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Fermín Cacho, de la siesta al oro

Fermín Cacho./R.C.
Fermín Cacho. / R.C.

El atleta soriano, tras una recta final apoteósica, ganó en los 1.500 la medalla más impactante de las 22 que conquistó España

PEDRO GABILONDOSan Sebastián

Durmió a pierna suelta. Fue una siesta de más de dos horas. Alguien preguntó: «¿Dónde está Fermín? No se le pasará la hora de la final». A algún federativo le parecía inconcebible que estuviera en su habitación durmiendo como un niño antes de la carrera más importante de su vida. Pero sus más cercanos sabían que el mozo de Ágreda era así.

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Fermín Cacho llegó con tiempo de sobra al estadio olímpico de Montjuic. Subió a la grada para para echar un vistazo y le dijo a su entrenador: «Voy a ser campeón olímpico». Calentó como siempre. Se puso la camiseta azulgrana -esta vez no podía llamarse 'la roja' porque el azul dominaba- con el dorsal capicúa 404. Se calzó unas zapatillas nuevas, como hacía siempre en las finales. Tranquilo en la cámara de llamadas, miró a sus rivales, entre los que el argelino Morceli era el auténtico líder. «Ningún problema, todos tienen dos piernas como yo», debió pensar.

Sorprendentemente, España no había tenido ningún atleta en 1.500 metros en los anterior Juegos, en Seúl en 1988, después del bronce de José Manuel Abascal en Los Ángeles 1984 y la plata de José Luis González en el Mundial de Roma de 1987. En Barcelona no podía repetirse. Participaban tres buenos mediofondistas: Cacho, González y Pancorbo.

Cacho había ganado sin problemas la primera ronda. En la semifinal fue segundo tras el catarí Suleiman, en la más rápida de unos Juegos Olímpicos, con 3:34.77. Y así llegó la gran cita del día 8 de agosto. En la tribuna de prensa comentábamos que Fermín Cacho podría lograr un bronce; los más optimistas pensaban incluso en la plata. Pero el oro tenía un dueño incuestionable, Noureddine Morceli, que el año anterior había ganado los títulos mundiales 'indoor' (Sevilla) y al aire libre (Tokio), aunque poco antes de Barcelona padeció una lesión y sufrió dos derrotas en los mítines de Roma y Oslo. Cacho respetaba mucho a Morceli, pero se repetía que no iba a volver a pasar lo del año anterior en el Mundial de Tokio, donde su estrategia no fue buena y sólo pudo ser quinto. «En Barcelona tengo que correr de otra forma», declaró en vísperas de los Juegos.

¿Merece la pena contar la carrera vista mil veces? Sólo recordaremos que Cacho salió pegado al bordillo, en la zona de la calle uno, y sorprendió a todos colándose desde esa misma zona del interior a falta de 200 metros justo cuando el alemán Herold pareció desafiar al africano Chesire para rematar en una recta final apoteósica. «Que va a ganar, que va a ganar», repetíamos los periodistas puestos en pie en la tribuna de prensa. Y ganó.

Fue una carrera muy lenta. Para los estadísticos: el keniata Chesire pasó los 400 metros en 1:02.25 y los 800 metros en 2:06.83, más lentos que las chicas en su final. Pero la última vuelta resultó explosiva, Cacho marcó 50.4 y corrió el tramo de los 200 a los 100 metros finales en 12.1, una barbaridad.

Fermín Cacho era ya un héroe a sus 23 años tras lograr seguramente la medalla más impactante de las 22 que obtuvo España. Un chaval soriano, espontáneo, que se trababa en sus declaraciones, pero que era todo verdad. Un campeón superado por el protocolo que no sabía si debía dar la mano a los Reyes o hacer una reverencia cuando subió a saludarles a la tribuna, a pesar de que Ágreda -«la villa de las tres culturas»- sabe mucho de bodas reales. Pero eso es historia y Cacho es agredeño de hoy y ahora, aunque ahora mudado a tierras andaluzas.

Oro olímpico y mucho más

Se equivocan quienes piensen que Cacho es Barcelona y nada más. Su enorme calidad se refleja en un palmarés formidable, porque cuatro años después logró la medalla de plata en los Juegos de Atlanta de 1996, detrás precisamente de un Morceli que pareció enrabietado tras su derrota en Montjuic y que había sumado tres récords mundiales y cuarenta carreras sin perder. Cacho fue campeón de Europa en Helsinki (1994), dos veces plata en los Mundiales de Stuttgart (1993) y Atenas (1997). y dejó para la posteridad una marca de 1.500 metros de 3:28.95 lograda en Zúrich, que este mes cumple 20 años. Un crono formidable que ha sido mucho tiempo récord de Europa y que sigue siendo la mejor de un atleta nacido en el Viejo Continente, porque el record se lo arrebató en 2013 el británico-somalí Mo Farah.

Ahora, a sus 48 años, Fermín Cacho es un hombre feliz en Andújar, rodeado de sus mujeres, su esposa, que es de la ciudad jienense, y su cuatro hijas. Hizo sus pinitos en política en el PSOE de Andújar, pero su actividad se centra en la agricultura.

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