ATLETISMO

La huida, la duda y, como siempre, la victoria de Farah

K. LÓPEZ LONDRES.

Era un crío cuando, como miles de refugiados, Mo Farah se vio obligado a abandonar Somalia, su país de origen, para llegar a Londres, el lugar donde ayer, con un crono de 26:49.51 en los 10.000 metros, se convirtió en el primer campeón del Mundial recién iniciado. Realizó la mejor marca del año y eso que sufrió varios tropezones.

Tras tener que huir de su hogar en 1993, Farah prácticamente no sabe lo que es perder en la pista. Ayer, el público se volcó con él y él pidió ánimos incluso en mitad de la prueba. Es el Mundial de su despedida de la pista -la semana que viene se enfrentará al 5.000 y pasará a centrarse en la ruta-. Ante los suyos no podía fallar. No acostumbra a llegar con la mejor de las marcas, pero en finales es invencible. Como Usain Bolt, Farah no falla desde el Mundial de Daegu 2011, donde le ganó el etíope Jeila. Decían los kenianos que tenían un plan para derrotarle en Londres, pero ni por esas... Ayer lo intentaron hasta pisándole, pero su final es bestial.

Ayer sumó su tercer título mundial seguido de 10.000, a los que hay que añadir los oros en esa misma distancia en los Juegos de Londres y Río. Y, claro, los mismos triunfos más el de Daegu en los 5.000 metros, una distancia en la que intentará triunfar también el sábado de la semana que viene. Ayer era el único atleta con nacionalidad europea.

Sin embargo, detrás de ese hombre invencible en los grandes campeonatos, detrás de ese chico que tuvo que huir de su país, se encuentra un entrenador, Alberto Salazar, cuyos métodos son muy discutidos, tanto que las sospechas de dopaje son muchas. El Oregon Project del técnico está siendo investigado, pero nada más que eso hasta ahora. Dudas que no deberían empañar, al menos si no se demuestra lo contrario, los éxitos del rey del fondo.

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