Diario Vasco

behobia - san sebastián

Una Behobia - San Sebastián con cuestas... pero sin obstáculos

Joxeba Altuna, con una discapacidad intelectual, y Juan Mari Rosas, 76 años, dos historias de la Behobia.
Joxeba Altuna, con una discapacidad intelectual, y Juan Mari Rosas, 76 años, dos historias de la Behobia. / JM LÓPEZ
  • Joxeba Altuna y Juan Mari Rosas no entienden de limitaciones y demuestran que la Behobia - San Sebastián es una fiesta para todos

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Cuatro o cinco días a la semana, un saludable hábito se repite en casa de Juan Mari Rosas. Madruga, se viste y sale de su portal en Amara a eso de las 7.00 horas. No va a trabajar; él ya está jubilado, pero acude fielmente a cumplir con su tarea: correr durante doce kilómetros. Cuando no lo hace, el remordimiento invade sus pensamientos. Corre en ayunas. Los sábados, además, siempre con el mismo amigo, Luis Mari Aldezabal, desde hace 30 años. Juan Mari tiene 76 años. Participa desde 1998 y mañana intentará bajar nuevamente de las dos horas en la Behobia...

A pocos kilómetros de San Sebastián, en Orio, la alarma también suena pronto en casa de Joxeba Altuna. Se despierta a las 7.00 y Xabier, su hermano pequeño, le acerca en coche hasta el taller de Gureak en Zarautz. A las 8.08 suena el timbre que da inicio al turno de trabajo de los operarios. Joxeba come en la empresa, continúa con su cometido en la línea, sale a las 17.15 y coge el tren que le lleva de vuelta a casa. Se cambia, espanta a la maldita pereza y... ¡a correr! El joven de 26 años lo hace durante cerca de una hora de lunes a viernes. Mañana, a las 10.33, la desgana seguro que no hace acto de presencia cuando llegue su turno en su séptima Behobia.

Son dos de las cerca de 30.000 historias que invadirán el asfalto mañana. Sin duda, Juan Mari y Joxeba hacen bueno el lema que la Behobia presenta esta edición: «Mugak hautsiz, bidea egin (Superando barreras, haz camino)». A pesar de tratarse de una carrera en la que las cuestas -primero Gaintzurizketa y después el Alto de Miracruz- marquen la diferencia, ellos demuestran que los obstáculos no existen si la voluntad manda. Juan Mari, con 76 años, y Joxeba, con una discapacidad intelectual que no le impide afrontar el día a día con ilusión y hacer felices a los que le rodean, no quieren ni oír hablar de un muro infranqueable. Sus preparadas piernas y sus ganas de correr año tras año la Behobia pueden con cualquier obstáculo que se presente.

«Como el Tour»

«El ambiente que vive el corredor de la Behobia es como el que disfruta el ciclista que escala una montaña en el Tour de Francia. Recibir el aliento del público compensa todo el esfuerzo que hay que hacer para llegar», destaca Juan Mari. Con 70 años, el donostiarra fue capaz de alcanzar la meta en 1h46. Corre desde hace cerca de 40 años, «sin haber sufrido ninguna lesión grave».

Aunque no lo haga durante más de cien kilómetros -o incluso 200- como los ciclistas en las etapas del Tour, el donostiarra sí suele alcanzar los 60 semanales, «unos 3.000 anuales» y bromea con las veces que habría podido dar la vuelta al mundo corriendo. «Ese será el próximo reto». Antes, en 2006, ya cumplió dos desafíos que tenía para el momento de su jubilación. «Tenía dos retos. El primero lo cumplí en mayo, cuando hice el Camino de Santiago andando y de una tirada. 28 días nos costó. El otro llegó en noviembre. Participé en la Maratón de Nueva York», explica con gran satisfacción.

Para Joxeba «el ambiente también es especial. El momento más bonito llega en San Sebastián. Los niños y niñas no dejan de chocarte la mano y eso me hace muchísima ilusión. Además, como en el dorsal está mi nombre, gritan: ¡Aupa Joxeba! Y eso te da ánimos», relata. Además, el oriotarra confiesa que en la salida se suele poner «nervioso», aunque mañana quizás un poco menos, ya que contará con la compañía de su amigo Gorka Imaz en carrera. «La primera vez que participé se me hizo duro. Me siento muy a gusto cuando corro, cansado físicamente pero descansado mentalmente al mismo tiempo», apunta. Su marca es de 1h34 y si el tiempo lo respeta, el reto está en rondar o mejorar ese registro.

Correr la Behobia es «un hobby», del mismo modo que lo es ir a ver a la Real a Anoeta siempre que no tenga partido del equipo cadete femenino del Orio. «Soy el segundo entrenador», explica Joxeba. «Estoy con el equipo durante el partido y dos entrenamientos a la semana». Además, juega campeonatos de pala y ayuda a los remeros de Orio. En definitiva, ¡no para quieto!

Recuerdos de la carrera

Tanto Juan Mari como Joxeba guardan las camisetas, dorsales y medallas de todas las ediciones en las que han participado. «Las camisetas las suelo usar para entrenar», indica el más joven de los dos mientras muestra la azul de esta edición. «Me gusta; me parece muy bonita». También le encanta enfrentarse a las cuestas, aunque reconoce que «Miracruz, que llega cuando ya estás cansado, es muy duro. Pero en el circuito que hago para entrenar también las hay. Llego entrenado». La Behobia sigue y seguirá siendo un sano vicio para él, para ellos. «Empecé porque quería probar y ahora solo pienso en correr más años».

El que no es un vicio tan sano es el que tenía Juan Mari cuando trabajaba de comercial. «Viajaba mucho. Me fumaba medio paquete al día; era lo habitual, pero la muerte de mi padre me marcó y lo dejé. Cambié de vicio y ahora puedo decir que lo más importante que hago a lo largo del día es correr. Lo seguiré haciendo hasta que las rodillas me lo permitan», destaca.

Mañana sus historias se mezclaran con las de muchos otros. El lunes, a eso de las 7.00, los dos volverán a madrugar. Juan Mari saldrá a correr y Joxeba irá al taller de Gureak con ganas de acabar la jornada laboral para poder calzarse las zapatillas de deporte y, claro, salir a correr. Porque es lo que les gusta y lo que les hará marcharse a la cama con una sonrisa en la cara.

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