Baloncesto

Una superheroína en zapatillas

Toch Sarr, antes de entrenar ayer en el Gasca./SARA SANTOS
Toch Sarr, antes de entrenar ayer en el Gasca. / SARA SANTOS

La pívot del IDK Gipuzkoa siempre supo que quería jugar al baloncesto y a los 16 años dejó Senegal para probar suerte en Europa. A sus 33 años Toch Sarr vive su mejor momento en la cancha

MACARENA TEJADASAN SEBASTIÁN.

Nació en Dakar, Senegal, hace 33 años, aunque ya es una donostiarra más. Su nombre es Oumoul Khairy Sarr -que significa buena madre-, pero todos la conocen como Toch Sarr. «Me llaman así desde pequeña, desde antes de ser jugadora de baloncesto», explica mientras se ata sus zapatillas de baloncesto, unas Nike grises que usa tanto para entrenar como para disputar los partidos porque «son muy cómodas».

Tras el parón liguero, la pívot del IDK Gipuzkoa vuelve a botar el balón con más ganas y, sobre todo, «más descansada que antes. Ahora no hay sufrimiento que valga». Hasta el momento ha sido una de las piezas clave del conjunto donostiarra. En lo que va de temporada lleva una media de 13,9 puntos, 7,6 rebotes y 15,3 de valoración por partido. ¿El secreto? «Estoy en un buen momento. En verano jugué con la selección de mi país y después de esa etapa he llegado a tope con el equipo, pero la clave está en el trabajo del día a día», indica una Toch orgullosa, que añade que este es también el truco de su equipo para haber llegado a la octava jornada con un balance de seis victorias y una derrota.

Tras siete años militando en las filas del IDK, Sarr es una de las jugadoras más veteranas del equipo. Y parece que aún hay pívot para rato. La de Dakar es incombustible y se muestra contundente cuando dice que le gustaría terminar su carrera «aquí. Nunca se sabe lo que va a pasar en un futuro. A veces queremos algo y no sucede así, pero ojalá que esto siga. Tengo la familia aquí, mis niñas van aquí al cole... No creo que vaya a volver a hacer las maletas para irme. En Donostia estoy como en mi casa. Mis mellizas han nacido aquí, son donostiarras. El equipo y yo estamos muy a gusto juntos. Es un sentimiento mutuo».

«En mi barrio en Dakar, donde empecé, había jugadoras de baloncesto profesionales»

«Uso una 42 de pie, es una talla pequeña, pero no tengo problemas para los zapatos de fiesta», ríe

Fue con dieciséis años cuando Sarr decidió salir de su país para vivir su propia aventura. A pesar de que el baloncesto sea un deporte con mucha fuerza en Senegal, sobre todo entre las mujeres -«que son quienes ganan los títulos. En mi barrio en Dakar había jugadoras profesionales»- supo que para dedicarse de manera profesional a este deporte «tenía que ir a Europa a jugar o a Estados Unidos a estudiar mientras jugaba. Fue difícil, pero llegó un momento en el que quería más. Y eso no se podía en Senegal. Allí se está muy bien para lograr la base, pero luego hay que seguir creciendo y para eso tienes que irte fuera».

Desde cadete con la absoluta

Ella lo tenía claro. No a cualquiera le convocan con la selección absoluta en cadete. Es más, es tal su amor por el baloncesto que no puede imaginarse su vida en torno a otra disciplina. Del grupo de ocho amigas que comenzaron a tirar al tablero con ella «ninguna ha llegado a nada. Pero yo sabía que esto me gustaba muchísimo. Además, notaba que tenía algo y por qué no intentarlo. Tenía que seguir adelante».

Y a nadie de su alrededor le pilló por sorpresa. Cuando le dijo a su madre que se marchaba a perseguir su sueño, «no le extrañó. Sabía que tarde o temprano llegaría lejos. Siempre es difícil, pero llega una edad en la que cada uno tiene que vivir su propia vida. Mi padre -que era imán- ya había fallecido para aquel entonces».

Han pasado ya diecisiete años desde ese momento, pero Sarr lleva a su querida Senegal en el corazón. «Es mi tierra. Voy cada año. Siempre lo echas de menos. Sobre todo cuando vas tres meses y luego tienes que volver al trabajo», ríe.

De madre a hijas

El baloncesto es su trabajo y su afición, y la pívot del IDK se siente afortunada de compartirlo con sus hijas, sobre todo con la mayor, que a sus nueve años juega ya en el Bera Bera. Toch vive así sus fines de semana entre canastas. «Por la mañana voy a verla jugar. Me gusta que le guste el baloncesto. Desde pequeña me vio jugar y está siempre en la cancha. Espero que a las peques también les guste cuando les toque. No se pierden ningún partido. Son las mascotas del IDK», bromea sin poder perder la sonrisa al hablar de sus niñas.

Y no es para menos. No hay muchas deportistas profesionales que compaginen el ser madre de tres niñas con su carrera. Por eso, ella se siente «especial. Si me llegas a decir esto hace unos años no te creo. Pero somos mujeres y tenemos las ideas muy claras. Podemos hacer cualquier cosa».

Ella, al menos, sí que puede. Y si no, basta con contemplarle. En su treintena, después de haber sido madre de tres niñas y haber superado una grave lesión de rodilla, está en su mejor momento como jugadora de baloncesto. Su sueño es «llegar a los play-offs hasta el final y jugar la Copa de la Reina». En lo personal se inquieta. «Sueño por mis niñas. Que sean felices y yo también. Eso es lo más importante. Si tienes salud y suerte, puedes conseguir cualquier cosa», recapacita mientras mira al infinito.

Una persona como ella, trabajadora y con ese espíritu positivo que tanto le caracteriza, puede llegar hasta donde se proponga. Sus 187 centímetros de altura le «ayudan a llegar mejor a la canasta», pero, en cambio, «solo tengo un 42 de pie. Incluso Sara, la jugadora más pequeña del equipo, tiene más talla que yo. Al menos puedo encontrar zapatos de fiesta de mi talla, algo bueno tenía que tener», explica a carcajadas.

Contagia su risa a cualquiera que pase a su alrededor. Y si tiene que hablar sobre su parte preferida del entrenamiento no le cuesta decidirse. Ella lo sabe bien. «A pesar de que al resto no les guste mucho, a mí me encanta meterme en la bañera de hielos. Te relaja el músculo. La uso después del entrenamiento o del partido. Antes no me gustaba tanto pero con la edad le he ido cogiendo el gusto».

Y con la edad ha tenido la posibilidad de demostrar que es una superheroína, tanto dentro como fuera de la cancha. Aún hay Toch Sarr para rato. Y si es en el IDK GIpuzkoa, mejor que mejor.

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