ni mis compañeros (del conjunto Artiach), si tendría equipo para la próxima temporada. Otras veces venía del Tour. Me gustaba la carrera, los compañeros me ayudaban... No es fácil terminar el Tour el domingo y coger un avión a Biarritz. Yo me lo planteaba como una etapa más. Para mí era importante. ¡Tampoco es que yo haya ganado muchas carreras!», sonríe.

Ganó en Ordizia con dos equipos: el Paternina, de Txomin Perurena (1991), y la ONCE, de Manuel Saiz (1993, 1994 y 1995). Hubo años en los que la Prueba Villafranca no se le puso a tiro: «En 1989 me lesioné a principios de temporada y no volví a correr hasta julio. En el 90 corría en el Artiach. En el 92 me coincidió con el Tour y en el 96 estaba en los Juegos Olímpicos», explica uno de esos exciclistas que podría escribir una novela de su vida.

Ahora dirige una formación, Orica-BikeExchange, que parece una fábrica de talentos -Esteban Chaves, Adam y Simon Yates-, pero como ciclista vio mucho ciclismo y no todo bueno: «Empecé tarde a correr, a los 17 años. Había andado de chaval, pero no llevaba una vida muy deportiva. Me desvié un poco, hasta que me fui enderezando y decidí cambiar de vida. Era el típico gamberrete y mis padres se desesperaron un poco, pero cambié».

Su periplo ciclista abarca tantos países y equipos que parece no tener fin: «En 1984 recalé en Inglaterra como profesional; bueno, en realidad casi ni cobraba. Andaba justo para sobrevivir. En 1985 debí volver a Australia. Mi padre murió y tuve que coger su camión y liquidar la empresa. En el 87 volví a Inglaterra y en el 88 fui a Bélgica», dice.

En 1989 su vida comenzó a cambiar cuando firmó con el Caja Rural-Paternina, en el que estaban Marino Lejarreta y Txomin Perurena. Allí comenzó de verdad su carrera. «Yo quería saber hasta dónde podía llegar como ciclista, cumplir de esa forma mis sueños. Gané carreras. La ambición y la ansiedad me hacían tirar hacia delante».

Hubo equipos, como el Zero Boys holandés, en el que Neil y sus compañeros tenían que salir pitando del hotel porque el responsable del grupo no tenía dinero para pagarlo.

Se estableció en Ventas de Astigarraga, en la gran época de Orbea, que tuvo varias empresas como patrocinadores, de 1989 a 1993. «En 1992 conocí a la que ahora es mi mujer (Amaia) y desde 1994 vivó en Oiartzun», apunta.

Si le preguntas cuándo disfrutaba más si como corredor o director, responde que «disfruto mucho de mi trabajo como director, que es eso, un trabajo, y ojalá me dure muchos años. Los años como ciclista fueron muy especiales, era un 'hobby', me preguntaba dónde podía llegar, tenía ilusión por mejorar y acabé en el mejor equipo del mundo. Disfruté como ciclista y lo hago como director. No he salido del ambiente del ciclismo y eso es una lotería».

Stephens vive el día a día con intensidad. Lo único que le cuesta como director es salir de casa: «Debo estar agradecido a mis compañeros directores en el Orica, que me permiten pasar más tiempo en casa. Estoy con el equipo cien días al año».

Cuando le hablas de Chaves, los hermanos Yates y otras perlas que van saliendo en el Orica, recuerda que «a principios de año no ganamos nada cuando yo estaba de director. ¡Ni siquiera en la Vuelta al País Vasco! Simon Yates, que estaba para disputar la general, se cayó en Arrate. Hasta Romandía no conseguí que ganásemos nada. Luego, sí: está la Vuelta a España, los triunfos de Chaves, de Simon Yates, de Magnus Cort, de Jens Keukeleire, el Giro de Lombardía de Chaves...».

De Esteban Chaves afirma que «cada año le ponemos metas más altas y las va cumpliendo. El año pasado fue quinto en la Vuelta a España y este ha sido segundo en el Giro, tercero en la Vuelta y ha ganado Lombardía. ¿Si puede ganar el Tour? Creo que sí, pero no en 2017. Habrá que pensar en 2018. Froome y Quintana son muy fuertes. Hemos estados reunidos todos los técnicos del equipo y hemos visto que donde pierde más tiempo es en las contrarrelojes, aunque va mejorando poco a poco. En la Vuelta al País Vasco que terminó en Markina fue el último en la crono. Yo creo que llegó fuera de control pero los organizadores fueron benévolos. Intentaremos que mejore él, y también los hermanos Yates. Tienen muy buen ambiente entre ellos, se llevan bien, y vamos a intentar que sigan así. Sería buenos para todos. Buenos son los tres. Adam Yates ha sido cuarto en el Tour. No será fácil que progresen los tres a la vez, pero vamos a intentarlo, a ver que pasa».

En Ordizia, mañana (10.00 horas), volverá a vestirse de corto.

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