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Lizeaga: «La preparación para la Behobia - San Sebastián tiene que ir acorde a tu vida»

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El deporte y Jon Karla Lizeaga se han llevado bien siempre, incluso antes de casarse con Naroa Agirre. Ahora disfruta también preparando a empresarios / LOBO ALTUNA

  • JON KARLA LIZEAGA, ENTRENADOR DE NAROA AGIRRE, Jon Karla Lizeaga es un apasionado de su profesión. Ha logrado grandes éxitos junto a su esposa Naroa Agirre, y lo mismo entrena a Olazabal que a atletas populares

El deporte le sale por todos sus poros. Está entregado a él como si no hubiera otra cosa en la vida. Jon Karla Lizeaga (Irun, 1970) se casó con Naroa Agirre, a la que ha llevado a lo más alto, y entrena a grandes deportistas y a otros que también lo son pese a que no vivan de ello.

- Jon Karla, ¿irundarra o donostiarra?

- Nací en Irun. Entré en la Unión Deportiva Uranzu y en el Uranzu Atlético. Luego se juntaron los dos clubes y surgió el BAT, Bidasoa Atlético Taldea, del que fui uno de los fundadores.

- Ya era monitor a sus 17 años.

- Incluso me tocó ejercer de responsable de pértiga de la Federación Guipuzcoana. Mertxe Suescun me ofreció el puesto cuando se retiró mi entrenador y me tocó relevarle muy joven.

- ¿Qué vio a la pértiga?

- Era lo que más me gustó. Como todo lo que ha sido importante en mi vida, resultó inevitable. Fue pasar, verlo y te preguntas qué es esto. Te llama la atención y ya te ves saltando, preguntando e indagando para evolucionar en esa prueba que me enganchó de primeras. Pasé muchos años saltando pértiga y aún sigo como entrenador. No me aburro con esta disciplina, aunque el deporte está como está y me he ido decantando también por otras vertientes de este mundo y de ámbitos profesionales. Hasta este año me encargaba del tema de la pértiga en la Federación Española. Me lo ofreció Ramón Cid y acepté.

- Atletismo y mucho más...

- No todo tipo de deportes, pero es cierto que he tenido olímpicos de snow, muchos golfistas, desde Tania Elósegui, Iñigo Urkizu y el gran Txema Olazabal, que es mi amor platónico...

- Los médicos nos preguntan si practicamos deporte. Defíname lo que significa hacer deporte.

- Deporte de alta competición es una cosa y el deporte salud que contribuye a tu bienestar es otra distinta. No tienen nada que ver. Para mí, el deporte tiene que ser equilibrio, tiene que ser moderación. Y sobre todo, disfrute.

- Pero en la Behobia de mañana hay sufrimiento.

- Para nada. ¿Genera sufrimiento subir al Everest? Según cómo lo veas. Sales de tu zona de confort, porque no es lo mismo estar en el sofá de casa que corriendo por Gaintxurizketa, pero cuando tienes una meta y un objetivo en la vida y ves que ese objetivo es realizable... te plantas en Lintzirin con las buenas sensaciones y la fatiga controlable. Lo que has entrenado aflora allí. En ese momento, el sufrimiento se convierte en placer. Es una especie de éxtasis en una situación que llega a ser placentera, porque es verdad que físicamente te infringes un castigo pero yo creo que es placentero. El año pasado saqué 72 corredores a la Behobia y acabaron todos.

- Pero a la Behobia hay que ir con una preparación a conciencia.

- Lo primero, y esto va a sorprender, es que no hay que entrenarse mucho. La preparación tiene que ir muy acorde al ritmo de tu vida. Si tu jornada laboral es intensa, atiendes además a dos hijos y debes hacer frente a muchos obligaciones, no puedes entrenarte mucho. He diseñado un programa para empresarios y dirigentes que es de una hora dedicada a tu cuerpo de cada 72, entrenarte una vez cada tres días, o tres horas a la semana. Con eso es más que suficiente. Se trata de conocer tu cuerpo, hacer labor de profilaxis, trabajo de fortalecimiento, capacidad aeróbica, correr... Te das cuenta al final, cuando lo agrupas todo y lo haces de una manera continuada, no con tozudez sino con perseverancia. Tengo gente que va a debutar en la Behobia este año y hace dieciséis meses recorrían doce minutos andando y tres corriendo. Van a bajar de dos horas porque ya conocen su cuerpo, saben sus limitaciones, conocen temas de fisiología del esfuerzo, dónde están en capacidad aeróbica. Son conscientes, en definitiva, del ritmo al que pueden ir. Si no cometes ninguna imprudencia, estamos preparados para correr la Behobia. Sin duda.

- Todo eso es bueno. ¿Qué hay que evitar?

- Pues dejarlo para última hora, sobreentrenarse, exigirse demasiado, agredir a tu cuerpo y, sobre todo, obsesionarse con marcas por vencer al compañero de trabajo o al vecino... Hay que eliminar todo eso para convertirlo en una experiencia personal y primar tu autoestima y tu confianza, sorprenderte como el niño que llega a casa y te cuenta ilusionado algo que ha conseguido y no hacía hasta ese día. Eso hay que mantenerlo hasta los 80 o los 90 años. Insisto en que hay gente capaz de correrla de principio a fin por primera vez a los 46 años y a los 50. Eso es muy bonito.

- La llegada a la meta.

- Muy bonita, alucinante. El otro día leí una frase preciosa que decía que el maratón se corre treinta kilómetros con las piernas, doce kilómetros con el corazón y ciento noventa y cinco metros con las lágrimas. Es una cosa espectacular. Recomiendo a todo el mundo ponerse en la llegada de la Behobia y ver cómo llega la gente, cómo se abraza emocionada y nada más cruzar la meta grita que quiere volver el año que viene. Y eso que acaban de terminar veinte kilómetros con sube y bajas... Es una maravilla.

- Ve a Naroa Agirre y se enamora de ella. Se casan y todo lo demás. Escucho muy atento este episodio de su vida.

- Conocí a Naroa a finales del 94. Somos pareja desde la noche de San Sebastián del 95 y siempre aposté que iba a ser buena. Veía en ella muchas facultades y mucho talento. Yo entrenaba a la campeona de España y Naroa era mejor, así que... Empecé a dirigir su preparación y decidí que entrara en el grupo Iceberg a través del psicólogo Joxean Arruza. En ese grupo también pude entrenar a Tania Elósegui, subcampeona del mundo, a Iñaki Alustiza, a Jesús Mari Arruti, que estaba en el circuito europeo... Todos los golfistas de aquí se preparaban conmigo. Naroa decidió estudiar y se fue a Barcelona. Acabó la carrera y, aunque a sus 22 años era un poco mayorcita para empezar en una disciplina como la pértiga, le dije que probara por lo menos una temporada. Pasó de saltar 3,90 a 4,40 en ese primer año. Era ya la mejor de España y finalista del campeonato de Europa. Pasó a ser profesional con contratos publicitarios y todo cambió. Además, con la fortuna de que le contrataran para la serie 'Goenkale' de ETB. Pudo compartir durante doce años la faceta de actriz con la del entrenamiento por las tardes. Al año siguiente fue finalista del campeonato del Mundo y al siguiente brilló en los Juegos Olímpicos. Todo vino rodado.

- Le contagió el virus de la pértiga y todo salió bien.

- Yo era el pertiguista y ella, la talento. Me gusta mucho esta modalidad, pero no poseía tanto talento. Siempre me decían que si hubiera sido más rápido, me habría convertido en una estrella. Tenía cabeza de pertiguista, pero el cuerpo no le seguía. Naroa es al revés: un portento físico, capaz de hacerlo todo.

- ¿La vio deprimida al no poder a cudir a los Juegos de Río?

- No. Se lesionó e hizo todo lo que pudo. Se quedó a cuatro centímetros, hubo listones que se cayeron en Pamplona o en Rusia. Hizo varias pruebas que no le salieron bien y no se podía hacer más. Disfrutamos mucho de los Juegos por la televisión, llamando a uno y otro y felicitándoles por teléfono. Fue otra experiencia más, además de la de la costumbre de estar dentro y verlo ahora desde fuera.

- ¿Se compagina bien ser entrenador y además marido?

- Naroa es una persona muy sencilla, no tiene complicaciones. Con Naroa resulta casi imposible no resolver un problema. Llegas a casa con un asunto y enseguida está solucionado porque es muy buena gente. De hecho, la primera vez en veintitrés años que hemos tenido algún pequeño problema como pareja ha sido en estos últimos dos años, en los que yo me he ido un poquito de su lado. Hago mi carrera profesional al margen de ella y a lo mejor no nos vemos tanto. Antes estábamos siempre juntos e iba todo de maravilla. Al distanciarnos por motivos profesionales, ha habido alguna tirantez. No sé si hemos creado una dependencia que no era buena o una relación insana o hay que reinventarse, no lo sé... Me llevo de maravilla con ella. Es mi mejor amiga, sin duda.

- ¿Proyecto deportivo inmediato con ella?

- Lo que ella quiera. Para mí, todo lo que haga bien hecho estará. Ella y Txema Olazabal son dos personas que me han dado todo. Les debo todo. Son dos leyendas, cada uno en su deporte y todo lo que hagan a partir de ahora será ampliar esa leyenda.

- ¿Se recicla usted?

- A veces me he sentido como muy atrevido. Me llama el ciclista Roberto Heras porque quiere entrenarse conmigo. Acaba de ganar la Vuelta a España y en piensas que dónde me estoy metiendo... Acudo a mi círculo de confianza, consulto y terminas en ello, es inevitable. Viene Naroa a decirte que quiere salir contigo y también es inevitable. Ella tenía 15 años y yo, 24. Tengo que ir a donde sus padres a decirles que lo que les iba a contar les iba a parecer mal, lo mismo que a mí: 'Salgo con vuestra hija, ya sé que está mal, pero no he podido dejarla'. Al final, lo inevitable es inevitable y cuando Txema Olazabal quiere que le entrenes, pues le entrenas. A veces le he dicho que no soy la persona indicada y que con las posibilidades que tiene podía buscar al mejor preparador del mundo... Pero te dice que quiere que seas su entrenador. ¿Y qué vas a hacer? Pues encantado. Así con muchos más.

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