La pianista que prefería ser ciega a perder su talento

La directora de la película, Barbara Albert, posa en el 'photocall' de la terraza del Kursaal. / LOBO ALTUNA

'Licht', de Barbara Albert, se adentra en la vida de la austriaca Maria Theresa Paradis

DANI SORIAZU

La directora y productora austriaca Barbara Albert es otra de esas viejas conocidas del Zinemaldia. Compitió en el festival con la película 'Love Me Not' en 2012. Y cinco años después regresa a la Sección Oficial con 'Licht', un filme basado en la novela 'Mesmerized' y en la que se nos traslada a la Viena de 1777 para contarnos la historia real de Maria Theresa Paradis. Una prodigiosa pianista ciega que, durante un breve periodo de tiempo, recuperó la vista gracias a un tratamiento al que es sometida por parte del doctor Franz Anton Mesmer cuando tenía 18 años. Y, precisamente, cuando empieza a conocer los colores, las formas y los detalles de la vida real, es cuando empieza a perder su apreciado virtuosismo musical y se replantea si curar su ceguera es algo que merece la pena, ante su deseo de destacar como pianista y la presión social y familiar de la época por mantener un determinado estatus.

«Me interesó mucho la historia de esta mujer. Que incluso tiene una calle con su nombre en Viena. Pero pocos la conocen», explicó Albert durante la rueda de prensa que tuvo lugar ayer en el Kursaal. No obstante reconoció que lo que más le interesaba de Paradis era plantear la cuestión de cuál es el valor de las personas en la sociedad. «Es la época de la iluminación, de la razón, de lo empírico. Pero con el racionalismo no puedes explicar el valor de una persona. Y aun así Maria Theresa prefiere seguir sin poder ver, seguir tocando el piano y ser juzgada por el público por ello», apuntó la guionista del filme, Kathrin Resetarits.

Paradis perdió la visión cuando tenía tres años, «seguramente a raíz de algún suceso traumático, aunque no quisimos llevar la película por ese camino», reconoció Albert, que prefirió centrarse en la etapa en la que la artista fue tratada en la clínica del polémico doctor Mesmer. «Él escribió sobre sus investigaciones y resultados sobre Maria Theresa. Y al igual que ella, él también quería destacar, hacerse un nombre entre la comunidad científica». Y según relató, existen periódicos de la época en los que el padre de Paradis mostraba su orgullo por el talento de su hija, la cual además recibía una pensión por parte de la emperatriz. Un orgullo que fue desapareciendo cuando su hija perdió facultades interpretativas a medida que recuperaba la visión.

Dar vida a una invidente

El peso interpretativo de la película recae sobre la actriz Maria Dragus, quien da vida a Paradis. Un papel para el que tuvo que emplearse a fondo para poder dar el máximo realismo al rol de una persona que no puede ver. «Es una mujer que no tiene control sobre su cuerpo, porque no sabe qué aspecto tiene», explicó. «La directora me pedía que moviera los ojos de un cierto modo. Y al principio llegué a pensar que podría llegar a ser ridículo. Pero estuve trabajando con dos mujeres ciegas, vi cómo movían sus cuerpos, sus ojos. Y me fié al 100% de lo que me decía Barbara», señala Dragus, quien aseguró que hacer el papel de Paradis «fue una experiencia increíble» y para el que tuvo dos años de tiempo para preparar e investigar.

Para llevar a la gran pantalla la vida de Paradis el equipo de la película llevó a cabo una importante labor de investigación, no sólo sobre la figura de la pianista, también de la época, para aplicar, por ejemplo, a los diálogos. «En aquella época utilizaban frases muy largas, mezclaban en sus diálogos frases en francés o latín y al dirigirse a alguien lo hacían relatando todos sus títulos», señaló la directora, quien alabó a la guionista por haber conseguido introducir un diálogo «moderno y creíble» sin faltar a la veracidad de la época. Asimismo aplaudió la importante labor de los equipos de vestuario y maquillaje, cuyo peso en la cinta es innegable, «con un resultado muy positivo», añadió.

El actor Lukas Miko, por su parte, destacó que «cada periodo tiene sus propias reglas, pero que aquel era muy familiar porque el estatus social estaba muy definido a como sucede hoy día». También estuvieron presentes en rueda de prensa los interpretes Maresi Riegner, Katja Kolm, y el productor del filme Michael Kitzberger.

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