Los perros del capitán

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Le semeur de Marine Francen ha resultado ser, según el jurado de la sección Nuevos Directores, el mejor de los 16 presentados. Por tanto, ha recibido el gran premio Kutxabank (50.000 euros). No estoy de acuerdo pero eso no tiene ya ninguna importancia. No estoy de acuerdo porque Marine es incapaz de dotar de volumen emocional, de texturas inquietantes, de carga sexual, de misterio hondo la historia de esas mujeres sin hombre porque los suyos han huido o han sido cazados por la represión de Luis Napoleón Bonaparte (estamos en Francia, 1852). Solas, exhaustas y también sintiéndose responsables , mucho, de su función como hembras reproductoras, creadoras de vida, deciden que el primer hombre que llegue a sus campos será de todas, para todas y para todo…

Podría haber sido magnífica. Podría habernos hecho olvidar la idiotez de Sofia Coppola en La seducción pero no. Marine no deja respirar a su película, no libera la historia. ¿Por qué? Tal vez porque ha visto demasiadas veces La cinta blanca. Pero la Francen no es aquel Haneke turbio y turbador que tanto amamos.

Gracias sean dadas a los dioses porque ese jurado equivocado mencionara especialmente en su acta a Matar a Jesús de Laura Mora, que recibió, igualmente, el Premio Eroski de la Juventud. Había motivo para concedérselo: es rabiosa, está furiosa, habla de muerte, amor, venganza, soledad. Vibra por las calles de Medellín. Grita, llora, petardea, odia, ama, dispara.

No está nada mal que Los perros de Marcela Said se haya hecho con el galardón de Horizontes latinos. Desde su Chile tiene las agallas de preguntarse y preguntarnos a todos qué hacíamos cuando otros, (el gobierno, los paramilitares, los comandos, los salvadores) torturaban, hacían desaparecer a su enemigos, mataban y sojuzgaban a hombres, mujeres y países. Seca, árida, indómita, oscura, es una película que te raspa alma y ojos.

Que The Captain es una grandísima película, desde que empieza con ese plano potentísimo hasta que acaba con unos títulos de crédito turbulentos, lo sabemos todos. Que tiene ritmo, suspense y tensión lo sentimos en las terminaciones del sistema nervioso. Que aunque sea un filme centrado en la postguerra de la II Mundial mira muy de frente a nuestro hoy es lo que nos hace estremecernos aun más. Que cinematográficamente resulta inconmensurable lo certifica su Premio a la Mejor Fotografía.

Algunas otras menciones desparramadas por los distintos palmarés reivindican películas que dejaron impronta entre todas las secciones: The Charmer, Pailalim… Pero lo más maravilloso es la reivindicación que ciertos jurados han hecho de esa jueza terrible , poco convencional, insumisa y destroyer que es Anne Gruwez. El documental tan satírico y tan veraz que la retrata ha sido una de las grandes valentías de este Zinemaldia 2017: Ni juge, ni soumise.

Buena parte de lo que se ha visto en la 65 está ya en nuestras pantallas comerciales. ¡A por ellas!

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