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Shegun, en la sede de Askatuak, el club de su vida. / LOBO ALTUNA

El hombre tranquilo al que Gasca enseñó a jugar

  • En los últimos días su rostro reflejaba su larga y dura dolencia, pero siempre mantuvo la dignidad uno de los deportistas más populares de Gipuzkoa

Su imagen de gigante tranquilo y bonachón la mantenía Shegun en los últimos días, mientras paseaba por lo Viejo apoyado en su bastón, acompañado de alguno de sus muchos amigos y con el rostro reflejando su larga y dura dolencia. Pero siempre, siempre, con la dignidad de uno de los deportistas más populares de Gipuzkoa.

Gasca le descubrió en una de las 'Operación Altura' que promocionaba el baloncesto guipuzcoano en los sesenta para surtir de centímetros a los equipos. Le enseñó a jugar, a moverse, a tirar a canasta y a estar siempre ahí, bajo el aro, en el poste, para convertir en canastas tiros que desde lejos no iban a anotar por falta de altura.

El entrenador donostiarra le recuperó cuando Shegun ya había dado lo que muchos pensaban lo mejor en otros equipos. Creyó en su altura desmesurada para aquella época, en su serenidad y veteranía en la cancha y en su cualidad para hacer equipo, motivar al resto de jugadores y, por qué no, intimidar al contrario bajo la cesta.

Shegun dio años de puntos al Dicoproga, luego rebautizado Dicos y Askatuak. 'Askatu' para los cientos de seguidores que desde mediados de los setenta hasta mas allá de los ochenta llenaban las gradas del polideportivo Anoeta.

Hacía hervir el polideportivo

Recuerdo perfectamente que una de sus canastas, a la media vuelta, hacía hervir a gritos todo el polideportivo. Un tapón suyo lograba sacar los rugidos de la grada, volcada siempre con su equipo. Shegun sabía siempre lo que había que hacer en la cancha. No era la estrella del cinco inicial, pero era el jugador más querido por los aficionados al baloncesto y por los seguidores de Askatuak.

En el trato con la prensa, de los que entonces cubríamos el baloncesto, era radicalmente opuesto a su descubridor. Si Gasca era sanguíneo, Shegun era pausado. Si Joshean era de verbo incontenible, Azpiazu era sobrio, tanto como ejemplar jugador como en su época de entrenador. Y siempre, siempre, accesible, entrañable y deportivo. Todo un ejemplo para el deporte de la canasta en particular y el deporte en general.

Descansa en paz, amigo.

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