Historias felices de la Behobia 2017

«Entramos en meta de la mano, fue muy emocionante». La Behobia de este año deja tras de sí decenas de historias en carrera con final feliz

Juanjo Gibaja, guía, y Silvia Alba, invidente, felices con las medallas tras vivir una Behobia emocionante. / Usoz
MJ. SILVANO

La Behobia es siempre la Behobia, una gran fiesta y la más grande del atletismo popular en Gipuzkoa. En esta edición, en la que se ha logrado por cuarto año consecutivo superar los 30.000 inscritos, cifra pareja a la del 2016, la segunda mayor de su historia, ha dejado entrañables historias y todas ellas con final feliz.

Para empezar, la de la donostiarra Silvia Alba, que corrió la carrera con el errenteriarra Juanjo Gibaja, que ejerció las labores de guía de esta chica de 40 años que tiene una pérdida de visión de un 98% en un ojo y del 99% en el otro. Desde que se conocieron allá por el mes de abril, se estuvieron entrenando para hacer una marca próxima a la hora y 50 minutos. Su historia protagonizó un reportaje en este periódico y ayer volvió a juntarles. «Queremos repetir el año que viene», aseguran satisfechos.

La carrera fue una experiencia inolvidable. «Todo salió según lo acordado. Tomamos un café en el bar Dalton de Behobia y nos fuimos a preparar al cajón nueve, reservado a los dorsales azules. Utilizamos la cinta en la salida y al paso por Errenteria, el bullicio de tantas personas animando no nos dejaban escucharnos el uno al otro. Menudo ambiente. En meta, entramos de la mano y francamente ambos estábamos muy emocionados», relata Silvia.

«Jamás olvidaremos esta vivencia», cuentan los seis hermanos madrileños que corrieron juntos

Juanjo, profesor titular en Deusto, quiso resaltar por encima de todo, la gran actitud de Silvia durante la prueba. «Me quedo con la actitud de mi compañera. En los momentos de flaqueza tuvo la capacidad de echarle carácter y tirar para adelante y eso siempre es para valorar. También me dejó maravillado el campeonísimo de Martín Fiz, padrino de la plataforma EDP -que une a guías con invidentes-, porque es un tipo muy sencillo y majetón».

Silvia fue la encargada de desgranar la competición. «Todo fue bien. Hasta el kilómetro 16 íbamos a raja tabla para cumplir 1h50, es más, por debajo de esta marca. A partir de aquí, en la ascensión al Alto de Miracruz, noté unas molestias en el sóleo que me hicieron bajar mucho la marcha. Mira que habremos hecho esta cuesta cientos de veces, pero... El caso es que no fui capaz de recuperar bajando. Bueno terminamos en 1h55, que no está nada mal. El año que viene trataremos de mejorar».

Otra historia con final feliz es la de los seis hermanos madrileños que corrieron juntos la carrera: Miguel el pionero; Rubén, el tenaz; Jesús el perseverante; René, el luchador; Fernando, el temperamental y Julián, el referente, corrieron juntos por primera vez la Behobia-San Sebastián. «Los seis entramos de la mano. El tiempo es lo de menos, sobre la 1h y 53 minutos. Mis padres no pudieron venir porque se encuentran delicados de salud. Cuando les dijimos que salíamos en un reportaje de , fueron rápidamente a comprarlo a un quiosco de Atocha. La organización se ha portado fantásticamente bien y sinceramente nos habéis hecho todos muy felices. Esta vivencia jamás la vamos a olvidar».

Estreno de liebre

La donostiarra de 44 años Nerea Hermo, ama de tres hijos -Lucía, Marina y Nicolás-, tampoco borrará de su memoria su primera experiencia como liebre de carrera. «En primer lugar, gracias a la organización por dar un paso adelante en la igualdad. Es una gozada ver que cada año somos más mujeres y que podemos desarrollar estas funciones. Lo clavé, hice 1h50:14 y me siento muy orgullosa. Conseguí que diez personas lograran llegar a meta en este tiempo. Cuando terminamos todos querían hacerse una foto conmigo. Se mostraron muy agradecidos. Me gustaría repetir».

El donostiarra Jesús Eguimendia el domingo sumó su 33 Behobia. Desde el 2007, momento en el que se puso en marcha este servicio de las liebres de paso, no ha fallado. «Llevé el banderín de las dos horas y cumplimos con 1h59:24, e incluso lo podíamos haber hecho mejor, ya que nos dejamos caer para llegar bien al Boulevard». Entre el grupo que comandó Jesús, se encontró la gaditana María Feli Alba de 53 años. «Desde hace cinco años vengo a Donosti a correr la Behobia. Es la mejor prueba que conozco».

La hernaniarra Hoki Guerrero debutaba el pasado domingo y, a tenor del resultado obtenido, no puede evitar sentirse más contenta. «Disfruté una barbaridad, la carrera es pura emoción. Según los entrenamientos me veía en 1h25 y me salió en 1h23:32».

«Es una gozada ver que cada año somos más mujeres», afirma una de las liebres de la carrera

La campeona del mundo de trasplantados, la catalana María José Moscoso, en su primera participación en esta carrera dijo: «Es súper bonita. El público te lleva y la sensación es que los kilómetros pasan más rápido. Salí a disfrutar y escuchar a mis piernas para que en ningún momento me pasaran factura. El resultado (1h44) y las sensaciones fueron buenas. En el 2018 vendré a darlo todo».

Padres y alumnos de la Ikastola y Escuela del Jakintza dieron un año más su tiempo para ayudar a la organización en las labores de reparto de mochilas, bebidas... Iñigo Rodríguez, en nombre de todos ellos, explicó que «somos los responsables de la salida Gazte. Padres y madres, todos ya veteranos que empezamos un Buen día y ya no nos dejan jubilarnos. Nuestros hijos e hijas nos siguen los pasos».

Del Club Triku salieron 14 componentes, entre ellos Yolanda Guillén. «Es una gozada. Invito a todos y todas que todavía no hayan probado a correr esta carrera».

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