http://static.diariovasco.com/www/menu/img/25-aniversario-juegos-olimpicos-barcelona-1992-desktop.jpg

La medalla más emotiva es de mujer

Miriam Blasco, en el podio tras conseguir la medalla de oro. / ABC

Miriam Blasco perdió a su entrenador un mes y medio antes de convertirse en la primera campeona olímpica española

Amador Gómez
AMADOR GÓMEZMadrid

La medalla más emotiva del deporte español en Barcelona'92, salpicada de melancolía y lágrimas, fue la de Miriam Blasco. La judoca vallisoletana fue la primera mujer española que ganó un metal en unos Juegos de verano. Fue además, el más preciado, el de oro, forjado por una deportista que un mes y medio antes de la cita olímpica perdió a su entrenador, Sergio Cardell, fallecido en un accidente de moto que precisamente Miriam Blasco había comprado a su entonces marido, Alfredo. Tan doloroso golpe, del que ella se sentía culpable, no sólo no impidió que Miriam Blasco participase en los Juegos de Barcelona, sino que la empujó a la conquista del primer escalón, porque su mayor deseo era rendir el mejor homenaje posible a un técnico con el que había formado un tándem destinado a la gloria.

Más información

«Saqué fuerzas de donde no las tenía. Quería dedicarle el triunfo, porque fue él quien creyó más en mí que yo misma. Yo estaba convencida de que no podría conseguirlo sin él», reconoce Miriam Blasco, cuya imagen en lo más alto del podio, llorando con un ramo en su mano derecha elevada al cielo, es una de las escenas inolvidables de aquellos Juegos. «Su objetivo es ganar la medalla de oro», se podía leer sobre Miriam Blanco antes de la muerte de su técnico en el voluminoso archivador con anillas elaborado por el Comité Olímpico Español (COE) sobre todos los deportistas del país que iban a participar en Barcelona'92.

Miriam Blasco ya había sido campeona de Europa y del mundo en la categoría de menos de 56 kilos en 1991 y su reto era una triple corona inédita entonces en la historia del deporte femenino español. «Para mí fue el momento más importante de mi carrera deportiva, marcado por la tristeza de que no estaba Sergio ahí compartiendo ese momento, pero seguramente por eso tuve más fuerza para conseguir el oro», insiste la judoca afincada en Alicante. Al día siguiente de que Miriam Blasco inaugurase el medallero femenino, otra judoca, la desconocida valenciana Almudena Muñoz, conseguiría también el oro (en menos de 52 kilos) en el mejor torneo de su vida tras superar una grave lesión de rodilla.

Un doblete dorado para el judo fue un auténtica sorpresa incluso para el más optimista de los expertos en este deporte. Sin embargo, sí se esperaba algo grande de Miriam Blasco, a quien avalaban sus resultados previos y el pionero dúo que había formado junto al malogrado Sergio Cardell, que en aquella época ya empezaba con el trabajo con vídeos de competiciones y de rivales y a quien la futura campeona olímpica, pese a la amistad que mantenía con su entrenador, profesaba un enorme respeto. «Fue una pena que Sergio no estuviera ahí para compartirlo», rememora Miriam, que para hacerse eterna en el Palau Blaugrana tuvo que afrontar «un día muy duro», con el recuerdo de su preparador siempre en mente, derribando barreras psicológicas y físicas contra una adversaria coreana, otra japonesa y otra cubana antes de enfrentarse y derrotar también en la final, en un combate de máxima tensión que se hizo interminable, a la británica Nicola Fairbrother. El mayor secreto, conocido 25 años después, lo ha desvelado recientemente Miriam, al confesar que mantiene una relación sentimental con Fairbrother desde hace 22 y que se casó con ella hace uno y medio.

Al sentirse ya campeona Miriam Blasco cayó de espaldas al suelo y se derrumbó entre lágrimas, pero rápidamente se recuperó y se lanzó hacia la grada a abrazar a su marido Alfredo, que la llevó a hombros hasta su padre. Después se fundió en otro emocionante abrazo con la viuda de su entrenador. Fue entonces cuando la propia Miriam comenzó a gritar el nombre de su técnico y la afición también coreó el nombre de Sergio. «Quería ganar, sobre todo para que él no muriera en mi corazón. Sergio va a vivir siempre. Va a estar siempre dentro de mí», proclamó tras su hito. La tragedia marcó esa medalla mezcla de alegría y pena, y cuando rememora aquel momento, que le cuesta recordar, Miriam sigue sintiendo mucha tristeza.

Decidió retirarse a mediados de los 90 y también padeció, como muchos otros héroes olímpicos, la llamada depresión post-medalla, porque le resultó «muy difícil» plantearse otros objetivos después de tantísimos años entrenando. Nada menos que veinte de práctica de judo, aunque llegó tarde a la alta competición y se presentó en los Juegos con 28. Tras la despedida del deporte de élite dio el salto a la política y fue senadora del Partido Popular en Alicante -no rompió la disciplina y votó en contra del matrimonio homosexual- y vocal de la Comisión de la Mujer en el COE, entre otros cargos. Ahora ha dado otro giro a su vida, ya que se dedica al voluntariado y a dar charlas alrededor del mundo.

Fotos

Vídeos