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BEHOBIA - SAN SEBASTIÁN

Lizeaga: «El primer día Txema Olazabal vino a entrenar con zapatos y le mandé a casa»

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Naroa es todo para él y Txema Olazabal, su amor platónico. ¿Cómo fue?: «José Mari es una persona que lo observa todo y un día se percató de la mejoría en el lanzamiento de bola de Arruti, quien le comentó que estaba con un preparador físico. Al día siguiente se encontró con Urkizu y lo mismo. Le pidió mi teléfono y me llamó para decirme que quería entrenar conmigo, que no pondría ninguna pega, que haría todo lo que yo le dijera. Fue una de esas conversaciones bárbaras en las que a ver quién le dice que no. Se me presentó en Anoeta vestido de calle y le dije si no estaba muy elegante para entrenarse. Volvió al coche y regresó con unos zapatos, un pantalón corto y medias. Quería entrenar. Le tuve que mandar a casa porque con esas pintas no podía ser. Lo de Olazabal fue un comienzo en el que pensé: 'Madre mía, la que me viene encima'. Era el año 2000 y para entonces ya había ganado la chaqueta verde».

Llegaron las complicaciones físicas para Txema: «Todo el mundo, desde Estados Unidos a su tierra de Hondarribia, le quiere mucho porque tiene una talla impresionante como persona. Se ha ganado el aprecio y el cariño de todos, es admirable. De salud, después de pasar año y medio mal, ahora está bien. Todavía sigue con algunas pequeñas dosis de tratamiento y las últimas analíticas le han dado todo bien. Cada día entrena más fuerte y ya compitió recientemente en Inglaterra. Lo hizo muy bien, a alto nivel. Estamos todos los días juntos preparando dale que te pego la próxima temporada. Podría decirte que está igual o mejor que cuando le he visto ganar la Ryder y torneos, porque tiene un gran ánimo. Su pasión y su confianza siguen intactos. Los ingredientes para seguir triunfando los tiene a un nivel exagerado. Me emociono cada día al verle. Va a convertir en inevitable volver a ganar».

Jon Karla no para de expresar con énfasis, y a veces hasta con emoción, sus vivencias. Pero hay que poner algún final y éste fue el suyo: «Me falta aprender a ser feliz. Lo soy más que hace unos años, pero supongo que cuando llegue a los sesenta pensaré que no lo he sido tanto antes. Me falta hacer de las pequeñas cosas grandes momentos». Un crack, sin duda.

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