'Bi txirula', el relato de un camino, inauguró Zinemira

Iker Hazas y Jon Elizalde protagonizan el filme dirigido por Iñigo García Agirrezabalaga.

Dos flautas. Dos truchas. Dos amigos Iñigo García Agirrezabalaga y Jose Luis Barredo. 35 mm. Entre Canfranc y Bedua

BEGOÑA DEL TESO

De la mano de Berde produkzioak, los responsables vizcainos de 'Jai Alai Blues', otro pedazo de celuloide que en 2015 triunfó en esta misma sección dedicada al cine vasco.

Dirigida por un arquitecto de Zumaia que toca el trombón y ha visto como alguno de sus cortos, 'Andarika', era seleccionado en 2008 por el FANT, festival fantástico de Bilbao. Otros títulos suyos son 'Errusia' y un documental sobre Big Boy, ese sexteto zumaiarra cuyo rock experimental todos definen como 'conceptual, alternativo y valiente'.

Iñigo García no solo ha ejercido de director: escribió el guión, colaboró en la búsqueda de localizaciónes, se encargó de la producción, preparó las tortillas que devoraría el equipo técnico y artístico y pasó mil horas en la sala de montaje.

En compañía de José Luis Barredo. Amigo y cómplice. También director de fotografía. Han codirigido '4', 'Berde' y algunas historias más. Barredo se ha curtido en unos cuantos documentales. Incluido el 'Cuidadores' de Oskar Tejedor.

'Bi txirula' surge de unas cuantas conversaciones de barra de bar. Y del deseo de Iñigo de pasar de los treinta minutos que duraba 'Big Boy dokumentala' al metraje largo, a esos 85 minutos que dura 'Bi txirula'. Y porque fueron charlas tabernarias la película está repleta de fastuosos cambalaches. Los dos protagonistas son amigos del director: Iker Hazas toca el bombardino en Big Boy y Jon Elizalde dio clases de trombón a Iñigo mientras Kandido Uranga, que interpreta a Francisco, el hombre de la barca es, entre otras cosas, su vecino. Josu González es el sonidista que en postproducción se encargó de recuperar todos los sonidos de la Naturaleza atrapados por Jon Garcia y Maider Blázquez en directo. Falta una protagonista: Amaia Goikoetxea.

'Bi txirula' hace que toda su fuerza fílmica descanse en la idea y el misterio de un camino. De un camino no sabemos hacia dónde. De las conversaciones entre los dos protagonistas entresacamos que habrá una frontera. Una frontera que puede ser segura o no. Una frontera que puede llevar (o no) a un mundo más feliz. Aunque Iker, que tiene más de Sancho que de Quijote, le comente a Jon ( él toca esas dos flautas y caza conejos con pistola) que también allá, también en cualquier parte, los perros y los hombres suelen andar descalzos.

'Bi txirula' está encuadrada con suma perfección. Ahí echan el resto Iñigo y José Luis. No, no es una película 'postal'. Son lienzos magníficos con el color muy reforzado, con la luz muy trabajada. Una Naturaleza que a veces brilla (los baños de barro al sol) y otras se enfría ( melancólicas escenas en los trenes olvidados de una estación abandonada, Canfranc).

No existe la prisa en este filme. Ni la tienen sus personajes. Por mucho que Iker nos deje intuir con alguna frase que ya para cuando nos hayamos comido las dos truchas que Jon es capaz de atrapar con la mano, las casas que dejamos atrás habrán sido destruidas. ¿Por quién? Ni idea. Encontraremos a un soldado y nos hablará de un tanque robado y unos enemigos inciertos pero ¿qué más da? Esa no es la historia de 'Bi txirula'.

La belleza, tan buscada, del paisaje se contrapone a lo absurd o de muchos de los diálogos. Que quizás no lo sean tanto. Tal vez sean los lógicos si hablas de aquel amigo al que cortejaban todas las muchachas de Japón. Si se oye lo que dices cuando estás arreglando una barca para...

'Bi txirula' resulta hipnótica para ese espectador que sabe que va a compañar a Jon e Iker aun camino hecho en 35 milímetros que durará 85 minutos. Inauguró ayer Zinemira.

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