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Una máquina de oro contra el reloj

José Manuel Moreno, tras completar la carrera. / Archivo

José Manuel Moreno, que quiere competir en Tokio 2020, inauguró, con récord olímpico, el medallero español en Barcelona'92

Amador Gómez
AMADOR GÓMEZMadrid

La primera medalla de España en los Juegos de Barcelona'92, que sería de oro, llegó a contrarreloj, dos días después de la inauguración. «No quisiéramos lanzar las campanas al vuelo, pero en estos instantes el competir en la especialidad de kilómetro salida parada, con el actual campeón del mundo chiclarero José Manuel Moreno Periñán, nos permite opinar con cierto optimismo», rezaba hace 25 años la revista oficial del Comité Olímpico Español (COE). En ese especial de los Juegos editado en julio de 1992 se recordaba que los tiempos del ciclista gaditano en las pruebas de velocidad «son marcas que solamente están al alcance de atletas privilegiados».

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José Manuel Moreno llegaba a la cita de Barcelona como campeón mundial en el kilómetro contrarreloj, título que había ganado un año antes en Stuttgart (Alemania), imponiéndose al gran favorito, Jens Glucklich, que corría en casa. Y no sólo logró el más preciado metal en Barcelona'92, sino que lo hizo con un nuevo récord olímpico (1:03.342). Llevado a hombros por su padre y sus compañeros al grito de «¡Torero, torero!», su vuelta de honor a la pista, con una bandera española y catalana en cada mano, fue la imagen culminante de su conquista.

La vida de este 'pistard' hijo de emigrante nacido en Ámsterdam (Holanda) dio un giro tras proclamarse campeón olímpico, pero tras retirarse del deporte de alto nivel, en el año 2000, lamenta que aquellos que presumían junto a él en la foto y le garantizaban trabajo le dejasen «tirado». Él, tras un año sabático en el que no se privó de lo que no había podido comer durante su carrera -llegó a pesar 108 kilos-, tuvo una empresa de gestión de servicios deportivos. También trabajó en el mundo inmobiliario antes de ser embajador de los centros deportivos Go Fit y desde hace casi un año director de expansión de otra empresa (Aossa). Ha sufrido cinco conmociones cerebrales y tres roturas de clavícula, aparte de romperse un hombro y las dos muñecas. Como consecuencia de sus intensivos entrenamientos ha padecido también dos hernias inguinales y tendinitis en el talón de Aquiles y la rodilla. Tiene el cuerpo lleno de clavos y cicatrices, pero ello no le impidió volver a correr en bicicleta, en 2010, picado por su hijo, con quien ahora se ha apostado incluso que estará en los Juegos de 2020, cuando tendrá 51 años. «Voy a competir en Tokio. Me veo preparado», asegura.

Sólo un mes antes de los Juegos de Barcelona, mientras se entrenaba en carretera, fue golpeado por un coche, con el resultado de múltiples heridas y contusiones, pero apuró al máximo la preparación olímpica que llevó a cabo durante veinte meses. El día de la ceremonia inaugural, mientras la gran mayoría de los deportistas españoles desfilaba en Montjuic, él se ejercitaba en el velódromo de Horta. Junto a su exigente técnico, Alexander Nizhegorodtsev, a quien se le conocía por el apodo de 'Ruso', que pulió una máquina de oro contra el reloj y que incluso le echaba la culpa de que se resfriase. «La disciplina (en el velódromo de Chiclana de la Frontera y en las carreteras de Cádiz) era tal, que una vez que tuve dos días de permiso para ir a casa desde Mallorca, donde estábamos concentrados, Alexander me obligó a llevar la bici para entrenar», recuerda.

Voló en la final del kilómetro contrarreloj (a una media de 56,834 km/h), espoleado por una afición que, con el crédito que le concedían sus tiempos anteriores, le consideraba máximo candidato al título, aunque él asegura: «Sólo en los últimos 250 metros oí algo el murmullo de la gente». Después de marcar el sexto mejor crono en la primera vuelta (250 metros), a mitad de recorrido el 'Ratón' ya era líder, puesto que, con el público en pie, ya no abandonó hasta cruzar la meta, para culminar una espectacular remontada. «Sólo pensaba en apretar. Al ver el tiempo me di cuenta de que era récord olímpico. Fue lo más grande de mi carrera deportiva y el momento más emocionante de mi vida, y también de la de mi padre, a quien quité diez años de encima», proclama el corredor que no sólo abrió el medallero del deporte español en Barcelona, sino también el del ciclismo en unos Juegos Olímpicos. Cada 27 de julio celebra su oro con una barbacoa para sus amigos en Chiclana, donde reside desde los nueve años.

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