El nuevo reto de alain tras superarse en la behobia

El patinador guipuzcoano, el único con discapacidad que compite en la carrera, logró su objetivo de batir su récord personal y ya se ha marcado un nuevo desafío

Alain Irazu, en pleno esfuerzo durante la Behobia-San Sebastián del pasado domingo. / DV
Alexis Algaba Y ainhoa múgica
ALEXIS ALGABA Y AINHOA MÚGICA

Alain Irazu ya tiene un nuevo desafío en mente. Después de brillar en la Behobia-San Sebastián con un tiempo de 1:13:41, su mejor marca de sus cuatro participaciones, el único patinador con discapacidad que compite en la carrera guipuzcoana tiene un reto para el año que viene: el maratón de Berlín. Se disputa en septiembre de 2018 pero los sueños se cargan con mucho tiempo de anterioridad. El tolosarra afincado en Getaria responde bien ante la presión y apunta alto.

En lo que respecta a la Behobia, sus recuerdos no pueden ser mejores: «Subí muy bien Gaintxurizketa y baje a toda leche. Tenía mucha chispa. En Miracruz estaba muy fresco y fui a sprint hasta la meta. Lo cierto es que este año estaba en mejor forma que otros años. Y también puedo decir que el público me animaba más que otros años. Las aceras de Gros estaban llenas de gente y parecía el público del Tour».

De hecho, se le iluminan los ojos cuando rememora el impresionante ambiente vivido en carrera: « Mi cuñado Mariano iba de apoyo en bici durante la carrera, me gritaba mucho, parecía el patrón de una trainera. La gente me llamaba por mi nombre, imagínate... El año que viene sí o sí hago la Behobia. Es más. Antes de hacer la Behobia este año ya me había planteado disputar la maratón de Berlín que se celebra en septiembre de 2018».

El caso de Alain es único. Sufrió la amputación de su pierna izquierda tras un accidente de tráfico hace 22 años y ello le obligó, lógicamente, a replantearse algunas cuestiones vitales. En un principio, no pensaba competir con los patines pero al final se vio envuelto en un mar de objetivos y retos. Se estrenó en la Behobia en 2014 y, desde entonces, es un fijo.

Además de las carreras Alain tiene otro objetivo. «Cada par de patines me cuesta unos 700 euros y busco a alguien en mis mismas condiciones con quien compartir el que me sobra y, si puede ser, entrenar juntos». «Hay muchas personas con una sola pierna que sí se animan a esquiar, pero parece que se resisten a patinar», apunta. «Calzo una 42, una talla normalita», sentencia entre risas.

Alain contactó hace un tiempo con un parisino que sufría la misma discapacidad que él y le invitó a la Behobia, pero la relación entre ambos no parece que sea la mejor. «Le animé para compartir la experiencia y para que hiciéramos la prueba juntos, pero a cinco kilómetros de la meta atacó y me dejó tirado», comenta con sorpresa.

A sus 42 años, este tolosarra afincado en Getaria se ha hecho un habitual en carreras populares, y su afán de superación le ha llevado a tirarse al mar y terminar este mismo verano la travesía a nado entre Getaria y Zarauz. También ha participado en maratones como el de Pamplona, en las seis horas de París y en las 24 horas de Le Mans.

Superación

«El deporte me ayudó a salir del agujero y me ayuda en el día a día», confiesa. Con 20 años se montó en su Ford Escort y sin llevar el cinturón de seguridad puesto sufrió un accidente del que salió despedido del vehículo y perdió su extremidad inferior derecha. Gracias a Kemen, le picó el gusanillo del esquí, pero los veranos se hacían largos sin nieve. Hasta 2011, cuando su mujer le animó a ponerse el patín. «Un amigo de Tolosa también me echó una mano y después de entrenar mucho y de tener constancia, aquí estamos».

Desde entonces, raro es el día en el que no pocos conductores se sorprenden al verlo entrenar por el paseo de 3,5 kilómetros entre ambas localidades. Al principio lo hacía por ocio pero un día otro amigo le preguntó si se veía corriendo la Behobia. «Le dije que estaba loco. Si yo cogía el autobús para ir a Zarautz y a la vuelta para completar el camino me tenía que parar cinco veces», recuerda.

De esta forma, desde 2014 es un habitual en la salida de Behobia y en la llegada del Boulevard donostiarra y fotos suyas hechas por algunos aficionados durante la carrera son fáciles de encontrar en las redes sociales alabando su tesón y sacrificio y llenas de admiración. «Algunos me comentan que soy un ejemplo y que cuando no les sale algo o quieren motivarse, se acuerdan de mí», señala.

Alain no tiene duda de que seguirá acudiendo a carreras y a exhibiciones con su familia allá donde vea un reto, pero advierte que su objetivo también es otro. «Espero algún día encontrar mi media naranja con la que compartir mis patines».

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