NBA

Un anillo para domarlos a todos

Stephen Curry y LeBron James. /Beck Diefenbach (Afp)
Stephen Curry y LeBron James. / Beck Diefenbach (Afp)

La nueva temporada viene marcada por el baile de estrellas que ha originado una insólita concentración de talento en unas cuantas franquicias, abriendo la era de los superequipos

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Michael Jordan ha cargado con dureza contra la llamada era de los superequipos, vaticinando que uno o dos «serán geniales» pero los otros «28 serán una basura». Voz autorizada por su ilustre trayectoria en las pistas, las palabras del mítico '23' de los Bulls son también las del propietario de unos Hornets que ven cada vez más constreñida su capacidad de atraer estrellas al operar en un mercado pequeño y enfrentarse a auténticos transatlánticos que amenazan con romper para siempre el equilibrio en torno al que ha pivotado la NBA gracias a una serie de reglas -tope salarial y 'draft', entre otras- establecidas para dificultar la conformación de bloques hegemónicos que tiranicen la competición. Afirmaciones que no han enfriado el fervor con que, con toda justicia, aguardan los aficionados el inicio de la que se bosqueja como una de las campañas más apasionantes de la historia tras un verano marcado por los astronómicos contratos firmados al rebufo del acuerdo televisivo por valor de 24.000 millones de dólares rubricado en 2016 y el consiguiente incremento de los márgenes para conformar las plantillas, que ha provocado un nomadismo de astros nunca antes visto.

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Kyrie Irving, Isaiah Thomas, Gordon Hayward, Dwyane Wade, Derrick Rose, Dwight Howard, Jimmy Butler, Paul George, Paul Millsap o Carmelo Anthony se cuentan entre quienes han hecho las maletas para ganarse el jornal al servicio de nuevos patrones. Movimientos que han alterado profundamente el paisaje, a los que se suma el aterrizaje de jóvenes diamantes como Markelle Fultz, Lonzo Ball, Jayson Tatum, De'Aaron Fox o Dennis Smith Jr., llamados a tener un impacto inmediato en el mejor baloncesto del planeta. Pero es la insólita concentración de talento en unos pocos vestuarios la que más ha disparado las expectativas, permitiendo la emergencia de nuevas superpotencias que desafían la bicefalia Warriors-Cavs de las tres últimas campañas.

Los 'big-three' han dejado de ser excepción para convertirse casi en imperativo entre quienes aspiran al anillo. Ninguno tan atractivo como el que ha armado Sam Presti en los Oklahoma City Thunder. Gran vencedor del periodo estival, el 'general manager' ha reconstruido en cuatro meses una franquicia que dejó en coma la marcha de Kevin Durant el curso anterior a los Golden State Warriors y que mantuvo con vida Russell Westbrook casi en solitario. El californiano se ganó el cielo y el MVP con sus heroicas actuaciones, pero no son los actuales tiempos abonados a llaneros solitarios. Tras calmar su ansia de ser dueño y señor indiscutido de la bola, 'Míster Triple-Doble' ambiciona el anillo, aunque para ello tenga que ceder algo de foco en beneficio de Carmelo Anthony y Paul George. El primero confía en ganar por fin el título tras penar durante siete años en el Madison Square Garden. Idéntico objetivo tiene el segundo, que tras otras tantas temporadas en Indiana se muda a Oklahoma, quien sabe si como parada en su viaje a Los Ángeles.

¿El ocaso de los Cavs?

La ciudad de las estrellas podría ser también el futuro destino de LeBron James. Tiemblan en Cleveland con la posible fuga del alero, que devolvería a Ohio al páramo deportivo que siempre fue hasta su advenimiento. Para aprovechar el que podría ser su último año de felicidad, han reclutado a su amigo Dwyane Wade, con el que buscará otro anillo tras los dos que conquistaron en Miami, aunque será sobre Isaiah Thomas, una vez recuperado de su lesión, sobre quien recaerá la responsabilidad de mitigar el daño causado por la salida de Kyrie Irving. Tras pasar los tres últimos años a la sombra del de Akron, el base formado en la Universidad de Duke cambió Cleveland por Boston, obligando al pequeño 'playmaker' del estado de Washington a realizar el trayecto opuesto. Cambio de cromos entre los dos gigantes de un Este cada vez más desolado en contraposición al vibrante Oeste. Celtics y Cavs, encargados precisamente de alzar el telón este martes, son los indiscutidos favoritos para disputarse el título de Conferencia, reforzados los primeros además de con la llegada de Irving, con el aterrizaje de Gordon Hayward procedente de Utah que, sumado a la continuidad de Al Horford, permite levantar un nuevo 'big-three' a la altura de aquel que se enfundó el anillo en 2008. Los campeones en 2016, por su parte, pueden darse incluso el lujo de contar con un MVP como Rose como recambio de Thomas, aunque la baja del ex de los Celtics permitirá al que fuera buque insignia de los Bulls asumir galones los primeros meses. Sólo los Wizards de John Wall y Bradley Beal parecen capacitados para intentar la sorpresa en un Este en el que los Sixers de Embiid, Simmons y Fultz tratarán de seguir quemando etapas en el asalto al trono con que sueñan en Filadelfia, lo mismo que los Bucks del espectacular Antetokounmpo, si el físico respeta a Jabari Parker.

Muchísimo más cruenta se presenta la guerra en el Oeste, donde los Warriors han retenido a Stephen Curry y Kevin Durant, que junto a Klay Thompson y Draymond Green, prometen otro año dorado en Oakland. Los vigentes campeones barrieron en las predicciones de los 'general managers'. El 93% vaticinó otro anillo para el equipo de la Bahía de San Francisco, con el 7% restante apuntando a los Cavs. Práctica unanimidad, posiblemente temeraria ante la emergencia de otros colosos como los Thunder o unos Rockets que maravillaron con su eléctrico ataque el curso pasado y que han sumado este año a Chris Paul para configurar un 'backourt' terrorífico junto a James Harden. Sin olvidar, por supuesto, a los Spurs de Kawhi Leonard y los ilustres veteranos de Popovich. Muchas miradas se volverán también hacia los Timberwolves, donde Jimmy Butler llega para acompañar a Andrew Wiggins y Karl-Anthony Towns, así como a los Nuggets, que han formado una de las parejas interiores más poderosas al unir a Paul Millsap con Nikola Jokic. Y hasta a los Lakers, donde Lonzo Ball y Brandon Ingram intentarán elevar las prestaciones del conjunto que viste de púrpura y oro a la espera de que Magic Johnson sea capaz de convencer al deseado LeBron y quién sabe si también a Paul George. Porque si algo ha quedado claro este verano es que en la NBA de hoy en día nada es imposible.

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