Diario Vasco
Zubeldia, paseando con una bicicleta de montaña.
Zubeldia, paseando con una bicicleta de montaña. / MICHELENA

CICLISMO

Haimar Zubeldia: «Llevo 31 años con la bicicleta y en los veinte de profesionales cubriré 600.000 kilómetros»

  • Corredor del equipo Trek-Segafredo

  • El próximo 1 de abril cumplirá 40 años y los festejará encima de la bicicleta como corredor profesional

El sol se va perdiendo en el horizonte y la brisa sacude de forma parsimoniosa el rostro de Haimar Zubeldia, en el que todavía quedan marcas de las gafas y el casco que lleva en carrera. Llega a la cita en una bicicleta de mountain-bike con la que ha estado por la mañana en Pagoeta «dando una vuelta. Hasta me he llevado una bolsita por si veía alguna seta, pero me he vuelto sin ninguna a casa». El próximo 1 de abril cumplirá los 40 años, encima de una bicicleta como ciclista profesional.

- ¿Cómo está físicamente después de finalizar la temporada?

- He acabado cansado. La Vuelta a España la terminé bien, como siempre, pero los diez días que he estado en Italia corriendo y en la primera reunión del equipo se me han hecho largos. En general, se puede decir que físicamente estoy bien, pero está claro que a los 39 años no estás como a los 25. Conozco muy bien mi cuerpo, las señales que me manda, y notas que te falta chispa. Tienes que trabajar para tener nervio y explosividad. ¡Si nunca los he tenido, ahora noto más esa falta! Con la experiencia suples muchas cosas, sabes cuándo tienes que regular en una carrera y ves más el momento en el que se van a producir escapadas. Intentar suplir unas cosas con otras.

- Pasó a profesionales en 1998, ¿qué recuerda de aquel momento?

- Era un chavalillo. Cuando llegué a profesionales fue como empezar de cero. Todo era distinto a lo que había visto en aficionados. Hubo un momento en el que llegué a pensar si sería capaz de rendir, de evolucionar. Te das cuenta que poco a poco, la vía natural de la vida te permite ir creciendo y va haciendo que puedas sacar partido de tus condiciones. Cambió mucho todo cuando salí de Euskaltel para ir a un equipo internacional, en 2008 (Astana), donde me junté con gente de otros lugares del mundo. Hasta entonces, lo más lejos que vivía un compañero del equipo era a cien kilómetros, teníamos muchas cosas en común, la misma cultura. Pasé a convivir con americanos, japoneses, australianos. Me vino muy bien para abrirme la mente a nivel deportivo. En el apartado personal me cambió la vida cuando dejé Usurbil para irme a vivir a Zarautz. Me casé, tienes una familia... Eso a nivel personal, porque en otros apartados el cambio ha sido total.

- ¿En qué apartados ha cambiado?

-Las infraestructuras de los equipos que había entonces no tienen nada que ver con las que hay ahora. No existía el WorldTour. Hay muchos más medios en todo, también se ha encarecido todo mucho, al menos para estar en la primera división del ciclismo. Entonces solo se competía en en Europa, en España, Portugal y Francia. Ahora vas a Japón, Australia, Argentina, China. Los calendarios han cambiado mucho y los equipos son más grandes.

- ¿Se podría decir que ha logrado unir su pasión con su profesión?

- Sí. Yo entiendo mi vida con el deporte. Es más, yo creo que con el paso de los años ha crecido esa pasión, que forma parte de mi vida, una parte muy importante. Seguiré andando en bicicleta y haciendo deporte siempre. Mis padres no me inculcaron hacer ciclismo. Jugaba a pelota a mano, a baloncesto, andaba en bicicleta y yo decidí hacer ciclismo, junto a mi hermano Joseba. El deporte te aporta unos valores personales que te valen para toda la vida. Yo estoy haciendo lo mismo con mis hijas. Van a la ikastola en bicicleta. Zarautz es pequeño y está muy bien preparado para andar en bici, es cómodo. Llegas a la ikastola y ves ¡500 bicicletas allí aparcadas! y me sale una sonrisa. Hay una cultura de la bicicleta y eso es bueno.

-¿Con qué corredores se encontró cuando pasó a profesionales en Euskaltel, tanto en su equipo como en otros?

-¡Uff, no me acuerdo de todos, tengo que hacer memoria! Estaban Chaurreau, Igor Flores, luego llegaría su hermano Iker, López de Muniain, Olano estaba en Banesto, Igor González de Galdeano, Zulle, Escartín, Beloki, con el que pasé el mismo año a profesionales, Zulle, Jalabert... En la Vuelta a España me encontré con muchos de ellos. Ha pasado mucho tiempo. Todos me preguntaban lo mismo, ¿hasta cuándo vas a seguir? Al final, al cabo de los años terminas coincidiendo con muchos ciclistas. Luego llegaría la generación de Valverde, Purito, Samuel Sánchez, Iban Mayo... Muchos han aguantado hasta ahora. También estaban Contador y Armstrong.

- ¿Cómo se ve con corredores que podrían ser en algunos casos sus hijos?

- Tanto como mis hijos, no. Los tendría que haber tenido muy jóvenes. Hay chavales de 20, 21 o 22 años en profesionales. Yo noto que ahora hay un ciclismo más abierto que el que yo conocí. Antes parecía circunscribirse todo a Europa y ahora el ciclismo es el mundo. Con las nuevas tecnologías, con todas las aplicaciones que hay, fichar buenos jóvenes es ahora más fácil que antes puesto que tienes acceso a todos los países del mundo, con carreras, datos, vídeos. Casi te diría que se puede fichar desde casa. Antes casi todos los jóvenes que pasaban eran prácticamente europeos y ahora ese mercado es mundial. Eso trae consigo que cuando llegan a un equipo sabes ya muchas cosas de él. Yo me acuerdo que estuve en algún equipo que fichó un campeón del mundo de aficionados y casi ni me enteré. ¡Ahora es impensable! Lo malo que tiene tanto conocimiento es que muchos llegan ya con galones, cuando antes se partía de cero.

- ¿Qué relación tiene un ciclista de 39 años con otros de 22 o 23 años?

- Yo he tratado siempre de ayudarles, de enseñarles comportamientos, la cultura del esfuerzo. Yo he trabajado para estar aquí, hay que ser serio entrenando, en la higiene de vida, hay que ver cómo se comportan los veteranos en la mesa, en el autobús, en las charlas. He compartido habitación con muchos jóvenes, de hecho en el equipo me suelen poner con ellos para que se vayan haciendo, para facilitarles las cosas. El idioma ayuda. Los últimos diez días que he estado en Italia he compartido habitación con Julien Bernard, el hijo de Jean François Bernard. Procuras darles consejos. El día que estuvimos todo el grupo del próximo año reunido estuve con Pantano. Cuando yo pasé a profesionales me fijaba en los veteranos. En el fondo, es igual que antes, hay que adaptarse a la categoría. Hay gente que llega con mucho desparpajo, otros que te sorprenden. Hay ya gente muy joven que se viene a vivir a Málaga o a Canarias, porque en su país no pueden entrenar en condiciones.

- Después de toda una vida como profesional, ¿qué sigue siendo lo peor del ciclismo para Haimar Zubeldia?

- ¡Salir de casa! Entrenar me gusta, aunque en invierno con mal tiempo te cuesta más. Tenemos una grupeta muy maja que nos apoyamos y si vemos que hace malo antes de salir nos animamos entre nosotros. Entrenar no me cuesta, salir de casa, sí. Mis hijas me dicen, 'otra vez te vas'. En la grupeta estamos Markel Irizar, Txurruka, Aitor González, Pello Goikoetxea, Mikel Elorza y Mikel Aristi.

- ¿Qué piensa del que fue su equipo, Euskaltel, de lo que significó en su tiempo, de la trascendencia que tuvo para el ciclismo vasco?

- ¿Algo irrepetible? Me gustaría pensar que no. Las dos o tres generaciones de ciclistas que pasamos por allí pensábamos entonces y hablábamos entre nosotros de que 'cuando falte nos daremos cuenta de lo que ha significado Euskaltel para el ciclismo vasco, para todos nosotros'. Desde la época de Euskadi igual dieron la oportunidad de pasar a profesionales a más de cien ciclistas y eso se dice pronto, pero tiene un valor incalculable. Había temporadas que pasaban seis ciclistas del campo aficionado a profesionales, o como mínimo dos. Me gustaría pensar que se puede volver a repetir. Euskaltel y Euskadi vendían país, fue un buen escaparate. También es cierto que los tiempos han cambiado y la gente se podría preguntar por qué el ciclismo y no otros deportes, por qué no apoyar a empresas necesitadas. Se dieron unas circunstancias en las que todo cuadró. Yo sigo viendo mucha gente en bicicleta, sobre todo los fines de semana, y en la carretera durante el paso de la Vuelta a España había mucha gente, lo mismo que en la Clásica o la Vuelta al País Vasco.

- ¿Ha habido un corredor que ha marcado su carrera?

- Cuando yo comencé era Indurain, que ya se había retirado. Le seguía con admiración. No solo era su valía como ciclista, sino su forma de ser, de comportarse en carrera. Era todo. Eso es algo que un ciclista se lo gana en el día a día, nadie te lo regala. No tuve la suerte de correr con él.

- ¿Qué me dice de Lance Armstrong?

- Estuve con él dos años, en el Astana y en el RadioShack. Hay muchos Armstrong. A nivel mediático yo no he visto una cosa igual en mi vida. Lo que movía a su alrededor era una barbaridad. Era algo que te desbordaba. Antes de estar con él fue al primer corredor que vi que tenía un acompañante para ir a firmar antes de la salida. Por su forma de ser imponía mucho, también por su carácter. Cuando él y Alberto Contador coincidieron en el Tour chocaron dos caracteres muy fuertes. Fue un Tour movidito para el equipo, no fue fácil para ninguno de nosotros. Hubo momentos tensos. Ganó el que más piernas tenía, que era Alberto. A nivel deportivo, con todo lo que pasó, ¿qué te voy a decir? Fueron unos años complicados, difíciles. Terminó siendo un poco decepcionante.

- ¿Qué piensa de su futuro a largo plazo? ¿Cómo lo ve?

- Me da respeto. Cambiarán muchas cosas a nivel personal. Este año me he pasado doscientos días fuera de casa. Tengo algunas ideas, pero de momento me centro en seguir corriendo. Mi idea es la de seguir vinculado al ciclismo, pero no sé de qué forma. Lo que no quiero es estar tantos días fuera de casa como ahora. Al ciclismo se puede estar vinculado de muchas maneras.

- ¿Cuál ha sido su peor momento en el ciclismo?

-Las lesiones, y sobre todo, el problema del corazón con la arritmia. Tuve que dejar de andar en bicicleta y no sabía si iba a poder volver a cogerla. Fue una angustia tremenda. Me pusieron un holter durante 48 horas. Noté algo raro entrenando en Gran Canaria. Pensé que era algún problema del pulsómetro. Al final, me cogí un avión y me fui donde un cardiólogo a Bilbao. Subí las escaleras de prisa a la consulta y llegué con arritmia. Resultó muy duro.

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